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Luis Rodríguez

No anda buscando por estos días Laura Esquivel en Barranquilla recetas de cocina, ni mirando los fogones en alusión a esa novela que la convirtió en figura de la literatura mundial, la emblemática Como agua para chocolate.

¿Dónde se consiguen películas de corte histórico y como las de Sergio Cabrera? , nos pregunta al oído esta escritora mexicana, que además fue guionista de cine.

Su brújula le indica que está en el Carnaval Internacional de las Artes, pero su norte en este momento, como desde hace tres años, es como funcionaria pública.

Dirige la casa de la cultura de Coayacán, una delegación en el corazón del D.F. con una población de 800.000 personas y que en semana se alcanza el millón por el flujo laboral que allí se desarrolla.

Laura, funcionaria. Tiene 120 personas a cargo y llega a las nueve de la mañana a la oficina. En razón al presupuesto tan limitado no dispone siempre de elementos indispensables como tóner, luz, Internet, y entonces en la tarde hace recorridos, observa los proyectos que está desarrollando 'diseñados para el momento histórico que estamos viviendo'.

Laura, escritora. Se levanta a las 4 de la mañana y trabaja en sus proyectos personales. Escribe un thriller policíaco 'de época actual . Ya tengo mucho material, estoy muy contenta'. Teclea hasta las siete de la mañana, se baña, se alista y se va para la oficina. Descripción que se puede acomodar al título de su novela Tan veloz como el deseo (2001).

Su receta cultural. Esta dama de la literatura rompe el modelo cuando de implementar cultura se trata. Pero no porque adopte una postura circunstancial. Ella fue precandidata a una diputación en 2009 y fue apoyada por la corriente Izquierda Unida. No son sus palabras, pero escuchándola se deduce: primero pan, después la cultura.

¿Qué se siente ser funcionaria pública?

Es mi primera vez y lo hago por amor a México. Creo que todos tenemos que estar desde la trinchera que sea, recuperando el país.

¿Cuáles son los ingredientes para hacer cultura desde lo público?

El trabajo debe ser, y lo hago diseñado para el momento histórico que estamos viviendo. Este es un momento de crisis, de cambio profundo, de tocar fondo en el país. A partir de ahí hay que reinventarse.

Esto aplica para todos los contextos.

En efecto, es la única manera, no solo en México sino en Latinoamérica para salir de esta crisis espantosa donde un modelo económico suicida depredador es el que está rigiendo el rumbo de los seres.

¿Cómo enfrentar esa situación desde el arte?

Solo con imaginación vamos a poder darle la vuelta a este neoliberalismo de ultranza. ¿Cómo lo vamos a hacer?, ¿cómo recuperamos la vida de las comunidades?

Pues restableciendo los vasos rotos, y lo estamos haciendo y está funcionando desde hace un año. Estoy muy orgullosa de lo que hemos logrado. El primer paso fue a través del programa ‘Ecobarrio’, que ha transformado la vida en las comunidades. Yo no podía llegar a dar talleres de poesía o de danza cuando la gente no ha comido.

¿Podría decirse que sin pan no hay cultura y viceversa?

Empezamos por concientizarnos que es posible una comunidad autosustentable y que puede haber paz y se puede desarrollar. Establecimos todo tipo de eco-técnicas con huertos verticales y en azoteas, repartimos hornos solares y ya la gente está comiendo.

¿Cuál será el siguiente paso?

Ahora, cuando ya tenemos claro la generosidad de la tierra, vendrá el trueque. Después sí vamos a leer y entraremos con un programa duro de literatura, teatro, de fomento a la lectura.

¿Qué otros puntos focales de la comunidad quiere abordar?

El concepto que se tiene de cultura es que llevemos espectáculos. Hay otros programas como ‘Rolando Rolas’ que se ha convertido en una oportunidad de estudio y trabajo. Invitamos a los que andan en la calle tirados drogándose y ya tenemos 16 bandas de música. Ahora queremos probar cómo se baja el consumo y el índice de delincuencia cuando hay un programa serio, pensado en la gente.

La misión es sembrar valores.

Es regresarle a la gente sus fortalezas, su capacidad transformadora, es decirle: tú eres dueño de tu destino, tú eliges, mentira, que, al menos tenemos que enfrentar y deshacer esta idea de que tu modelo económico decida si tú vas a ser indigente, si vas a ser indocumentado, narcotraficante.

¿Con cuánta disposición económica cuenta y cómo hace cultura si no hay recursos?

Con mucha imaginación. A mí me dan el uno por ciento, que es el presupuesto de la delegación, que no es nada, y yo con eso hago milagros, con mucha imaginación. Hay programas que no cuestan y que crean responsabilidad, como sembrar la tierra juntos, recoger la cosecha, cocinar. Eso es simple.

Implementar estos proyectos tienen una base: experiencia personal, sin ello sería difícil.

Así es, hay que tener también convicción profunda de que los seres humanos somos generosos y eso no me cansaré de repetirlo. Yo vivía en Santo Tomás, una colonia clase media baja donde todo lo compartíamos, la gente pasaba y venían a comer.

Imagino que tiene un programa ‘Tomemos chocolate con Laura’.

En la casa de la cultura hay una cocina vieja y la vamos a arreglar para estar siempre cocinando, pero no tenemos un programa que se llame así. Lo crearé en tu honor.

Por Martha Guarín