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Tres años, dos explosiones, un solo dolor

Después de 36 meses, testigos de atentados del Eln contra la Estación de Policía San José y el CAI Soledad 2000 recordaron esos agónicos momentos.

Hay quienes dicen que al pasar cerca de la Estación de Policía San José sienten un escalofrío que les hace recordar la tragedia. Fue en un parque aledaño a ese lugar, que era el punto de encuentro de cientos de policías, donde un artefacto explosivo acabó con la vida de seis uniformados y puso en  jaque la tranquilidad de Barranquilla y el orgullo de la institución.

Los recuerdos siguen frescos, como si en vez de tres años hubieran pasado solo días. La fuerte detonación ocurrida a las seis de la mañana de aquel 27 de enero de 2018 aún desprende el alma y el corazón de los sobrevivientes y testigos del despiadado ataque ejecutado por la guerrilla del Eln.

Muchas historias por contar, lágrimas por derramar y un sinfín de emociones a flor de piel plasmaron en sus testimonios los habitantes de los alrededores de esa instalación policial, quienes describieron con exactitud cómo el infierno subió a la tierra por unos minutos.

Nefasta realidad

Con el estallido todo se volvió un caos, vecinos como Nora De la Cruz se despertaron sintiéndose en medio de una guerra. “El nietecito mío también se despertó y me dijo –mami, creo que son los policías que están haciendo disparos–. Yo le dije, no, no es eso. Cuando abrí la puerta, les pregunté a las personas qué pasó y me dijeron que había sido una bomba que explotó en la estación”, rememoró la mujer.

De la Cruz llegó hasta el lugar a pesar de que la zona quedó totalmente nublada y algunos residentes le advirtieron que era peligrosa; sin embargo, la mujer se acercó un poco más y retrató en su memoria una escena que normalmente se ve en las películas bélicas. “Vi a los policías con los brazos y las piernas incompletas. Los cascos volaron hacia el campo y los uniformes los tenían rasgados”, recordó De la Cruz, a quien se le pudo notar en la voz la angustia y el temor a pesar de que han pasado tres años.    

Atestiguando el dolor

Apenas Zuleima Del Valle escuchó el fuerte estruendo y se recuperó de la conmoción del impacto, corrió hasta el campo y vio la dantesca escena. “Uno de los muchachos tenía una pierna quebrada y pedía ayuda. Él fue uno de los fallecidos”, relató Zuleima, quien hace varios años levantó una tienda frente a la estación.

Desde otro ángulo, David Ponce, un taxista que se encontraba limpiando y haciéndole mantenimiento a su vehículo para salir a trabajar, fue espectador del drama. “Salía el humo y se veían cascos y chalecos tirados por todas partes. Llegaron las camionetas y subieron a los heridos para llevárselos. Luego arribó la ambulancia y siguieron sacando gente, como más de 30 heridos”, explicó Ponce.

Operativo contrarreloj

Mientras Nora, Zuleima y David reaccionaban ante tal impacto, en otro extremo de la calle Adolfo Bernal empezó a auxiliar a quienes podía. En su afán vio llegar más y más policías que intentaron despejar la zona y capturaron a uno de los presuntos responsables de la barbarie. “Unos uniformados salieron corriendo hacia la carrera 21 porque les estaban indicando que las personas que habían colocado el explosivo corrieron a esa dirección”, aseveró Adolfo.

Recordó que a medida que iban saliendo los hombres malheridos, los investigadores de la Policía pusieron en marcha el operativo contrarreloj, el cual en un par de minutos arrojó resultados. Los testigos, la prensa y todo el país conocieron el rostro de uno de los presuntos culpables de atentar contra la vida de los uniformados. “Recuerdo la cara del hombre detenido. Ni siquiera opuso resistencia y hasta se iba riendo”, concluyó Bernal.

De los más de 30 uniformados que resultaron heridos en el atentado en la Estación San José, estos seis perdieron la vida.
Consecuencias

Luego de la captura de Cristián Camilo Bellón, quien según la Fiscalía fue el encargado de poner las cargas explosivas, la atención se enfocó en los policías que quedaron gravemente heridos y fueron trasladados a distintos centros asistenciales de la ciudad. Los paramédicos y médicos agotaron todos los recursos necesarios para ayudarlos, pero infortunadamente fallecieron seis uniformados: Anderson Cano Arteta, Yossimar Márquez Navarro, Freddy López Gutiérrez, Freddys Echeverría Orozco, Yamith Rada Muñoz y Willy Rhenals Martínez. Las víctimas mortales fueron quienes se encontraban más cerca del sitio en el que los guerrilleros instalaron los paquetes explosivos.

Continuó la angustia

Esa noche, un gran número de barranquilleros se acercó a las afueras de la estación y con lágrimas, flores y cantos de ánimo le manifestaron al grupo subversivo que la ciudad no se iba a doblegar y que la vida y la esperanza iban a ganar la batalla. Pero al llegar la madrugada sucedió un segundo golpe.  

El Eln lo hizo de nuevo

Ese aroma húmedo de las horas antes del amanecer pronto perdería su esencia, pues una densa nube negra se alzó desatando la segunda tormenta. Comenzó con un estallido, así como el rayo más fuerte. Ya había pasado casi un día del ataque en San José y no hizo falta preguntarse qué había sucedido.

En segundos, llovieron vidrios, esquirlas y escombros. Una potente carga explosiva destruyó el CAI Soledad 2000 poco antes del alba del 28 de enero.

Cuando el humo se disipó fue más fácil dimensionar la nueva tragedia. Cinco policías y dos civiles quedaron en estado irreflexivo. Un timbre intenso taladró sus oídos mientras que sus pulmones se llenaron del polvo que había levantado la explosión.

