El Heraldo
Peritos del CTI de la Fiscalía retiraron el cadáver en una zona enmontada ubicada en el Corredor Portuario. Jeisson Gutiérrez
Judicial

¿Qué hay detrás de las muertes en el Corredor Portuario?

Al menos seis cuerpos han sido hallados, con signos de tortura, flotando en los caños de este sector y abandonados en sus inmediaciones. Fiscalía dice que serían “ajustes de cuentas” entre organizaciones criminales.

“Todavía tengo el olor en mi nariz”, dice Marisela, vecina del barrio Villanueva de Barranquilla, al recordar la fétida emanación del cadáver de un hombre en estado de descomposición que fue hallado a comienzos de este mes de septiembre flotando en el caño de la Auyama, que está ubicado en el sector y colinda con el Corredor Portuario.

El cuerpo sin vida de esa persona, aún sin identificar, fue sacado del agua por peritos de la Sijín de la Policía Metropolitana y el procedimiento fue visto por la mujer y por otros habitantes de la zona que saltaron de sus casas al notar la presencia de los agentes vestidos con overoles blancos antifluidos. 

“Uno suele ver el tráfico de vehículos livianos y de cargas que toman esta carretera, al personal que se dirige a las empresas, pero ahora la aparición de muertos intranquiliza. Ese muerto tenía heridas, como si lo hubiesen acuchillado o golpeado”, contó la mujer a esta casa editorial. 

Desde hace cuatro meses se han vuelto recurrentes las noticias de los hallazgos de cuerpos sin vida en distintos tramos del Corredor Portuario, pero en similares circunstancias como el de Villanueva. Esto mantiene en alerta a las autoridades policiales sobre la delicada situación en la localidad Norte-Centro Histórico. 

Y es que la disputa entre bandas por el control de sustancias alucinógenas son algunas de las líneas investigativas que siguen las autoridades sobre la seguidilla de casos. Asociando, además, que en la zona tiene injerencia la estructura criminal ‘los Costeños’, señalados de descuartizamientos, desapariciones forzadas, atentados e innumerables casos de extorsiones a comerciantes y ‘vacunas’ a expendedores de drogas.

Los casos

Han transcurrido seis días desde el último hallazgo. Se trataba de Luis Ángel Gómez Conrado, de 23 años, un mecánico que flotaba a las orillas del río Magdalena, en cercanías del barrio El Ferry. 

La noticia se regó como pólvora en el barrio y redes sociales, pues se trataba de un hombre que estaba desaparecido desde el 14 de septiembre, cuando salió del barrio Las Nieves para encontrarse con amigos. 

El cadáver presentaba heridas en el pecho y mano izquierda, además de golpes en otras partes del cuerpo.

En la mañana del sábado 10 de septiembre, en la carrera 41 entre calles 6 y 7 del barrio Villanueva, residentes observaron el cuerpo de un hombre flotando en el caño de la Auyama. La víctima no identificada, vestía una bermuda estampada y una camisa de color verde, tez blanca y contextura gruesa.

El 10 de agosto, miembros de la Fiscalía realizaron la inspección y levantamiento de un cadáver que estaba en una zona de difícil acceso, cercana al puente del Ladrillo, sector del Corredor Portuario. La comunidad olfateó el fuerte olor a descompuesto. Los agentes observaron que el cuerpo estaba atado y con heridas en el pecho.

Dos días antes (8 de agosto), moradores de la zona dieron aviso a las autoridades de la presencia de una osamenta que prácticamente fue lapidada y la cual se encontraba en una zona enmontada ubicada en la carrera 30 con calle 4, sector Terminalito, en Barranquilla. Este era Yoimer de Jesús Gastelbondo Julio, quien, según sus allegados, salió de costumbre de su vivienda a “rebuscarse como reciclador”, y luego perdieron el rastro hasta ser informados que había sido asesinado. 

Por otro lado, César Alfredo Bolaños Salgado, vigilante de un puerto del sector de Barranquillita, falleció al caer en extrañas circunstancias al río Magdalena. Familiares informaron que aquel 26 de junio, el hombre de 48 años, desapareció cuando cumplía su jornada laboral. Los hechos no fueron claros e incluso estos plantearon que su muerte no fue accidental. 

En otro caso, el 22 de junio, pescadores y habitantes del sector Bocas de Ceniza, en el barrio Las Flores, hallaron en avanzado estado de descomposición el cuerpo sin vida de un hombre en la ribera del río Magdalena. La identidad del fallecido tampoco fue establecida por las autoridades; moradores de la zona habrían indicado que la persona tenía una herida en el rostro, que solo llevaba una camisa, y manillas en sus muñecas.

Aún con temor, los residentes de sectores aledaños tienen prohibido hablar sobre el decomiso de droga, las capturas de presuntos delincuentes, o cualquier otro tema relacionado con bandas criminales. La “ley del silencio” impera y el hermetismo es protagonista. 

“Los que habitamos en estos barrios sabemos lo que ocurre,  conocemos los temas que no pueden tocarse y “hablar sobre eso, es ponerse un arma en la cabeza”, dijo un morador que estaba a la orilla del conocido caño de la Auyama. 

Antigua época

La reciente ola criminal que ha experimentado la capital del Atlántico viene de la época del paramilitarismo, cuando miembros de estos grupos armados asesinaban a sus objetivos que se oponían a sus pretensiones y, para eliminar los rastros, eran lanzados a las corrientes y sitios de difícil acceso. 

Arturo García Medrano, abogado penalista y experto en seguridad, destacó que los hallazgos en Barranquilla obedecerían a una “vieja práctica de asesinato”, para esforzar, el control total del “exitoso dominio” de la zona. 

“Es un nuevo estilo de asesinatos. Se ha vuelto común el que aparezcan cuerpos en el río Magdalena, más que todo en la Vía 40 por los sectores de la zona industrial. Todos guardan relación, pero nunca se llegan a

conocer las identidades de los mismos o no aparecen en el sistema criminal de la ciudad”. 

Para García, los cuadros estadísticos evidencian el crecimiento de los crímenes, los cuales quedan  como “hechos por establecer”. El caso reciente, se desenlaza en un tema de violencia urbana en zonas del Ferry.

Orillas del río Magdalena, en cercanías del barrio El Ferry, de Barranquilla. Cortesía
Ajustes de cuentas

Precisamente ante esas circunstancias, el director de la Fiscalía Seccional del Atlántico, Justino Hernández, señaló que los asesinatos en esa franja de la ciudad corresponderían a “ajustes de cuentas” entre organizaciones delincuenciales. 

“Los homicidios que se están presentando en los caños nos lleva a situaciones que van marcadas al narcotráfico, microtráfico, porque son estructuras locales que operan en la zona. Puntos como el Corredor Portuario es estratégico para las bandas”.

Al tiempo, destacó que un grupo de fiscales especializados analizan cada uno de los casos ocurridos en los últimos meses. Y detalló que en lo corrido del año, la entidad ha realizado operaciones sistemáticas “golpeando  diferentes estructura criminales”.

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