Mayo 17, 2012 - Actualizado hace 29 minutos
22 de Enero de 2012 - 12:15 am

¿Está la Región Caribe preparada para el TLC?

Más que ganas y buenos deseos

La aprobación -¡por fin!- del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que se supone comenzará a regir plenamente en Colombia en unos ocho años, pero que en los próximos tres va a ir estableciéndose gradualmente, representa para Colombia en general y para la Región Caribe en particular, el reto comercial más grande en toda su historia. Un TLC es ante todo una gran oportunidad. Pero, ojo, también puede ser la ventana al fracaso o a la debacle de muchos sectores el país, que por no estar preparados para la competencia internacional, van a terminar en la quiebra. En la Región Caribe, específicamente los sectores agrícola, ganadero e industrial, aunque este último en menor medida, van a tener que soportar la presión y la competencia de los productos de esos mismos sectores de sus similares norteamericanos, que no solo pueden llegar a Colombia con mejores precios -por cuenta de los subsidios que reciben- sino porque tienen una mejor posición competitiva, en razón de las diferencias abismales que en materia de infraestructura hay entre los dos países. Para la Región Caribe, el TLC es también su gran oportunidad por cuenta de la posición geográfica privilegiada que le permite tener en aguas del Caribe tres de los más grande puertos del país y los mejor posicionados para la oferta exportadora hacia la Costa Oeste de los Estados Unidos. Pero esos puertos, y especialmente el de Barranquilla, deben modificarse cualitativamente para agilizar el servicio y sobre todo para garantizar la continuidad del mismo. Barranquilla, por ejemplo, no puede darse el lujo de no tener una draga permanente que le garantice la entrada al puerto de buques de gran calado que atraquen sin el terror de los bancos de arena que la sedimentación del río forma en el canal. Las carreteras son el otro lunar de la Región, no solo porque son prácticamente inexistentes para conectar con eficiencia a todos los departamentos, sino porque la ola invernal demostró que ninguna de ellas aguanta dos aguaceros seguidos. Como puede verse, para competir con Estados Unidos y aprovechar las ventajas que sin duda tiene el TLC vamos a necesitar más que ganas y buenos deseos, pues las exportaciones no van a salir solas.

Realismo por encima de todo

El TLC puede terminar siendo una gran fábrica de ilusiones en la que muchas personas se imaginan que Colombia se convertirá en una especie de reino de Jauja, donde corren ríos de leche y miel. No hay tal. Lo primero que hay que decir es que muchas industrias y muchos cultivadores van a quebrarse. Hay productos -y en eso consiste el realismo- que necesariamente no van a volver a manufacturarse en Colombia, o a cultivarse, porque sencillamente va a ser mucho más barato importarlos que producirlos. El maíz, el algodón, entre otros, son productos altamente subsidiados y por tanto imposibles de igualar en precios por mucho que se gane en eficiencia productiva. La primera decisión que deben tomar los industriales del Caribe es la de identificar cuáles son los productos más competitivos para la oferta exportadora y concentrarse en ellos, sin desperdiciar esfuerzos en otros que, aunque tengamos alguna experiencia y nivel de eficiencia de producción, no tenemos como competir con los estadounidenses, ya sea por las diferencias tecnológicas o por las políticas de subsidios. Especialización y especialidad son la clave para obtener resultados favorables del TLC. La pregunta es: ¿Están haciendo esa tarea nuestros empresarios e industriales?

El verdadero poder regional

La Región Caribe es la mejor posicionada del país desde el punto de vista geoestratégico para el auge que una política exportadora seria y bien estructurada puede traerle a todas las capas sociales que la componen. Desde las sabanas de Sucre, Bolívar y Córdoba, puede terminar generándose la gran despensa alimentaria que los Estados Unidos busca de forma desesperada, en tanto mucha de su producción agrícola está subsidiada, no para producir alimentos sino para obtener materia prima para la producción de combustibles alternativos. La Región Caribe tiene la tierra, el clima y una oferta diferenciada de productos con los puertos más grandes y en distancias que no superan los 200 kilómetros de los centros de acopio. Sin embargo, todo ese potencial no puede ser aprovechado sino con el desarrollo mancomunado de una estrategia unitaria que reúna los esfuerzos de las diferentes subregiones que componen la Región, para aprovechar lo mejor de cada una con el único propósito de lograr la redención social mediante una eficiente oferta exportadora. Los 2 millones de votos que logró el voto Caribe en las elecciones de 2010, no son otra cosa que el sueño de todos los habitantes de la Costa de tener una política unificada que nos proyecte como Región.

