"Marvin, ¿y ahora qué hacemos?”, pregunta el personaje de Robert Redford a su jefe de debate luego de haber ganado las elecciones al final de El candidato. Es la pregunta del día aquí también: “¿y ahora qué hacemos?”. Escribo esta columna mucho antes de conocerse los resultados del plebiscito. Si ganó el No, no hay nada que preguntar pues ya sabemos lo que vendrá: lo mismo de hace 52 años. Y el uribismo ahí, convocando el odio, el miedo y el oscurantismo por la pura vanidad de su líder.

Quiero creer que ganó el Sí, lo que no significa que me dejo arrastrar por la ingenuidad de querer creer que por este solo hecho desaparecerán de un tajo, como por ensalmo, todos los problemas del país. El hambre, el desempleo, la desigualdad, el narcotráfico, Viviane Morales. Todo seguirá tal cual. Salvo las Farc, que ya no estarán aquí.

Lo que viene entonces es la implementación del Acuerdo, que no será tarea fácil.

Ahora que el quiste ha sido extirpado el enfermo debe seguir durante un largo tiempo en cuidados intensivos. Durante el tiempo en cama –especialmente, pero después también–, podrán aparecer infecciones resistentes o enfermedades oportunistas que pondrán en serio riesgo la salud del convaleciente. Hay que estar muy atento para que no haya un nuevo brote de esa misma enfermedad, pero también para que las fuerzas malignas no logren implantar su propio mal. Ni un cáncer ni otro le conviene al país.

Colombia siempre ha mutado de un odio a otro. La Violencia se inició por venganza de los godos contra los liberales y empeoró tras el asesinato de Gaitán. Ahí nacieron las guerrillas liberales. Guadalupe Salcedo firmó la paz con el gobierno y cuatro años después fue asesinado. De allí vienen las Farc y el ELN. Para evitar que vuelva a suceder hay que ejecutar el Acuerdo tal cual quedó, con las garantías políticas y jurídicas, y con la debida representatividad de todo el pueblo por igual.

En Retóricas de la intransigencia Albert Hirschman apunta “como una de las mayores deficiencias del funcionamiento de las democracias occidentales la falta de comunicación entre los grupos ciudadanos”. Y pronostica: “Un pueblo que apenas ayer estaba entregado a luchas fratricidas no es probable que se avenga de la noche a la mañana al toma y daca de esas deliberaciones constructivas”. Peor todavía: señala la existencia de un diálogo de sordos que “funcionará mucho tiempo como prolongación de la guerra civil”. Como la guerra verbal que se cuece en las redes sociales, para no ir tan lejos.

El ofrecimiento de perdón, el anuncio de entrega de todos los bienes, el 11% de favorabilidad popular: las Farc están en campaña, tal cual lo demostró Rodrigo Londoño Echeverri (no más Timochenko) en su discurso en Cartagena. Y eso está muy bien. Es mil veces preferible que aspiren al Congreso, no que sigan dando bala en el monte. Y, al igual que el uribismo, que ganen o pierdan. Pero en las urnas. Esa es la democracia.

@sanchezbaute