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'Oh gloria inmarcesible, Oh júbilo inmortal, en surcos de dolores, el bien germina ya. El bien germina ya. La Paz germina ya'. Con esas palabras tomadas del himno nacional el presidente Juan Manuel Santos inició el discurso más importante que ha pronunciado en sus 6 años como jefe del Estado colombiano.

Un discurso para un día sin precedentes. El día en que, tras 52 años de guerra y más de 8 millones de víctimas, él, a nombre del Gobierno, y Rodrigo Londoño Echeverry, a nombre de las Farc, rubricaron definitivamente el Acuerdo Final de Paz logrado en La Habana, para poner fin al conflicto armado.

El acto solemne comenzó con un derroche de momentos simbólicos. Partiendo de la salida de Santos y la delegación de 15 mandatarios internacionales que se alinearon detrás de él para dar inicio a la ceremonia.

Eran las 5:15 de la tarde cuando el presidente abrió con la ‘llave de la paz’ las puertas del Centro de Convenciones de Cartagena de Indias dándole paso a su comitiva, que encabezada por Ban Ki-moon a la diestra y Raúl Castro a la siniestra, lo rodearon tomando su lugar en la historia. Detrás de los presidentes, un tímido Humberto De la Calle ensayaba bajando un peldaño de las escaleras antes de que un estruendoso aplauso, mucho más fuerte que el que recibió al mandatario colombiano, le diera la bienvenida al Equipo Negociador del Gobierno, que encabezó junto a Sergio Jaramillo, durante cuatro años en la capital cubana.

A la izquierda de la tarima también tomó asiento la contraparte de la negociación, la delegación de paz de las Farc, que dirigió Luciano Marín Arango, mejor conocido como ‘Iván Márquez’. Al lado de él estaba ‘Timochenko’, el que daría ese lunes el gran discurso junto con Santos. Tanto De La Calle como Márquez sabían que su trabajo terminó el 24 de agosto cuando cerraron el acuerdo, ayer era el día del Presidente y el Comandante.

Después del himno nacional interpretado por la Banda de Baranoa y el coro de Puerto Colombia, una trompeta entonó notas de homenaje a los caídos en el conflicto. La solemnidad del silencio de los más de 2.500 asistentes al evento no distinguía si los muertos eran militares, policías, guerrilleros o civiles.

Acto seguido, la trompeta se volvió gargantas cuando las cantadoras de Bojayá, uno de los pueblos que más sufrió los horrores de la guerra, repetían el fraseo 'es el momento de darle la bienvenida a la paz'.

Al tiempo de la firma, que fue escrita con tinta de ‘balígrafo’, Timochenko no pudo esconder su nerviosismo. Primero, tambaleó al bajar hasta la mesa en donde reposaba el Acuerdo Final. Luego, tras apretar con decisión la mano de Santos, tuvo unos segundos de duda tratando de poner en su guayabera la paloma blanca que el Presidente le dio. La última rúbrica al Acuerdo fue saludada desde el público con pañuelos blancos, aplausos y gritos de 'sí se pudo'. Desde las gradas posteriores, en donde estaban cartageneros de a pie y ciudadanos invitados de otras partes del Caribe, se escuchaba otro canto: 'El pueblo no se rinde carajo, vamos por la paz'.

El primero en tomar la palabra fue Ban Ki-moon, quien con un discurso que variaba entre español e inglés, ratificó el apoyo de la ONU y la comunidad internacional al proceso de paz colombiano. Además envió un mensaje de optimismo a los colombianos y dijo que ahora es el momento de pasar la página y vivir un futuro en paz. 'Viva Colombia. Viva Colombia en paz', sentenció el secretario general de Naciones Unidas.

Los discursos

Timochenko llegó al atril desde donde se dirigiría a toda Colombia cargado con un extenso discurso que leyó con voz pausada y tono decidido. Su saludo quedará para los libros: 'Nuestra única arma será la palabra. Señoras y señores buenas tardes', y el público estalló un aplauso.

La intervención del máximo líder de la guerrilla fue un transitar entre la reivindicación de la lucha armada que protagonizaron por más de medio siglo, el reconocimiento al momento de paz que les tocó vivir y las bondades que a futuro plantea el acuerdo logrado con el Gobierno.

Timochenko homenajeó a los marquetalianos de 1964, año en que se fundó la guerrilla. A Manuel Marulanda, a Jacobo Arenas y al comandante en jefe que lo precedió Alfonso Cano.

Recordando a Cano, se refirió a una carta que envió a Santos, días después de que este ordenara un bombardedo que acabó con la vida del comandante guerrillero, cuando el Gobierno y la guerrilla ya llevaban más de un año en negociaciones secretas. En ese momento, recordó Timochenko, su mensaje para el presidente fue: 'Así no es, Santos, así no es'. Ayer, después de rubricar el Acuerdo Final y de todas las vicisitudes que atravesó el proceso para llegar a la firma, Timochenko hizo un reconocimiento a su contraparte: 'Presidente, con emoción patriótica le digo, este sí era el camino indicado. Así si era'.

