Cada vez se está dando mayor importancia, en el mejoramiento de la calidad de la educación y la innovación pedagógica, el que los maestros de hoy en día estén interesados y hagan uso cotidiano de los medios y las tecnologías de la información como herramientas de apoyo en las aulas de clase,
tal como pudimos verlo en los informes que hemos venido publicando al respecto y como parte del empeño del gobernador Eduardo Verano De la Rosa en modernizar la educación en el Departamento.
Ya pasó a la historia esa imagen del docente tradicional que se las sabía todas, (y las que no se las sabía las inventaba), y en que era la figura de autoridad en el aula desde el punto de vista de la capacidad intelectual y del poder. El maestro era visto como el depositario del conocimiento y su rol era el de llenar las mentes de sus alumnos con su inconmensurable conocimiento el cual los alumnos devolverían “al pié de la letra” en el proceso de evaluación. Esta es la forma en que muchos de nosotros fuimos enseñados y como en muchos casos algunos profesores todavía enseñan. Después de todo, es una forma rápida de recorrer y cubrir todas las unidades de un currículum y además los alumnos son más fáciles de controlar cuando están pasivamente sentados en sus asientos, escuchando una clase expositiva o magistral.
Pero ahora las circunstancias de este mundo del siglo XXI han cambiado y la tecnología se encuentra en todas partes: tiendas, colegios, bibliotecas, casas, y ella es la que marca los nuevos modos de enseñar, de aprender, de relacionarse y de participar en la sociedad y el docente tiene que modernizarse y adaptarse a esta nueva dinámica.
Por lo tanto se requiere que cada vez los maestros asuman el nuevo rol de diseñar experiencias de aprendizaje que permitan a los alumnos utilizar la tecnología para resolver problemas, desarrollar conceptos y apoyar el pensamiento crítico, la interpretación, la reflexión y la comprensión.
Pero está sucediendo que hoy los jóvenes saben más que los docentes sobre las tecnologías de la comunicación. Existe un alto porcentaje de maestros a los cuales, como ellos mismos reconocen, “la tecnología los atropella”. Si los profesores midieran la cantidad de horas que los jóvenes pasan trabajando en sus sistemas digitales de comunicación, como el llamado chat y las redes sociales, deberían preguntarse si ellos pueden reunir tanta energía y volcarla en una actividad de aprendizaje.
Tenemos que ser conscientes, querámoslo o no, que muchos jóvenes están considerando el correo electrónico una tecnología vieja. No lo están usando mucho, prefieren usar mensajes de texto instantáneos. Es más, en EU se están cuestionando si tiene sentido comprar miles de computadoras para las escuelas, cuando la tecnología que eligen los jóvenes es la de los celulares y la de las redes sociales en donde hay un potencial educativo que no está siendo utilizado.
¿Hacia dónde se dirigen los jóvenes? Lo que sabemos es que lo que ellos tienen en el bolsillo es un celular. Un teléfono celular no es simplemente un teléfono celular. Es útil para enviar mensajes de texto, es una cámara, un video, un grabador, reproduce música. Entonces el sector educativo tiene que pensar dentro de esa revolución de la tecnología del Internet y las comunicaciones, TIC, en todos los usos que para la educación también podría existir a través de los celulares que es mucho más barata que un portátil o un sofisticado computador y que los chicos ya tienen en sus manos.
Las cosas ahora funcionan así. Los jóvenes son los líderes. Ellos están inventando este lenguaje. Hay una lección ahí para los educadores acerca de la creatividad de la inteligencia colectiva de la gente joven, condiciones a la que los adultos tenemos que adaptarnos.
Eso sí, los educadores deben tomar debidas precauciones y reglamentaciones para que esa herramienta tecnológica no se les salga de las manos y produzca efectos negativos en los jóvenes que mentalmente andan inmersos en su “burbuja virtual” debido a estar conectados obsesivamente y por demasiado tiempo al celular, al Internet o a las redes sociales. Mediante estudios suficientemente divulgados se ha detectado que el adictivo uso de estos sistemas y aparatos artificialmente inteligentes provoca el aislamiento, la despersonalización, la desconcentración, la dispersión de la atención, la insensibilidad y el desinterés por la comunicación con los seres humanos que componen el núcleo familiar y social de las personas que caen en sus redes.
En fin, en un mundo que irreversiblemente tiende a la virtualidad, en que en los sistemas educativos se está eliminando, hasta por economía de costos, la formación presencial estimulándose el uso de las plataformas virtuales de aprendizaje, cabe preguntarse si nuestros maestros de instituciones públicas y privadas sí estarán fortaleciendo las competencias que les permitan introducir las nuevas tecnologías en sus sesiones de clases.