Región rica, de gente pobre

La Región Caribe es una de las que muestra mayores índices de desigualdad entre sus habitantes. Podríamos decir que somos una región rica llena de gente pobre. Y esa pobreza se refleja no solo en las condiciones de miseria en las que vive mucha gente, sino en la falta de competitividad que la mayoría de esas personas encuentra. La competitividad tan necesaria para pelear en igualdad de condiciones con las ofertas del extranjero se logra con los productos, claro, pero estos no se hacen solos, sino que son el reflejo de la calidad del trabajo y de los trabajadores que los producen. Una profesionalización cada vez mayor del trabajador del Caribe es absolutamente necesaria para construir una cultura de disciplina laboral y de ética del trabajo que cambie las condiciones precarias en que mucha gente vive. Pero ese cambio tiene que ser liderado desde las élites, pues solo en la medida en que el ejemplo se irradie desde arriba, puede extenderse a la base de la pirámide social. El Atlántico y Barranquilla están dando ejemplo de sentido de pertenencia. Educación, organización y emprendimiento son las bases que le permitirán a la Región Caribe asumir el reto de sacar adelante el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y no morir en el intento.

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Quienes asistieron al foro de la Cámara de Comercio Colombo-americana celebrado en Barranquilla el pasado jueves no pudieron ocultar su desencanto cuando el exministro Jorge Humberto Botero afirmó que uno de los grandes obstáculos que tendrá que superar la Región Caribe para hacerle frente al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que ya se nos vino encima, es el enorme rezago que presenta la Región y que se refleja en los peores índices de pobreza del país. “La pobreza extrema y la desigualdad social atentan contra el éxito del Tratado”, sostuvo Botero.

En ese mismo sentido se pronunciaron otros de los invitados, entre ellos Martín Gustavo Ibarra -otro experto en TLC- quienes sostienen que las condiciones de desigualdad en las que se ejecutaría el Tratado en la actualidad, podría convertirse en el más grande obstáculo para el éxito de la iniciativa comercial. “Mientras Estados Unidos ya tiene listos los productos que nos vendería, nosotros no sabemos ni siquiera qué les vamos a ofrecer”, dijo uno de los asistentes al foro.

En el caso del TLC, es evidente que los sueños de quienes lo promueven contrasta con la crudeza que muestra la realidad, especialmente en lo que tiene que ver con la Región Caribe, que debería ser la gran beneficiada del Tratado, pero que, dadas sus actuales condiciones de atraso, podría convertirse en la gran damnificada. Los paupérrimos indicadores de lucha contra la pobreza, a los que se refiere el ministro Botero, son apenas uno botón de muestra.

Hay otros indicadores, igualmente desoladores: la cacareada modernización de los puertos en las tres ciudades principales de la Región está durmiendo el sueño de los justos en las oficinas de los ministerios de Bogotá y a la espera de que desde la Región Caribe alguien se apiade de dichas iniciativas y las convierta en agentes dinamizadores del desarrollo regional.

Ello para no hablar de las vías que ya deberían estar construidas y que solo aparecen perfectamente diseñadas en el papel. La verdad es que hoy por hoy no hay una sola gran vía en construcción en la Región Caribe, mientras que en Antioquia y Cundinamarca -para solo citar dos ejemplos- se adelanta la construcción de dobles calzada y otros grandes proyectos. Y eso que nosotros tenemos tres puertos por donde se supone que entrará la mayoría de los productos que importemos y saldrá la mayoría de los que exportemos.

¿Qué tiene la Región Caribe para ser competitiva una vez entre a operar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? ¿Cuáles son nuestras fortalezas y cuáles nuestras debilidades? ¿La suerte del TLC depende sólo de nuestra infraestructura? ¿Hay condiciones para ser competitivos?

Óscar Montes

@leydelmontes

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