El Heraldo
Expandillero de ‘los Antipáticos’ observa a través de la reja de una cancha de Villa Katanga, en Soledad. César Bolívar
Judicial

Violencia, drogas y fiestas: más allá de las riñas entre pandillas

Desde 2014 no se ha realizado un estudio oficial en Barranquilla que identifique el número de pandillas activas. Expertos hablan sobre el fenómeno y su evolución.

La mujer de caminar pausado se hizo a un costado de la vía, sin dejar de sostener la vela. Entre las más de 400 personas que participaron de la marcha nocturna ‘Antorchas por la Vida y la Paz’, del barrio El Bosque, suroccidente de Barranquilla, transitaba con una cautela evidente, como expuesta al ataque de un extraño entre la multitud.

El fogaje de las ceras derritiéndose y las consignas de los marchantes: “¡no más muerte!”, “¡sí a la vida, sí a la paz!”, avivaron los ánimos aquella noche del 27 de octubre. Un llamado a la comunidad para que cesaran los actos vandálicos que dejaron una ola de asesinatos a adolescentes por riñas entre pandillas del suroccidente. 

Un problema en el que jóvenes y niños vulnerables terminan involucrados en actividades delictivas, como el asalto a transeúntes, el microtráfico de estupefacientes y la extorsión, además de enfrentarse eventualmente con grupos de otros barrios.

En 2012, un estudio realizado por la Universidad del Atlántico y la Universidad del Norte, auspiciado por la Alcaldía, identificó 109 pandillas activas en Barranquilla y la participación de 2.600 jóvenes en estas. En 2014, una caracterización realizada por el Sistema de Información Unificado (SIU) del Fondo de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alcaldía registró 1.124 jóvenes en 110 grupos repartidos en cuatro localidades: Metropolitana con 60 grupos, seguida de Suroccidente con 22, Suroriente con 19 y Riomar con 9. No obstante, hoy el número de pandillas activas puede ser mucho mayor porque desde entonces no ha habido una nueva caracterización oficial y la actual administración trabaja en el nuevo sondeo.

“Ojo que más abajo van a quedar sin bolsos”, advertía un niño de sonrisa hinchada a unas marchantes de El Bosque, en la puerta de una casa. Las mujeres cruzaron miradas cómplices y agarraron sus carteras con reserva. El recorrido fue un suceso sin precedentes en el barrio, donde actualmente hay 12 pandillas identificadas. Empezó a las seis de la tarde, desde el Hospital Bosque Caminos de María hasta la cárcel distrital. Tenían programado bajar por la calle 9L, pero un escuadrón de la Policía Metropolitana, que blindó el evento, recomendó “cambiar la ruta” debido a enfrentamientos entre los integrantes de las pandillas ‘los PVC’ y ‘los Adolescentes’.

El promedio de edad de los integrantes de estos grupos en la ciudad, según el SIU de la Alcaldía, es de 19 años. En la localidad metropolitana y suroccidente registró una media de edad de 18, en la de suroriente de 17 y en la localidad Riomar de 19. De acuerdo con el estudio, en el 90 por ciento de los casos están conformadas por hombres y su área de influencia son las zonas urbanas, pertenecientes a estratos socioeconómicos 1, 2 y 3.

“Nos levantamos temprano, a las seis de la mañana, a meter marihuana y a salir a joder. Al mediodía nos sentamos en el puente a joder; si pasa alguno que tiene problemas, lo jodemos. Si estamos asfixiaos pal’ tabaco o la bolsa, atracamos ‘frentiao’. El que diga algo, ahí fue”, explica en una esquina de El Bosque un integrante de la pandilla ‘los Suicidas’, que se identifica como ‘el Dante’. Descamisado, con cuatro cicatrices de puñal y peñones en su piel morena, y con la mirada ida, probablemente aún bajo los efectos de alguna droga.

‘El Dante’ dice que ahora hay más pandillas que en años anteriores. Grupos más pequeños, pero con igual influencia. “Pecuecas (personas con mala reputación)”, enfatiza el joven de 23 años, que van “pa’ las que sea”.

Contraste de registros

Al consultar las cifras que maneja la Policía sobre la cantidad de pandillas identificadas, EL HERALDO evidenció diferencias con la información suministrada por el Fondo de Seguridad. Mientras que el SIU señalaba que en la ciudad y su área metropolitana había 109 grupos en 2012 y 110 en 2014, la Policía registró 91 y 74 grupos para esos años, respectivamente. Además, desde entonces la institución maneja la misma cifra (74) para 2015 y 2016.

