El Gobierno y las Farc anunciaron que el siguiente punto es la participación política.
Las conversaciones se están dando “bajo el principio de que nada está acordado hasta que todo esté acordado” y prevalece el secreto, pero que ya hay avances en tierras.
La participación política es el segundo de los seis puntos de la agenda, la cual se seguirá como lo determine la Mesa. Otros puntos, además de las políticas de desarrollo agrario, son el fin del conflicto, las drogas ilícitas, el resarcimiento de las víctimas y la implementación de los acuerdos.
De manera que después del tema agrario, la Mesa se la juega con otro asunto neurálgico. Se trata de acordar políticas en derechos y garantías para el ejercicio de la oposición y para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final. Se establece el acceso a los medios de comunicación y los mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa. Y las medidas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, adicionando la población más vulnerable.
Es crucial un acuerdo en este punto por cuanto las Farc se enfrentan a dos desafíos para cambiar de procedimientos: su escasa imagen positiva en un país hastiado de la violencia y la horrenda mancha nacional por la liquidación a bala de la UP, entre otras razones porque las Farc combinaron las formas de lucha, y esto terminó siendo costoso. Adicionalmente, parte del conflicto se ha explicado históricamente en la falta de democracia efectiva y en la desigualdad de medios para hacer política.
Dar garantías al ejercicio democrático es tarea inconclusa en la vida de Colombia. Ojalá, entonces, que de estas negociaciones, cuyos resultados deben ser refrendados por el pueblo, salgan políticas que nos ubiquen entre las naciones modernas. Y que emerjan por voluntad de la insurgencia y del Estado, pero con la contribución del Congreso. Y en especial, el apoyo de todos los colombianos, ya que la Mesa está invitando a los ciudadanos y entidades para que hagan conocer su pensamiento con los mecanismos ofrecidos.
El punto agrario no se ha cerrado, pero los jefes de los equipos negociadores manifestaron el jueves, tanto en el documento conjunto como en declaraciones por separado, que ya hay importantes avances y que están en la fase de construcción de los acuerdos. Tiene razón el presidente Santos cuando dice que nunca antes se había llegado tan lejos en unas negociaciones con las Farc, las cuales tienen hoy unos ocho mil combatientes.
En el primer punto están pendientes los subtemas de desarrollo social agrario, desarrollo económico con enfoque territorial, la infraestructura y adecuación de tierras, y el sistema de seguridad alimentaria.
El tema polémico de las denominadas Zonas de Reserva Campesina, las cuales el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, calificó de “republiquetas independientes”, no pudieron ser excluidas del debate porque, dijo De la Calle, están contempladas en la Ley (la 160 de 1994). El expresidente Ernesto Samper Pizano ha estimado que la de Restrepo fue una salida en falso.
Lo que sí está negado por el Gobierno es la incorporación de temas diferentes o nuevos a los que contiene el Acuerdo de agosto de 2012, los cuales quieren llevar las Farc a la Mesa con el argumento de que el preámbulo incluye todo. En particular se refirió De la Calle a la doctrina de las fuerzas militares, a los impuestos al sector minero-energético, a la renegociación de la deuda externa y a la desmilitarización.
Las negociaciones se reanudan el martes dos de abril. Mientras, se declara desde La Habana y desde la Casa de Nariño un optimismo moderado.





