De acuerdo con un informe conocido la semana anterior y publicado por The Lancet Oncology, en Latinoamérica de cada 100.000 habitantes hay 163 casos de cáncer, por lo que los investigadores calculan que si no se toman medidas rápido, para el año 2030 habrá 1,7 millones de casos de cáncer diagnosticados y un millón de personas morirán al año por algún tipo de esta enfermedad.

Estas cifras definitivamente obligan a las autoridades sanitarias de los países de este lado del mundo a tomar las medidas que rompan esa trágica tendencia que se observa ante el avance galopante que está teniendo esta maligna epidemia.

Los factores que están favoreciendo la consolidación de esta tendencia incluyen el diagnóstico tardío de algunos tipos de esta enfermedad que son curables si se abordaran a tiempo, principalmente debido a la falta de acceso oportuno de quienes viven en zonas rurales, así como por parte de poblaciones indígenas. Se menciona igualmente en el informe que otros de los factores que agravan la situación es el envejecimiento de la población y la adopción de malos hábitos alimenticios como el consumo de comida rápida con alto contenido calórico, menos ejercicios y más sedentarismo.

Y no puede dejar de mencionarse que en algunos países latinoamericanos el presupuesto asignado para la prevención y tratamiento del cáncer resulta ser muy bajo o únicamente se destina a un segmento de la población, reflejándose la desigualdad de la región en este tema, a tal punto que cerca del 54% en este lado del continente tiene muy poco o ningún acceso a servicios de salud.

Llama la atención cómo este tipo de condicionantes han llevado que el índice de mortalidad en Latinoamérica sea casi el doble que la proporción comparada con la de los países desarrollados, a tal punto que el estudio señala que están ocurriendo 13 muertes por cada 22 casos diagnosticados en esta región, mientras que en EU fallecen 13 por cada 37 diagnósticos hechos de cáncer, y 13 por cada 30 en Europa.

El impacto en las finanzas por esta epidemia galopante tiene unas pérdidas de unos 4.000 millones de dólares al año para la región, dinero que incluye además del costo del tratamiento y los medicamentos, también la afectación de la economía y la pérdida de vidas en forma prematura.

Es evidente entonces que si países como el nuestro no adoptan eficientes acciones coordinadas para frenar el impacto del cáncer, los costos de atención por esta enfermedad se incrementarán en la medida que no se realicen estrategias reales de prevención por parte de quienes tienen esa responsabilidad legal para con quienes están afiliados al sistema de salud. Medidas simples como motivar a dejar de fumar, a que se evite el humo de la cocina, se reduzca el consumo de alcohol, se adopte una dieta saludable, y se ejercite la población, llevarán a que se modifiquen estos indicadores que hoy demuestran que la epidemia maligna sigue su marcha indetenible.

Mientras que en Colombia no se dé la atención del cáncer desde su mismísima fase de diagnóstico, junto con las fases de tratamiento y rehabilitación, así como el apoyo social que requieren tanto los pacientes como sus familiares, mientras no se supere la tramitomanía que en muchos casos resulta ser más letal que el mismo cáncer que padecen los pacientes, este país seguirá aportando cifras negativas a la tendencia latinoamericana, y se estará consolidando el avance de la maligna epidemia en nuestro país.

Por Ulahy Beltrán López
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