La semana anterior participé como conferencista invitado en el Congreso Nacional de Salud realizado en la ciudad de Bogotá y que este año se denominó ‘La Ruta de la Salud: Cambios, Retos y Oportunidades’. Presenté un tema que a todos los colombianos nos preocupa, sobre todo ahora que estamos en plenos vientos reformistas del sector salud: “¿Y los recursos de la salud para dónde se fueron?”.

El tema de lo que pasó, pasa y pasará resultó oportuno considerarlo por varios razones. La primera porque precisamente hace solamente unos meses, específicamente en el pasado mes de agosto, el ministro de Salud y Protección Social, Alejandro Gaviria Uribe, manifestó que para el 2014 el presupuesto del sector debía incrementarse por lo menos a 7 puntos del PIB, lo que significa un aumento de alrededor de $3.5 billones de pesos. En estos momentos el presupuesto del sector salud representa 6,5 puntos del PIB. Es decir $3,5 billones nuevos para el sector en el año 2014.

Otra razón es porque en el proyecto de ley ordinaria de salud que pretende reformar el sistema de salud colombiano y que actualmente está en consideración en el Congreso, se establece la creación de un megafondo llamado Salud Mía, que manejaría los recursos del sistema, que serían cerca de 33 billones pesos, toda vez que si bien hoy Colombia invierte entre $29 billones y $30 billones en su sistema de protección social en salud, con la reforma se contempla un aumento de cerca del 10% en dicho presupuesto.

Y obviamente otra razón para revisar el tema del destino que han tenido los recursos de la salud, es porque Colombia no desea que se quede en la impunidad lo ocurrido con tantos billones de pesos que se han esfumado a lo largo de la historia de la salud en Colombia en los últimos 20 años, desde la expedición de la Ley 100 de 1993 y pasando por las cinco o seis reformas legales que ha tenido el sistema de salud en este país desde ese momento.

En la conferencia me permití hacer referencia a otra mención del actual Ministro de Salud que hizo antes de expedir unas normas de control de precios de medicamentos a mediados de este año y las justificó diciendo que en los últimos 8 años Colombia había pagado cerca de $3,2 billones de pesos de más por medicamentos sobrevalorados por la falta de control de sus precios. De esa aseveración absolutamente confiable, pues la expresó el responsable de la cartera de salud de este país, surgen preguntas que merecen respuestas: ¿quiénes se quedaron con esos 3,2 billones de pesos?, ¿qué les ocurrirá a quienes permitieron el pago de esos sobrecostos de medicamentos por falta de establecer un estricto control de precios?, ¿qué les pasará a quienes cobraron esos precios por fuera de los precios debidos?, o ¿regresará al sistema esa plata pagada de esa forma?

Y el tema no solo pasa por la falta de control que hubo en el precio de los medicamentos, este asunto de la pérdida de la plata incluye a cada uno de los frentes del sistema de salud: operación del régimen subsidiado, recobros en el régimen contributivo, apalancamiento financiero de las empresas de medicina prepagada en los recursos del POS, desgreño administrativo en muchos hospitales públicos, irregularidades con los recursos que deben girar al sector salud los operadores del chance y también en algunos prestadores privados, etc.

Hoy resulta más vigente que nunca una frase de un ilustre profesor de salud pública: “Colombia es un país con suficiencia de recursos financieros para garantizarle la atención en salud a sus ciudadanos, lo que parece que no ha existido es suficiencia ética en el manejo de esos multimillonarios recursos”. Por eso, en vez de los planes de saneamiento fiscales y financieros que ahora está exigiendo el gobierno para los hospitales públicos, lo que este país requiere de manera inmediata es un plan de saneamiento moral para todo el sistema de salud colombiano.

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