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La casa es en la mayoría de los casos el lugar donde los niños conocen sus primeras lecturas. Leer en familia siempre traerá beneficios.
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Educación

Estimular la lectura en niños y adultos, una libertad en el encierro

La “lectura obligatoria” es un contrasentido, decía Jorge Luis Borges. Por esto, es preferible que los niños escojan lo que deseen leer. Clubes de lectura, otra opción.

El primero de Los 10 derechos del lector, según el escritor y docente francés Daniel Pennac, es “el derecho a no leer”, al que le siguen otros iguales de importantes y en apariencia obvios: el derecho “a saltarnos las páginas”, “a no terminar un libro”, “a releer”, “a leer cualquier cosa”, “a hojear”, etcétera. 

En la lectura no existen mandamientos rigurosos que cumplir. De hecho, en su acepción más amplia, leer no es la acción de hilar mecánicamente palabras y oraciones en una lengua, pues también se lee una imagen, un audio, una superficie. Leer siempre estuvo ligado a comprender, percibir y sentir, y no a hacer por hacer. Por eso para el escritor argentino Jorge Luis Borges, decir “lectura obligatoria” entraña un contrasentido. Leer es un placer que ocurre dentro y fuera del lector. 

La escritora y filóloga Nora Carbonell Muñoz, que cuenta más de 16 años de experiencia impartiendo talleres literarios con población infantil, juvenil y adulta, dice que “la lectura potencia la imaginación, permite el desarrollo del pensamiento cognitivo e interactivo”. En tiempos en que guardar el confinamiento es necesario y en que múltiples actividades están restringidas, Carbonell dice que en el acto de leer es importante el libre albedrío.

En el caso de los niños, propone “que escojan la que deseen, no forzarlos, sino despertarles su curiosidad, ponerles retos que se sientan impulsados a seguir”. Uno de ellos es organizar espacios de lectura con un nombre “atractivo y lúdico”, para que los niños comenten lo que leen. Para ello es vital “escoger libros que respondan a los intereses y habilidades de los estudiantes”, como el cuento La máscara de la muerte roja, de Edgar Allan Poe, en el que se habla “de un castillo donde entra una peste; sería una lectura interesante y motivadora en este momento”. Dicho cuento está disponible en varios sitios de internet. “Hay que recurrir a las plataformas tecnológicas y redes sociales, que van a resultar aliados en este propósito de fomentar la lectura”, añade la escritora.

“Otra idea es utilizar la literatura como un trampolín para poner a los estudiantes en contacto con la historia, con otras manifestaciones culturales, con la poesía. La lectura por placer, y la lectura literaria es fundamental para esto, despierta en ellos la imaginación y los motiva, pero se trata de una lectura por libre decisión, nunca la lectura obligada”, dice Carbonell.  

Para los adultos recomienda “no dejar de leer diarios y revistas, así sea en plataformas en línea, porque es la forma más efectiva y fácil de acercarnos a las opiniones diversas y documentadas de los articulistas y críticos”. También es importante “aprovechar el tiempo que nos quede en casa para investigar sobre acontecimientos históricos del pasado que nos pueden dar luces y derroteros sobre lo que posiblemente viene después de esta cuarentena”. 

En tal sentido, una herramienta muy útil para estimular la lectura siguen siendo los clubes de lectura, cuyas sesiones grupales pueden organizarse en plataformas como Zoom. 

Precisamente, de la presencia del otro habla Victoria García, directora de la Fundación Épico, que propone “una cadena de afectos” en la que los lectores compartan textos breves con sus amigos o allegados no lectores. “Enviarles la recomendación de un cuento, un poema, o enviarles el poema. Eso podría hacer que sigan buscando y explorando”, dice. 

Su recomendación se fundamenta en el hecho de que casi todos los lectores han empezado a leer por “contagio” de otros lectores, quienes les contaban cuentos, historias o estimulaban a leer un libro. “La literatura te enseña la posibilidad de encontrar caminos en las ideas y los pensamientos del otro”, añade García.

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