
Un Roger Federer relajado y sonriente, sin la presión de estar jugando la final de un Grand Slam, se presentó ayer en el coliseo El Campín, de Bogotá, para jugar un partido de fútbol-tenis con el guardameta colombiano Farid Mondragón.
Fue el primer compromiso de Federer en la capital colombiana.
Carismático y paciente, dispuesto a complacer a niños, jóvenes y ancianos, el número dos del mundo dejó ver sus dotes como futbolista, al cabecear y en devoluciones precisas del balón e incluso entregado al equilibrio del balón con golpes de pie, exhibición que le granjeó un sinnúmero de aplausos.
Posteriormente recibió feliz la camiseta amarilla de la selección colombiana de fútbol que le entregó Mondragón, que a su vez recibió una gorra y una camiseta con el autógrafo del que es considerado por muchos el mejor tenista de todos los tiempos.
Siguió luego un calentamiento frente al colombiano Carlos Salamanca para conocer el escenario donde posteriormente jugó un partido de exhibición con el francés Jo Wilfried Tsonga, y también dio clínicas de tenis a los niños. Efe
























