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Cristian Mercado

Lejos de toda discusión sobre lo que será o no el TLC con Estados Unidos para el país, su entrada en vigencia se constituye en un hito para la economía nacional que marcará la ruta a seguir en nuestras futuras relaciones con el resto del mundo.

El valor de tener acceso permanente y garantizado al mercado estadounidense dependerá de lo que seamos capaces de hacer como país para ponernos al nivel de la economía más desarrollada del mundo.

Con el TLC Colombia tiene la oportunidad de entrar, sin costo, a un mercado de 300 millones de consumidores (siete veces el tamaño del mercado colombiano), y un PIB per cápita anual de USD $45 mil (seis veces el poder de compra de los colombianos).

Aproximadamente el 80% de los productos importados desde Estados Unidos y el 99% de los bienes exportados desde Colombia quedarán libres de aranceles. Esto, sin duda, representa un reto para el Estado y las empresas, que tendrán que pensar en planear sus estrategias a largo plazo para garantizar un crecimiento sostenido de la economía.

Desde 2004, cuando comenzaron formalmente las mesas de trabajo, ha existido un debate permanente en la prensa nacional entre aquellos que defienden los beneficios que traerá el TLC para el país y quienes lo ven como una amenaza para algunos sectores de la actividad económica colombiana. Si bien es cierto que este no garantiza mejores condiciones para la economía nacional, abre oportunidades para consumidores, productores y comerciantes.

César Corredor, director del IEEC de Uninorte, dice que 'el TLC es un acuerdo comercial que por sí solo no va a marcar los efectos positivos o negativos sobre nuestra economía, sino que será para algunos una oportunidad que bien vale la pena aprovechar y para otros una amenaza que hay que enfrentar con mejores herramientas para poder competir'.

Para Mario Soto, consultor en Asuntos Internacionales, siempre que se habla de un TLC debe prevalecer la idea clara de que la sola existencia del tratado, no garantiza la fórmula mágica para que una economía se vuelva rica. Por ahora los esfuerzos se deben centrar en mejorar nuestras ventajas competitivas, que en estos momentos están muy por debajo del rango internacional.

Un tratado de expectativas. La bandera del Gobierno colombiano es que el TLC con Estados Unidos beneficiará principalmente al consumidor nacional, pues se podrá acceder a bienes a un menor precio. Aquí lo más probable, y para muchos perjudicial, es que se sustituya el consumo de bienes nacionales por importados, lo que genera un incentivo para que las empresas colombianas compitan en precio y calidad.

En la compra de alimentos puede ser en lo que más se beneficie el ciudadano del común por la variedad de productos, con altos estándares de calidad, a los que podrá acceder. La alta productividad del sector agrícola estadounidense le permitirá acceder a alimentos, como el trigo y los cereales, a un menor costo.

Para los productores nacionales las oportunidades son innumerables, las mejoras en las reglas de juego y la estabilidad de las mismas, que es en últimas de lo que trata un TLC, les permitirá posicionar sus productos en el mercado más importante del mundo.

De acuerdo con Silvia Rozas, profesora de la Escuela de Negocio de Uninorte, es indispensable para las empresas colombianas conocer las necesidades y estándares de calidad del mercado estadounidense, así como las nuevas reglas generadas por la negociación del TLC, para poder ser competitivos y aprovechar las ventajas.

A nivel comercial se dará un aumento en el número de establecimientos para satisfacer el incremento en la demanda por nuevos bienes. Se espera la llegada de nuevas empresas que quieren vender sus productos en el mercado colombiano y que ven al país como un puente para entrar en otros mercados de Suramérica.

Para Camilo Almanza, profesor de economía internacional del IEEC de Uninorte, 'la teoría económica predice que las ganancias derivadas del libre comercio son mayores que las pérdidas y por consiguiente en el largo plazo se obtienen beneficios positivos, los cuales en el caso colombiano dependerán de cómo los consumidores, productores y comerciantes decidan afrontar el TLC'.

Según Soto, habrá que esperar unos años para ver si Colombia salió ganador con el TLC o si perdió hasta la camisa; si logró aprovechar la posibilidad de acceder sin restricciones al mercado más grande del mundo, o se quedó sumida en debates interminables sobre si el Tratado era bueno o malo para el país.

Un proceso largo

Fue en mayo de 2004, en Cartagena, cuando inició la negociación del TLC con Estados Unidos. Pasados ocho años en esa misma ciudad se dio la noticia sobre su entrada en vigencia. Mario Soto, quien participó en las mesas de negociación, afirma que fue un proceso delicado y complejo. Prueba de ello es que se haya comenzado a negociar en bloque y se terminara concertando a nivel individual.

Aunque ambos gobiernos lo firmaron en noviembre de 2006, el acuerdo encontró un duro escollo en el Senado de los Estados Unidos, donde inicialmente la mayoría demócrata no estaba dispuesta a ratificarlo por considerar que Colombia desestimaba aspectos como protección sindical y derechos humanos.

De este proceso queda una gran lección: los TLC son ejercicios de política económica en los que ambos términos –el político y el económico- deben conjurarse. En negociaciones como esta debe prevalecer el principio de equilibrio de los intereses de cada parte y procurar mantener la afinidad política con el país que se negoció, independientemente de las diferencias partidistas o ideológicas.

Alianza EL HERALDO- Universidad del Norte