El Heraldo
Expertos afirman que se ha “normalizado” el irrespeto e intolerancia ante posturas contrarias. ARCHIVO EL HERALDO
Barranquilla

Sectarismo político, ¿un “enemigo” de la democracia?

Expertos politólogos y sociólogos explican las causas de estos comportamientos. La ciudadanía afirma que ha presenciado peleas hasta llegar a los golpes por defender a candidatos.

Ideologías extremistas, creencias en verdades absolutas, no permitir ni respetar la opinión o postura de alguien que piense diferente o que apoye con tenacidad sus ideales, ya sea de izquierda o derecha, es lo que se vive en la actual coyuntura de cara a las elecciones presidenciales que se celebrarán este domingo en Colombia.

Es común observar que en pleno espacio público un grupo de personas se peleen a “muerte” por defender un candidato y por no estar de acuerdo con los argumentos que expongan para defender sus posturas.

Es importante destacar que aunque el territorio nacional es un país con derecho a la libre expresión, requisito indispensable para la existencia misma de una sociedad democrática, no puede dejar de lado la “máxima” necesidad y obligación moral de respetar –aun cuando no se esté de acuerdo– la opinión de los demás. 

Volviendo al tema político esta es una postura “obsesiva – compulsiva” que divide a la sociedad y corta lazos de amistad. Expertos consultados por EL HERALDO afirman que la obsesión de un fanático político puede ser peligrosa ya que no se valoran otras formas de pensar que no sea la suya, y eso puede incidir de manera violenta en el electorado.

Falta de educación política

Luis Fernando Trejos Rosero, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte, manifestó que Colombia está viviendo una desinstitucionalización de la política en clave electoral, porque a pesar de contar con una variada oferta de partidos, amplios sectores sociales no se sienten representados por ellos y es ahí donde aparecen los líderes mesiánicos que prometen cambios inmediatos por medio de un lenguaje que apela mucho a las emociones y “poco” a las razones.

“Al personalizar al líder, cualquier contradictor del mismo se asume como un enemigo personal, lo que posibilita que la violencia, en cualquiera de sus formas, se convierta en el medio ideal para tramitar la contradicción política”, expresó Trejos Rosero.

Sostuvo, además, que en la práctica política a veces no es clara la diferencia entre algunos seguidores de ciertos políticos y los miembros de una “secta”, y que todas estas situaciones se exacerban en un contexto de redes sociales en el que las noticias falsas se viralizan con rapidez.

Por otro lado, el politólogo sostuvo que el afán de cooptar votos indecisos o de nuevos votantes ha hecho que los candidatos traten de ocultar sus posturas ideológicas, ya que saben que “sin ideología clara” se transmite tranquilidad al electorado y desarma temores en un importante sector.

Los sociólogos establecen que se debe trabajar en evitar la manipulación. EFE

Para Alexander Vega Lugo, maestro de escuela y profesor de la Universidad de la Costa, en el país hay ausencia de una “sólida” educación democrática debido a que la política no es solo el candidato que se elige en las diferentes contiendas electorales, sino que hace parte de toda la población.

“Yo no hablaría de fanatismo político de los diferentes seguidores que hoy respaldan las diferentes candidaturas a la presidencia, sino más bien de la ausencia de una educación para el ejercicio de una ciudadanía en términos democráticos”, dijo Vega Lugo.

Agregó que la vocación política que se observa para las próximas elecciones y el comportamiento de los votantes es algo que está presente en la Constitución Política de Colombia y que no debería ser “extraño” todo el juego de poder que se está viviendo. “Hay que reconocer que el electorado se adhiere por pasiones y emociones políticas y que habrá otras personas que votarán por la propuesta del candidato que piensen que debe ser la mejor forma de organizar los asuntos públicos y el manejo del Estado”.

Estuvo de acuerdo en que los canales de expresión democrática se han visto afectados por desestimaciones. “Es lamentable la convivencia que tenemos los colombianos por falta de la educación política porque nos expresamos de forma violenta, intolerante de descalificaciones y con todo tipo de adjetivos que pretenden descalificar al otro, tales como uribestias, petrochenko, entre otros”.