Al cuestionarle al Fondo de Seguridad por qué la información no coincide, siendo este un tema que se trata en conjunto por ambas instituciones, manifestó que desconocen “el por qué las cifras respecto al número de pandillas no coincide puesto que la Policía Nacional posee sus propias fuentes de información”.

“Un equipo interdisciplinario de más de 40 personas pertenecientes a la Alcaldía, la Fundación Proceder Siglo XXI, la Universidad del Atlántico y la Universidad del Norte, realizó durante cuatro meses (agosto- noviembre de 2012) una intervención psicosocial y un estudio integral de las pandillas existentes (…) bajo el sustento de ésta es que podemos dar respuesta a sus interrogantes”, contestó la institución.

Ahora ‘El Dante’ da un vistazo a la esquina, dos jóvenes pasan fumando un tabaco de marihuana y observan al pandillero. Desliza los dedos de su mano derecha por la boca, en señal de antojo. Comenta que ya no puede “dar más visaje”, que se tiene que ir y reitera que en el barrio ahora hay más ‘parches’ con “pelaos pecuecas”. Antes de partir pide “pa’ la gaseosa” que no va a comprar.

Una mujer observa la marcha detrás de la reja de su casa.

La pandilla

Iván Valencia Martínez, docente e Investigador de la Universidad del Atlántico, manifiesta que la categoría de ‘combo’ o ‘parches’ no es propia de la realidad cotidiana o idiosincrasia de los jóvenes en el Caribe colombiano.

“Primero fue la barra, y luego emerge un tipo de organización más amplia, con una estructura jerárquica de mando y poder denominada pandilla”, explica vía telefónica. 

El investigador argumenta que desde la década del 60 la prensa registró la existencia de pandillas en la ciudad de Barranquilla, a través del Diario del Caribe. Su accionar entonces ya inquietaba a los habitantes dada las prácticas de alteración pública y afectación de la seguridad barrial.

En 1992, Valencia Martínez participó de una investigación nacional en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, auspiciada por el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP en adelante) y con el acompañamiento de la Universidad Nacional y Grupos de Investigación Interdisciplinar.  Fue uno de los tres docentes de la Universidad del Atlántico que lideraron el trabajo de georreferenciación de los jóvenes como actores de violencia y paz, su nivel de organización, accionar y las circunstancias que daban origen a este tipo de grupos.  

Para entonces se registró la existencia de pandillas con aproximadamente 30 integrantes por grupo, 10 menos del promedio actual, y con un accionar violento en determinados barrios de invasión y no invasión del sur de la ciudad. Las causas que han dado origen a la pandilla en Barranquilla –explica– son “variadas” y van desde la inflexibilidad curricular vigente en algunas instituciones escolares, hasta el origen familiar y otras de muy reciente creación, como las asociadas al microtráfico.

En 2012 retomó el trabajo de georreferenciación y caracterización de las pandillas en Barranquilla, gracias a la investigación de las universidades, que evidenció el crecimiento geométrico en organizaciones y números de integrantes, encontrándose un origen de la pandilla en el barrio, otro asociado a la reproducción en el tiempo por vínculos familiares y, finalmente, la que emerge en circunstancias asociadas al tráfico de drogas.

“Si bien la pandilla se consolida en los barrios del sur de la ciudad de Barranquilla, es un error conceptual afirmar que se debe a la precaria situación económica y a la existencia de familias disfuncionales”, advierte el investigador.

Los homicidios

En una banca del parque Virgencita de El Bosque, en la esquina de la carrera 8 con calle 76, al lado de la cárcel, un joven integrante de una pandilla dice que su grupo ya no quiere pelear más porque decidieron que “eso no trae nada bueno”. Comenta mirando el suelo del parque, rodeado de algunos amigos, mientras un grupo de niños juegan en la cancha de fútbol.

Viene de prestar el servicio militar, tiene un hijo y dice que luego de los cuatro homicidios que dejaron los enfrentamientos entre pandillas del suroccidente de Barranquilla, a finales de octubre de este año, “la situación es delicada” en el sector. 

“Prácticamente desde la muertes de Kevin (Batlle) y estos pelaos (Bella Celín, Eduardo Bolaño y un menor de edad) se han subido más las riñas porque están creciendo más las bandas. Con tantas muertes no queremos salir y la Policía si nos ve, nos corretea y nos levantan a palo”, explica el joven, quien prefiere no identificarse ni nombrar el parche o pandilla de la que hace parte.

