A raíz de las serie de secuestros y violentas incursiones protagonizados por militantes de las Farc en diferentes poblaciones del país el gobierno colombiano ha manifestado su preocupación respecto de la sinceridad con que ese grupo está tomando los diálogos de paz que se desarrollan en Cuba.
El jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, ha descalificado con válidas razones los plagios ocurridos en el presente año por parte de este grupo subversivo, entre los que se encuentran los de los dos policías en el Valle del Cauca, aparte de los seis trabajadores de una firma multinacional secuestrados por el ELN en Bolívar.
Lo indignante del asunto es que los insurgentes en reciente comunicado hayan negado que específicamente el hecho de los dos policías sean casos de secuestro y al contrario reivindican de manera eufemística su “derecho” a tomar como “prisioneros de guerra” a miembros de la fuerza pública.
Esta inesperada exigencia de su “derecho a seguir secuestrando a uniformados” amerita una debida aclaración, pues pone de manifiesto el propósito de la guerrilla de no cesar las hostilidades en defensa de sus posiciones durante el tiempo en que duren los diálogos, aumentando con eso el numero de rehenes de las fuerzas militares en vez de dar muestras de su voluntad de paz mediante la liberación de los que en los últimos años de manera infrahumana han mantenido en su poder.
Según algunos analistas era previsible que al interior del grupo subversivo (que llega a las negociaciones diezmado luego de los letales golpes recibidos en los últimos tiempos de manos del ejército nacional) a estas alturas no existiese unidad de mando, careciéndose de un control absoluto de sus líderes sobre la totalidad de sus militantes, los cuales siguen funcionando como ruedas sueltas en las diferentes regiones del país, emprendiendo actos de secuestro y violentas incursiones contra las poblaciones a su alcance.
De otro lado, la continuidad de las acciones de secuestro y de violentos actos en Colombia paralelos a los diálogos de paz en tierras cubanas, también se puede interpretar como una muestra más de que en estas negociaciones de paz se esta llegando a un acuerdo con una parte de la guerrilla, su cúpula y algunos grupúsculos que aún sobreviven, pero no con la totalidad de la organización subversiva.
Esta hipótesis se corrobora en el hecho de que una buena parte de las Farc, la que se encuentra operativamente desperdigada en los diferentes frentes de combates, no ha mostrado mayor interés y se muestran incrédulas respecto de los posibles resultados positivos de los diálogos. Es más, critican que mientras ellos están arriesgando sus vidas en penosas condiciones en las selvas y montañas, los que ofician como sus representantes están hospedados en lujosos conjuntos residenciales amparados de la persecución de las Fuerzas Militares.
Es por eso que el Gobierno, en su empeño de dar con una salida política al conflicto, debe asumir una firme reacción sobre estas declaraciones de las Farc, posición que debe ir acompañada de operaciones de búsqueda y rescate hasta cuando los guerrilleros no demuestren su voluntad de construir una paz duradera a lo largo y ancho del territorio colombiano.





