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EL HERALDO

La Tertulia de EL HERALDO, en asocio con Caracol, tuvo como invitado especial a Joseph Fornés, director del Museo Etnológico de Barcelona, quien dijo que 'la marca de Barranquilla es su fiesta, y hay que preservarla'.

No hay que copiar modelos de ninguna fiesta en el mundo porque el Carnaval de Barranquilla es el mejor.

Así lo manifestó Joseph Fornés, director del Museo Etnológico de Barcelona y miembro del Patrimonio Cultural de esa ciudad, durante la tertulia celebrada ayer en EL HERALDO en asocio con el Canal Caracol.

Expresó que lo que abunda 'es el riesgo a preservar un patrimonio humilde. Una fiesta es fiesta cuando la gente la hace suya.'
Admitió que existen riesgos de comercialización excesiva, de banalización, riesgo de poner un acento en la estatización, en lo bonito en lo artístico, olvidando que lo popular y sobre todo que el tiempo de carnaval es el patrimonio y lo popular a veces no gusta porque no es siempre bonito'.

Sentenció que menospreciar ese carnaval es un riesgo y que por lo general en todo el mundo los riesgos son los mismos incluyendo 'el pulso entre quienes tienen interés económico, comercial, empresarial, utilizar la fiesta para ayudarla y a la vez sacar un beneficio'.

Mirtha Buelvas, investigadora cultural, se mostró de acuerdo con la posición de Joseph Fornés señalando que las políticas culturales que se asumen desde las direcciones públicas y privadas deben estimular, respetar y no permitir que muera una tradición.

Ricardo Plata, director de Fundesarrollo, sugirió que la presencia mediática publicitaria de las empresas en Carnaval debe ser puramente institucional y que tenga unas restricciones para que no apabulle a los actores tradicionales.

Carla Celia, directora de la Fundación Carnaval de Barranquilla dijo que el modelo de paz y convivencia que se refleja en los días de Carnaval debería replicarse todo el año. Reconoció que el Carnaval de Barranquilla ha tenido un proceso de transformación largo, es el aglutinante que une un poco de voluntades. 'La declaratoria de la Unesco sirvió para que nos diéramos cuenta que tenemos una joya que hay que preservar y no podemos dejar que la comercialización se haga sin un marketing cultural en el cual tiene que cambiar desde la mentalidad del empresario hasta del que hace la carroza'.

Rafael Bacci, investigador cultural, asegura que 'la más grande transformación es que hemos optado por el carnaval espectáculo y se ha ido perdiendo la fiesta popular'.

Agregó que el grueso de la población se ha convertido en espectador, porque los desfiles convierten en actor a un reducido grupo de la población. Además, ya la gente no se disfraza y tampoco baila porque los grupos se presentan en conciertos.
Nubia Stella Martínez, asesora del Distrito, dijo que el carnaval tiene que tener un lugar donde mostrar el carnaval durante todo el año.

Diana Acosta, secretaria de Cultura Distrital, respondió que 'la ciudad vive los 365 días del carnaval cuando logramos entender que el escenario del carnaval es la ciudad misma. Por ejemplo, si vamos a la casa de Alfonso Fontalvo nos damos cuenta que vive los 365 días del carnaval desde la perspectiva de la danza El Torito'.

Finalmente Fornés dijo que 'Barranquilla tiene una marca como ciudad: el carnaval. Cuidado con copiar lo de fuera, querámonos más a nosotros mismos. Cuidado con el auto-odio y ver todo lo de fuera bonito. Lo de casa, lo propio, lo popular es bonito y nos da identidad'.

CONTAMINACIÓN SONORA Y VISUAL

Harold Ballesteros, asesor cultural, se refirió al tema de la contaminación auditiva y visual. 'La recomendación que Unesco hace tiene que ver con que se vayan disminuyendo hasta sus justas proporciones los elementos de tipo comercial sonoros y visuales.

Lo hecho hasta este momento ha sido lento, no ha logrado bajarse hasta los niveles que creemos deben ser. Por ejemplo, los equipos de sonido al interior de los desfiles terminan opacando en mucho las sonoridades tradicionales. La ayuda sonora que tenga un millo no puede ser opacada por un equipo de altísimos decibeles que va tocando reguetón.

Por Leonor De la Cruz