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La dirección ejecutiva de Cormagdalena no es un cargo cualquiera para el Caribe colombiano. Por el contrario, constituye una oportunidad inmejorable para que alguno de nuestros coterráneos caribeños abandere la etapa de ejecución de las obras para la navegabilidad del río, tras el proceso –calificado por el presidente Juan Manuel Santos de exitoso– de diseño, financiación, licitación y contratación de los trabajos que requiere la principal arteria fluvial del país.

La procedencia del profesional que reemplace al barranquillero Augusto García Rodríguez es algo que debe considerar con mucho cuidado el presidente de la República a la hora de postular la lista de cinco nombres a la junta directiva de Cormagdalena, para que esta elija, con mayoría de dos terceras partes, al nuevo director.

En el Caribe tenemos razones para pretender legítimamente el cargo. Ninguna otra región de Colombia ha padecido tanto por el abandono centenario del río. Y cuando el presidente Santos escogió sus promesas de campaña en 2010 –con las cuales animó a los votantes de esta región– puso el proyecto de la navegabilidad del Magdalena en primer lugar.

Augusto García ha realizado una tarea eficaz al frente de Cormagdalena, aunque para hacer una valoración más completa de su gestión hay que esperar el debate que de la misma se celebrará en breve en el Congreso de la República. A su salida, queda la inquietud acerca de si su sucesor tendrá las mismas motivaciones para coronar los retos que sobrevienen en la fase constructiva y operativa de esa obra tan importante para el país, pero particularmente para nuestra región.

Dos directores recientes han sido escogidos por meritocracia, asumiendo los criterios de las demás corporaciones ambientales, pero que no obligan en el caso de Cormagdalena, porque su ley reglamentaria no lo establece. De manera que queda a discreción del presidente atender la expectativa de la región en este caso. Además, esto de la meritocracia ha sido, en más de un caso, un embeleco. De modo que lo que debería primar es un buen criterio presidencial en la postulación. Y confiamos en que así sea.

Lo cierto es que ha venido decreciendo en este segundo mandato la representación caribe en el alto gobierno, y eso a pesar de que los votos de la región determinaron el triunfo, como el propio presidente lo reconoció ese mismo día.

Estamos frente a una decisión que requiere solo voluntad política. Solo eso. Por ejemplo, para escoger ministra de Transporte decidió el presidente que fuera mujer y barranquillera. Hizo una buena selección final. ¿Qué podría impedir ahora poner en la lista a cinco profesionales caribeños, altamente calificados, que les den garantía a él y al país de que se cumplirán las promesas de tener un río navegable con desarrollo social en las riberas? En el Caribe tenemos buenos candidatos. El presidente deberá decidir. Y esperamos que decida bien, pensando en lo que le conviene al país, pero también a la Costa.