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La Unesco ha puesto sobre el tapete una problemática social que en nuestro país es particularmente grave. En demasiadas ocasiones los colombianos somos, de una manera irresponsable, padres por accidente, sin la existencia de planificación alguna en la procreación y espera de los hijos.

Mientras las estadísticas mundiales revelan que cada segundo ocurren tres nacimientos, lo cual da un total cercano a 80 millones de natalicios al año, en Colombia Profamilia recientemente publicó que en los años 60 cada mujer en el país tenía en promedio 7 hijos. Para los años 1985 y 1995 la tasa total de fecundidad era de 3 hijos por mujer, y en el 2010, de acuerdo a los últimos resultados arrojados por la ENDS (Encuesta Nacional de Demografía y Salud), el promedio de hijos por mujer colombiana es de 2,1.

Pero lo que no deja de ser preocupante, según esta encuesta, son las impresionantes cifras que existen acerca de la cantidad de embarazos no deseados: 250 mil niños en Colombia son producto de este tipo de gestaciones. Solo el 48 por ciento de los nacimientos de los últimos cinco años han sido deseados, el 30 por ciento lo quería, pero más tarde, y el 23 por ciento reportó como “francamente no deseado”.

Por su parte, la senadora Gilma Jiménez, una de las principales defensoras en Colombia de los menores víctimas de adultos, reveló un informe con cifras que demuestran que uno de cada cinco niños en el país crece sin saber quién es el papá. De otro lado, según las Naciones Unidas, más del 50 por ciento de los hijos que tienen las adolescentes entre los 15 y 18 años son no deseados. Aún quedan en Colombia grupos de población con una fecundidad alta, incluyendo las adolescentes de 15 a 19 años.

Pero, ¿qué significa esto? Se trata de embarazos que se presentan sin que se busquen de una manera consciente y, por lo tanto, no están dentro de los planes de vida de la pareja, especialmente cuando muchas veces les toca enfrentarlos exclusivamente a la mujer.

El embarazo y el nacimiento de un ser debe ser un episodio feliz para ambos miembros de la pareja que placenteramente lo conciben. Sin embargo, cuando este no es meditado y ocurre por accidente o por violación en mujeres adultas y adolescentes esta bella espera de nueve meses se puede convertir en una tragedia no solo para ella, sino también para el futuro bebé, para los padres y los familiares.

Profamilia, una entidad con más de 45 años de insistencia en el país por la planificación familiar, encuentra que la violencia sexual, el uso irregular de métodos anticonceptivos, las relaciones sexuales sin protección, la presión familiar, la intención de mejorar las relaciones de pareja e incluso el deseo de algunas mujeres de probarse a sí mismas su fertilidad son, entre otras, las causas más frecuentes de los embarazos no deseados.

Según estudios psicológicos, el que un niño venga a este mundo sin ser deseado y esperado tiene serias repercusiones sobre el posterior desarrollo evolutivo de su personalidad y autoestima. Actualmente se sabe que los bebés sienten emociones aunque estén dentro del útero materno, desde la concepción, y el no sentirse querido deja huellas afectivas de posteriores repercusiones sociales. Desde un punto de vista psicosocial, las investigaciones realizadas demuestran que los hijos no deseados experimentan muchos más problemas de conducta y problemas en la escuela que la de los partos esperados y debidamente planificados.

Por todo lo anterior se hace oportuna la campaña que entidades como Profamilia están emprendiendo en aras de disminuir la alta tasa de embarazos no deseados y el embarazo en adolescentes, a través del fácil acceso a programas que incluyen la pedagogía y el control en el uso de métodos anticonceptivos modernos, seguros y de calidad en nuestro país. Así mismo, busca que las mujeres conozcan los beneficios de la anticoncepción de emergencia o ‘la píldora del día después’, su uso, su mecanismo de acción y demás recomendaciones profesionales que buscan asesorar a la pareja en esa trascendental decisión de traer un nuevo ser a este mundo.

Todo lo anterior es objeto de un gran debate moral-religioso, y al respecto es preciso ser respetuoso de que cada cual asuma decisiones que sean coherentes con su libre albedrío.

Pero al mismo tiempo es importante que una persona conozca sus opciones científicas y las sopese con las concepciones morales y religiosas que les sean inherentes.

La ley confiere a los colombianos la posibilidad de tomar con libertad determinaciones personales que a fin de cuentas representan la diferencia entre la llegada de un ser que viene al mundo a sufrir y otro que llega a disfrutar del entorno cálido de un hogar que está lleno de amor y preparado para recibirlo.