La violencia homicida asociada al conflicto entre integrantes de pandillas en Barranquilla, arroja, de acuerdo con cifras del Fondo de Seguridad y la Policía Metropolitana, un total de 43 casos entre 2013 al 27 de octubre de 2016. Once de las víctimas fueron menores de edad, informan.

Un familiar de Eduardo Bolaño Rebolledo, 20 años, asesinado el pasado 14 de octubre en el barrio El Valle por integrantes de la pandilla ‘Los PVC’, afirma que su sobrino hacía año y medio dejó de pertenecer a la pandilla ‘Los Adolescentes’, estaba dedicado a su trabajo como obrero y “quería dejar atrás todo eso”. 

Conversa cerca a la clínica de El Bosque, pero advierte que no quiere que su nombre sea revelado.

“Él ya no tenía problemas con nadie, pero parece que su pasado en la pandilla no lo dejó”, comenta.

El homicidio se registró a las 7:15 de la mañana, luego de que cuatro integrantes de ‘Los PVC’ lo bajaran de la buseta en la que se transportaba y lo agredieran a palo y puñal. Lo atacaron en venganza porque el 13 de octubre, durante una riña entre las dos pandillas en el barrio Villate, resultaron heridos con arma blanca dos pandilleros de ‘Los PVC’.

“Creo que muchos no lo hacen por sí solos, consumen vicio y esta hace que actúen de esa manera”, comenta un residente del barrio Las Malvinas, de 74 años, quien prefiere reserva de su identidad.

La conducta

Para el sociólogo, Rogelio Hernández López; docente de la facultad de Ciencias Humanas y de Sociología de la Universidad del Atlántico, muchos son los casos, las conductas y las prácticas delictivas de los jóvenes, que terminan moviéndose en una ambivalencia, en el sentido de que, “además de victimarios, resultan ser víctimas o marionetas de ese torbellino que viene a ser la compleja realidad en la cual están inmersos”.

Sin embargo -advierte- algunos homicidios no son producto de simples banalidades pasionales juveniles o de un simple traspaso de fronteras invisibles, sino que son motivadas por la “intromisión en territorios dedicados al mercadeo y la comercialización de drogas psicoactivas”. Allí los jóvenes encomendados, puntualiza, hacen las veces de obreros cuya paga termina siendo parcialmente “en especie”, con droga.

La política pública

Las autoridades en Barranquilla han implementado programas dirigidos a prevenir la delincuencia en adolescentes, como ‘Jóvenes a lo bien’ por parte de la Policía y ‘Va jugando’ de la Alcaldía. También han puesto en marcha medidas restrictivas, como la prohibición de verbenas y/o bailes de picó, todo con el objetivo de evitar las confrontaciones y los considerados espacios de conflicto. Sin embargo, hasta hoy es palpable el hecho de que más de estas agrupaciones siguen surgiendo y también continúan los homicidios. 

El programa distrital de atención a jóvenes en conflictividad ‘Va Jugando’ sigue vigente, ahora bajo el nombre ‘Barranquilla Convive- Futbol con Valores’ y dentro del Plan de Desarrollo 2016-2019 del Distrito.  Su accionar responde a la necesidad de adelantar acciones para prevenir la convergencia de factores que precipiten eventos delictivos y violentos, los cuales impactan en la percepción de seguridad, involucrando a la sociedad civil como actor fundamental en mantenimiento de la convivencia.

Según el Fondo, durante 2016, a través de las estrategias de Atención a la Conflictividad, se han atendido en 11 barrios Gardenias, Villas de San Pablo, Villas de la Cordialidad, La Playa, Bosque, Rebolo, La Luz, Santo Domingo de Guzmán, Santa María, Sierrita y San Luis, para una población total de 1.237 jóvenes, priorizados por hechos de conflictividad juvenil.

El Distrito dice que ha atendido, además, a 5.300 estudiantes de 32 instituciones educativas distritales (IED) para la prevención de la violencia escolar, el control de elementos por parte de la Policía de Infancia y adolescencia, delitos informáticos y el consumo de estupefacientes.