El odio de los terroristas no cobró vidas esta vez, pero causó considerables daños en la humanidad de estas siete personas y derivó en el objetivo principal del Eln, causar terror.  Además, el CAI quedó casi en las ruinas, unas diez casas y un colegio aledaño también resultaron afectados. 

El golpe de la criminalidad acabó con el CAI Soledad 2000. Ahora no hay ni sombra de la instalación policial. Archivo
Víctimas inocentes

Los intendentes Sergio Alexander Solano Rueda y Fabián Alejandro Henao, así como los patrulleros Wilfrido Monterrosa Martínez, Víctor Hugo Villa Orozco y Bryan Javier Redondo fueron los funcionarios que cayeron en el asedio de los atacantes. Luis Alfonso Flórez Arboleda y José Barraza fueron las otras dos víctimas.

Algunos relatos sobre los hechos sostienen que desde un taxi cuatro individuos siguieron a rajatabla las directrices de volar el CAI y hacerlo arder, mientras que otros aseguran que la bomba fue instalada previamente.

Julio Viloria, quien tiene una venta de fritos a unos 15 metros de donde fue el atentado, sostuvo que experiencias como esta solo las había visto en los noticieros de la noche. “Estaba cerrando el local cuando ocurrió la explosión. Eso fue un momento terrible, pero gracias a Dios fue a las cuatro de la mañana y no había tanta gente por aquí”, dijo el hombre.

Viloria quedó herido y su negocio sufrió daños. “Resulté afectado del oído y tengo una petición en reparación de víctimas. En realidad, no supe qué hacer porque no sabía qué era lo que estaba pasando, solo vi la humareda y tiniebla por todas partes. En el negocio impactaron varias esquirlas del artefacto y también sobre mi moto”, explicó el hombre agregando que recuerda el momento en que los uniformados heridos salieron corriendo de entre los escombros.

Loreinis Gómez es una habitante del sector que nunca olvidará este atentado. “Mi esposo trabajaba de mototaxista y él acababa de entrar a la casa. A la media hora de habernos acostado escuchamos el estruendo. Sentí que caían vidrios y me levanté muy asustada, en ese tiempo tenía tres meses de embarazo. No podíamos ver nada porque todo estaba nublado. Mi papá, mi hermano y mi esposo salieron corriendo mientras gritaron: volaron el CAI”, explicó Gómez.

“De centinela estaba un amigo de nosotros, quien iba a ser el padrino de mi bebé. Con todo lo de San José pensé que él había corrido con la misma suerte. La gente empezó a gritar que había otra bomba y yo me aturdí tanto que me desmayé, luego me desperté y supe que él estaba bien, me calmé. A los dos días me tocó una cita médica, era la primera ecografía que me harían. Con ese examen se dieron cuenta de que tenía al bebé desprendido y sin signos vitales. Por la impresión perdí a mi bebé”, lamentó Loreinis.

En primera persona

Brayan Urueña, uno de los policías que estaba recibiendo el turno en aquella mañana y que resultó herido, dijo que sobrevivió al atentado de milagro. “Decir cómo fue el momento de la explosión es algo inexplicable, es algo que pasa en segundos. En el momento uno no siente nada, sino como si te apagaran la luz”, recordó Urueña.

“Una de las primeras cosas que hice fue tocarme y mirarme debido a que me topé con la imagen de un compañero muerto y que estaba desmembrado”. 

El patrullero Brayan Urueña resultó herido en las piernas, en los pies, hombros, manos y le salió sangre por un oído. Sin embargo, tenía su cuerpo completo. “Quedé con pérdida auditiva, me hicieron un trasplante de tímpano, ya que me lo rompió”, dijo Brayan, quien hoy día ya no pertenece a la Policía Nacional y aún espera una reparación o la pensión para poder tener el sustento de su hogar.

Lo demolieron

El 24 de mayo de 2018 demolieron lo que quedó de la debilitada estructura del CAI. Las autoridades aseguraron a la comunidad en ese entonces que el Comando de Atención Inmediata sería construido en otro sector. Hoy los vecinos sostienen que la inseguridad en la zona es alarmante y que la situación no era la misma antes del atentado.

A pesar de la tragedia, con el tiempo brotó lo mejor de los atlanticenses. La solidaridad y resiliencia fueron más fuertes que el terror y el pánico que se vivieron.

Tres años y no hay condena

Instantes después del golpe, Cristian Camilo Bellón fue capturado en el lugar del atentado en el barrio San José. Le hallaron un radio de comunicaciones e información de la Policía en un cuaderno. Nilson Mier Vargas y Dalila Duarte fueron detenidos por ser la pareja que habría hospedado a los dos hombres del Eln. Jefferson Torres Mina es otro de los implicados, quien todavía es buscado por la Interpol al encontrarse prófugo.

Ahora, los tres capturados se encuentran presos en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar, de Combita (Boyacá) y El Buen Pastor, de Barranquilla, respectivamente, por ser los presuntos ejecutores del atentado a la Estación San José. Estas cuatro personas conformarían parte de una célula urbana del Eln y habrían actuado como autores materiales de la bomba.

Por otro lado, como “personas ausentes” fueron relacionados cinco líderes de esta guerrilla en el mismo proceso judicial. Se trata de Eliécer Chamorro Acosta, alias Antonio García; Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino; Israel Ramírez Pineda, alias Pablo Beltrán; Gustavo Aníbal Giraldo, alias Pablito; y Rafael Sierra Granados, quienes son procesados por el atentado.

Luego de muchas audiencias suspendidas y aplazadas se notificó que el 15 de diciembre del 2020 se retomaría el caso, pero sobre esa cita la Fiscalía no informó avances.

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