Reiteró la voluntad de paz que la guerrilla dejó manifiesta al refrendar unánimemente el Acuerdo Final en la X Conferencia de las Farc y su convicción de hacer el tránsito de grupo armado a partido político.

'Que nadie dude que vamos hacia la política sin armas, preparémonos todos para desarmar las mentes y los corazones', manifestó, enfatizando que en adelante la clave estará en la implementación de los acuerdos, 'para que lo plasmado en el papel cobre vida en la realidad. Para que todo esto sea posible el pueblo colombiano debe ser garante'.

'Nosotros vamos a cumplir y esperamos que el gobierno cumpla', afirmó.

El perdón

Casi al final de su intervención, que duró 30 minutos, el jefe guerrillero sorprendió los presentes con las siguientes palabras: 'En nombre de las Farc-EP ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido causar en esta guerra'.

De esta manera las Farc, por primera vez, aceptaron públicamente su responsabilidad general sobre un conflicto en el que siempre se han defendido más como víctimas que como victimarios.

Sus palabras fueron recibidas con gran regocijo, con ovación y un nuevo ondear de los pañuelos blancos.

Citando al Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, Timochenko cerraba su discurso hablando del mítico personaje de Cien Años de Soledad, Mauricio Babilonia, cuando un error en el protocolo envió antes de tiempo tres aviones de la Fuerza Aérea que con su fuerte sonido interrumpieron de golpe su discurso.

Impresionado por un ruido que en medio de la guerra le habrá tocado oír más de una vez, Timochenko miró al cielo, comprobó que no había razón para temer, sonrió, miró a sus compañeros guerrilleros y dijo ante el micrófono: 'Esta vez venían a saludar la paz y no a descargar bombas'.

Cesó la horrible noche

Las frases escritas por Rafael Núñez para el himno nacional fueron parafraseadas una y otra vez por Santos durante todo su discurso. 'Hoy tienen más significado que nunca', decía el Presidente mientras repetía: 'Cesó la horrible noche'.

El Presidente, muy emotivo, habló de los largos años de conflicto en Colombia, que incluso datan de tiempos previos a la conformación de las Farc. Recordó la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y la violencia política entre liberales y conservadores, hechos que marcaron la primera mitad del siglo XX en el país.

Santos inició por hacer un reconocimiento a las víctimas, que por tantos años sufrieron los horrores del conflicto. Dijo el Presidente que con la firma del Acuerdo, se sellan más de cuatro años de negociación entre el Gobierno y las Farc en La Habana y ese texto definitivo era un homenaje para ellas porque garantizaba mecanismos para su reparación integral y un sistema de justicia transicional que investiga, juzga y sanciona los crímenes de lesa humanidad, evitando que exista la impunidad.

'Nos cansamos de la guerra. No más guerra, no más guerra', repetía el presidente. 'No más guerra', respondía al unísono el público.

'No más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados, tantas heridas que tenemos que sanar', continuó.

Como lo hizo Timochenko para los suyos, Santos también homenajeó a los combatientes del Estado, a las Fuerzas Armadas de Colombia. 'Gracias soldados y policías porque su sacrificio y su valor nos condujeron a este gran día', dijo.

Del mismo modo, saludó el trabajo responsable, serio y comprometido que la delegación de las Farc realizó en La Habana. Aunque no mencionó directamente su líder, como sí lo hizo Timochenko con él, Santos destacó la voluntad de paz de la guerrilla y su voluntad de reincorporarse a la vida civil.

'Nadie como yo desde el Ministerio de Defensa los combatió y los golpeo tanto (…) y yo que fui su mayor adversario reconozco que trabajaron responsablemente y con seriedad en la mesa de dialogo', afirmó.

Y agregó: 'Hoy cuando regresan a la vida en sociedad, cuano se transforman en un movimiento político sin armas. Como jefe de Estado, de la patria que todos amamos, les doy la bienvenida a la democracia'.

Pero todo lo pactado ayer, recordó Santos, debe ser refrendado este 2 de octubre, día en que como dijo, los colombianos escogerán 'entre el sufrimiento del pasado y la esperanza del futuro'.

Reiteró que aunque el acuerdo es imperfecto, como lo es todo pacto producto de una negociación en que cada parte cede y hace concesiones, es el mejor acuerdo posible y su implementación va a servir para mejorar el campo, el sistema político y detener el conteo de víctimas.

'Yo prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas a una guerra perfecta que siga sembrando muertes y dolor en las familias', afirmó

Para cerrar, el presidente volvió a citar el himno: 'Colombianos, cesó la horrible noche de la violencia que nos ha cubierto con su sombra por más de medio siglo. Cesó la horrible noche y llega el día con sus promesas'.

Las últimas palabras del presidente estuvieron acompañadas por un coro de 15 niños de la escuela de música Desepaz de Cali, que cantando el Himno de la Alegría, dieron por terminado el acto.