El Heraldo

Adaptación a la formación virtual, una tarea de todas las instituciones.

Actualmente los cambios en la modalidad de estudio de las instituciones de educación superior han representado retos que se deben superar para evitar la deserción durante la cuarentena.

En lo que va del año los hábitos y costumbres cambiaron por causa del Coronavirus, obligando a buena parte de la población a quedarse en casa. La tecnología pasó de ser un confort para convertirse en un aliado estratégico a través de la virtualidad que llegó de manera inesperada y abrupta al ámbito laboral y educativo.

 Las instituciones de educación superior adaptaron convirtieran su modalidad de estudio de presencial a virtual fue complejo.

Liliana Naranjo, rectora regional de Uniminuto señala que desde su fundación hace 26 años la institución ha estado permanentemente fortaleciendo sus programas para poder lograr una versatilidad y flexibilidad en su oferta, por lo tanto, actualmente ofrecen programas virtuales, esto ha hecho que durante mucho tiempo Uniminuto desde el punto de vista tecnológico, ofrezca formación de sus docentes, tratando de tener un proceso de seguimiento al estudiante para que este pueda responder a los cambios en los que hoy se encuentran.

“Cuando comenzó esta situación y nos dimos cuenta de que había que hacer un cambio y toda esa presencialidad poder llevarla a la casa, el confinamiento fue muy rápido y de acuerdo a la experiencia que teníamos y al soporte tecnológico nos pudimos adaptar. No perdimos un día de clase”, segura Naranjo. Y agrega “lo que definitivamente hicimos fue apoyarnos en toda la estructura que ya teníamos de aulas virtuales, de medios de comunicación y de tecnología que permitieran el trabajo independiente del estudiante, pero a la vez, fuimos llevando esa presencialidad al trabajo sincrónico es decir al mismo tiempo estudiante con el profesor”.

En el caso de instituciones como Uniminuto, el 98% de sus estudiantes son estratos uno, dos y tres, muchos de ellos trabajan y estudian al tiempo y pueden hacerlo sin problema gracias a los programas y horarios flexibles. Para estos estudiantes muchas veces la posibilidad de acceder a internet, e incluso a un computador, “al encontrarnos con esta situación comenzamos una labor para dotar a los estudiantes de computador, a la fecha se han hecho más de mil donaciones en todo el país en lo que corresponde a la sede Caribe son 200 computadores donados a personas que se encontraban en esta situación. Y adicionalmente les hemos proporcionado una tarjeta de conexión que les va a permitir tener internet hasta diciembre de este año sin ningún problema”, apuntó Naranjo.

Para Farid Alejandro Carmona, pedagogo y psicólogo, doctor en ciencias de la educación, no es responsabilidad exclusiva de las instituciones el garantizar la calidad en la educación a través de medio virtuales, “la institución puede proveer una plataforma adecuada, con capacidad para el número de estudiantes, pero en los entornos a donde viven los estudiantes carecen de aspectos como: conectividad, e incluso puede existir pero el servicio no es bueno porque es muy lento, no lleva la señal, o se cae.

También vamos a encontrar situaciones en los cuales el problema de los estudiantes es que no hay fluido eléctrico, o carecen de equipos, o no tienen planes de datos. Esto solo para mencionar lo más común”, explica Carmona.

Para el docente no se trata de si las instituciones están o no preparadas para seguir ofreciendo una educación virtual de calidad, también se trata de que el Estado lo esté y a partir de eso, fortalecer la parte de formación a docentes, su preparación, el aporte de los equipos adecuados para poder cumplir con la labor y lógicamente, las adecuaciones y actualización en los Proyectos Educativos Institucionales.

Otro reto gran para las instituciones es el acompañamiento, además de la parte económica y recursos materiales, hay un trasfondo emocional ante la crisis. “Nuestra misionalidad tiene un trasfondo religioso, esto nos llevó a que la parte espiritual tuviese una fortaleza desde el punto de vista virtual, hoy tenemos fortalecidos el seguimiento psicológico, espirituales para que el estudiante pudiese tener ese canal inmediato cuando se encontrara ante una crisis y hemos dado mucho apoyo”, anota Liliana Naranjo, rectora regional de Uniminuto.

A evitar la deserción.

En el país, son alrededor de 11 millones de jóvenes que no tienen clases presenciales a causa de la pandemia y según el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Pontificia Universidad Javeriana, el 96 % de los municipios de Colombia no cuentan con herramientas para poder implementar lecciones virtuales.

Uno de los retos a los que se vienen enfrentando las Instituciones de Educación Superior (IES) del país debido a la crisis por la propagación de la COVID-19 es evitar una masiva deserción de sus estudiantes.

Según un informe del Observatorio de Educación de la Universidad del Norte, la deserción universitaria en los departamentos de la Región Caribe durante los últimos años ha oscilado entre el 9% y 11%, siendo superior al promedio a nivel nacional. En el 2018, el departamento más afectado con la deserción universitaria fue Bolívar, con una tasa de 9,5%, seguido de La Guajira (9,1%), Sucre (8,9%), Cesar (8,8%) y Atlántico (8,6%).

Tan solo los departamentos de Magdalena (7,4%) y Córdoba (6,5%) estuvieron por debajo del promedio nacional, que fue calculado en 7,9%.

Esta situación ha prendido las alarmas entre las autoridades del sector educativo y las directivas de los claustros universitarios, debido a las afectaciones a la productividad y el desarrollo de la región.

Para Jorge Valencia, coordinador del Observatorio de Educación de Uninorte, el principal factor que lleva a la deserción de los estudiantes es la falta de recursos. “En la medida que las familias vean comprometidos sus ingresos, una de las decisiones que deberán tomar están relacionadas con posponer temporalmente el ingreso de sus hijos a la educación superior”, dijo.

Valencia también expresó que un porcentaje de estudiantes –que no ha sido cuantificado no pueden acceder a los procesos de transformación, lo que puede incidir en el incremento en el porcentaje de deserción.

Sostuvo, además, que esta situación podría tener un efecto negativo a mediano y largo plazo en la conformación de la fuerza de trabajo en la región.

Por último, indicó que, si bien las universidades y el Gobierno nacional se han planteado acciones para que los estudiantes continúen sus procesos de formación, es necesario que el trabajo sea mancomunado para promover el acceso y permanencia de los estudiantes.

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