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Nos ha alegrado mucho la coronación como campeón mundial de Jhonatan El Momo Romero. Por la clase de persona que es, por todas las vicisitudes que ha pasado a lo largo de sus 26 años de vida y por haber escogido a Barranquilla, y a la empresa Cuadrilátero, de Billy Chams, como trampolín para hacer realidad sus sueños.

El de Momo Romero es un ejemplo de cómo se debe conducir la carrera de un boxeador. Billy Chams y Orlando Pineda lo han hecho sin afanes, poco a poco, sin adelantar los tiempos. En eso fue claro desde el día que Darley Pérez se lo presentó para que lo firmara después de su participación en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

A ambos les dijo que en un lapso no menor de tres años pelearían por un título mundial. Ya cumplió con Momo y con Daulis Prescott —quien perdió en diciembre del año pasado ante Nicholas Walters— y espera este año concretar una oportunidad para Darley, considerando esta la opción más difícil por la categoría en la que está (ligero).

Haber ganado un título mundial en las circunstancias en las que lo logró Romero tiene un mérito enorme, ya que fue al patio de su oponente —Tijuana— y allá se adjudicó una decisión, que aunque dividida, por el solo hecho de haber sido a su favor habla de la neta superioridad del púgil colombiano en el combate.

A los mexicanos es difícil ganarles y más en su propia casa. Momo Romero lo consiguió y demostró que es un campeón que puede reinar por mucho tiempo si se lo propone.

Colombia está ávida de campeones sólidos y el Momo y Luis De la Rosa, quien lo intentará el próximo 9 de marzo en Cereté, pueden comenzar a cambiar la historia.

Manuel Ortega P.
Editor Deportes