De igual forma, la Policía afirma que el desarrollo del programa “Jóvenes a lo bien” ha reflejado una mejora continua, especialmente 2013 y 2014, teniendo en cuenta que se aprobaron recursos económicos para que creación de 9 unidades productivas, donde los participantes recibieron capacitación por entidades educativas, como el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, impactando a 388 jóvenes.

Los programas se han desarrollado desde el primer diagnóstico realizado en el 2012; se desarrollan coordinadamente entre la Alcaldía Distrital y la Policía Nacional, pero son liderados de manera independiente por cada una de las instituciones.

Buscan capacitar a jóvenes como ‘El Dante’, que cuando no están en una esquina consumiendo vicio, están recogiendo basura en un carro de mula o pendientes del próximo atraco o riña que se genere bajo la lluvia.

Estrategia

El Distrito, a través del Fondo de Seguridad y Convivencia, graduó el pasado 30 de noviembre a 150 jóvenes de varias localidades en experiencias creativas denominadas “Diseñadores de Sueños”, en el marco de acciones de prevención social de conflictividad  juvenil.

Los jóvenes participaron en la creación del escudo de su propia campaña, que busca brindarles nuevas alternativas de vida y alejarlos de los riesgos de la calle, la droga y el pandillismo.

Este primer grupo provienen de los barrios El Bosque, La Luz, Rebolo, Villas de San Pablo, Villas de la Cordialidad y de Las Gardenias. “Nos dimos a la tarea de ir a sus localidades, a sus barrios, el fútbol fue una excusa para acercarnos a ellos”, dijo el director del Fondo de Seguridad, Yesid Turbay.

“Las ‘nochadas’ son el gancho para reclutar menores e inducirlos al mundo de las drogas”

De acuerdo con un estudio del expersonero de Barranquilla, el abogado penalista Arturo García Medrano, el problema de las pandillas ha ido mutando en los últimos años, a través de las denominadas ‘nochadas’: fiestas nocturnas en las que jóvenes y niños pueden consumir licor, drogas y estar expuestos a sexo promiscuo.

El origen de estos eventos –explica– data por lo menos 8 años atrás. Según la investigación, que contiene el testimonio de uno de los organizadores, todo inició como parte de un “negocio de rebusque”, en el que dos personas prestaron un equipo de sonido y alquilaron un patio para hacer una fiesta y cobrarle la entrada a niños y jóvenes interesados. Al principio –dice– era mimetizado como fiestas de cumpleaños y cobraban $1.000 a las mujeres y $2.000 a los hombres. 

Hoy todavía se realizan por cumpleaños y las mujeres no suelen pagar la entrada. Pero en principio son la mutación de las antes llamadas ‘chiquitecas’. En 2010 cambiaron su nombre a ‘tardeadas’ y hace unos cuatro años al de ‘nochadas’. Debido a la proliferación de estos eventos, en 2013 la Alcaldía de Barranquilla decretó una Hora Calabaza, medida que restringía la salida de menores a la calle después de 11 de la noche, pero se levantó a principios de 2014.

“Han venido creciendo a pasos agigantados. Entre Barranquilla y Soledad, a través de redes sociales, se detectan seis eventos los días sábado. Cuando es domingo y festivo los lugares pueden ser cambiados”, señala el expersonero frente a su computador, en una oficina de la sala de redacción de EL HERALDO.

El informe indica que en el municipio de Soledad se pueden realizar alrededor de 8 y 10 ‘nochadas’ un sábado. En Barranquilla se da indistintamente en barrios como El Bosque, las Nieves, La Esmeralda, Evaristo Surdis, Las Nieves, Las Malvinas y 7 de Abril, además del municipio de Galapa. Suelen realizarse en casas desocupadas, cuya parte externa se presta para la distribución de droga de hombres a bordo de motos sin placa, bicicletas o a pie. Los jóvenes son citados principalmente por redes sociales y páginas de web dedicadas al anuncio de eventos, como allevents.in. En los anuncios, las viviendas utilizadas son denominadas a veces ‘Casa Porno’, se informa de la repartición de condones y el uso de cuartos para tener relaciones sexuales. Por lo general se advierte que con la primera pelea en el lugar se termina el evento y se concretan puntos estratégicos, como centros comerciales y parques, para recoger al personal en motos o carros.

“Es el gancho para reclutar nuevos menores e inducirlos al mundo de las drogas y la delincuencia”, enfatiza García Medrano. “Se crea una relación personal con los jóvenes. Es el paso inicial para tomar dos vías: una pandilla o ser absorbidos por un grupo delincuencial”.

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