Añadió que esta situación ha perdurado en el tiempo porque las decisiones políticas aún las siguen tomando algunas familias y no se cumple el proceso democrático debido a que puede haber un temor a la participación de los actores políticos que no vienen de los sectores tradicionales.

“El panorama para estas elecciones es bastante complejo y estamos observando situaciones inquietantes como la situación del actual registrador nacional que parece que no ha sido capaz de generar la confianza necesaria que se requiere para que un proceso electoral sea transparente y detrás de esto se ve un juego de poder”, aseveró el historiador y magíster en Estudios Político-Económicos de la Uninorte.

El impacto Social

El sociólogo Jorge Bolívar Berdugo definió el fanatismo como comportamiento caracterizado por el seguimiento y defensa pasional de una ideología, una doctrina que se aleja de la racionalidad y en ocasiones hasta del sentido común y que se desarrolla en personas emocional y sentimentalmente inseguras.

“Es peligroso porque atenta contra los valores democráticos del diálogo y la tolerancia. El fanatismo político hace que exista la razón obnubilada y la persona se crea poseedor de la verdad, carece de sentido crítico y para razonar es presa fácil de ánimo exaltado”, dijo Bolívar Berdugo.

Argumentó, además, que los fanáticos políticos se comportan de esa manera para reforzar sus verdades y que con la fuerza de la palabra o la acción violenta intenta imponer maneras de pensar; confunden lo que imaginan con la realidad y actúan en consecuencia.

 “Seguros de que su candidato es el único, el predestinado, se sienten mortalmente superiores y tratan de imponérselo a los demás, no dudarán en emplear mecanismos coactivos, combativos y hasta violentos”, agregó el abogado y especialista en negociación de conflictos.

Entre tanto, la socióloga Matilde Eljach contó que en esta coyuntura electoral hay una expresión de polarización que obedece a factores de orden social, como la “poca y distorsionada” formación política ciudadana debido a que el país no es deliberante.

“Aquí nos hemos acostumbrado a entender la realidad social de Colombia a través del prisma de algunos dirigentes. Los colombianos replicamos señalamientos, calumnias y mentiras que ejerce la manipulación mediática, pero que de fondo hay un desinterés y falta de compromiso social”, aseveró Eljach.

La experta aseguró que los colombianos están “despertando” y dándose cuenta de la falta que le ha hecho a la sociedad interesarse por la vida política de esta nación.

Los politólogos afirman que se debe fomentar la educación política. EFE
Habla la ciudadanía

Los insultos en redes sociales son de los más “comunes” y es por esto que algunas personas afirman tener temor por expresar su opinión o respaldo a algún candidato, de manera pública, porque creen que pueden tener repercusiones no solo verbales, sino también físicas.

La barranquillera Andrea Gómez, de 27 años, afirmó que ha presenciado “muchas” situaciones de fanatismo político, incluso entre amigos y familiares, y sostuvo que  hay posturas e ideales que deberían ser inamovibles en la política, como el respeto por los derechos fundamentales;  sin embargo, considera que las discusiones sobre candidatos y temas políticos deben ser abiertas y respetuosas. 

“En caso de estar frente a opiniones contrarias, es bueno debatir con argumentos y manteniendo el respeto hacia el otro. Cuando incurren en palabras o actos agresivos ya se pierde cualquier garantía de conversar o debatir y se da paso a las conductas violentas, que no se pueden permitir”, expresó Gómez.

 Estefanía Herrera, de 29 años, piensa que no puede llamarse política a toda discusión que pueda terminar en una agresión. “Es increíble como las personas a través de redes sociales discuten por un candidato, su fanatismo nubla la razón, y así no debe ser. Sí he visto discusiones de jóvenes y hasta de adultos por un candidato y las ofensas de quien mencionara más delito era lo único que se escuchaba. Ya uno no quiere más enfrentamiento, quiere soluciones de parte del Gobierno para mejorar nuestra calidad de vida”. 

Por su parte,  la ciudadana Aura Lara aseguró que diariamente observa cómo se pelean las personas para defender y tratar de convencer a las otras que su candidato presidencial es mejor que otros. “Las personas se dejan llevar por una pasión “exagerada” y ni siquiera tienen en cuenta si están o no verdaderamente de acuerdo con las propuestas del candidato que respaldan”.

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