Hay algo que no entiendo. En junio, el negociador de las Farc ‘Carlos Antonio Lozada’ dijo que si llegara a ganar el ‘No’ en el plebiscito, las Farc no volverían a la guerra. Fue, para mí, el momento más importante del proceso de paz: la confirmación definitiva de que, pasara lo que pasara, el conflicto había terminado. ¿Por qué entonces algunos insisten en llamar “amigos de la guerra” a quienes apoyan el ‘No’? Ni el uribismo, ni los críticos del proceso no uribistas, ni las Farc, han planteado regresar a las armas. No me explico por qué esa teoría sigue vigente, a menos que sean los del ‘Sí’ quienes estén pensando, si pierden, volver a la guerra.

Lo dicho por Lozada cambia todo, pues una es cosa es votar por ‘la paz’, en abstracto —como se insinúa en la publicidad del ‘Sí’—, y otra cosa es votar por un acuerdo concreto. La paz es un bien común que todo el mundo desea, por definición. El Acuerdo, en cambio, es un conjunto de medidas jurídicas, económicas y sociales sobre las que hay hondas diferencias de opinión. La paz, al menos con las Farc, es un objetivo alcanzado: lo confirmó el vocero de la guerrilla. Ahora lo que debemos decidir es si el Acuerdo nos gusta o no. Para votar, como lo exigió la Corte Constitucional, no a favor o en contra de ‘la paz’ sino a favor o en contra del Acuerdo.

¿Considera usted que ese Acuerdo es beneficioso para el país, que propone soluciones creíbles a nuestros problemas estructurales, que es jurídicamente razonable y financieramente viable? Entonces, el 2 de octubre usted debe votar ‘Sí’. ¿Considera, en cambio, que el Acuerdo es lesivo para la nación, que le hace demasiadas concesiones a los criminales, que desfigura la justicia y es fiscalmente irresponsable? Usted deberá votar ‘No’. Así de sencillo. Sin la amenaza falaz del retorno a la violencia de las Farc, el debate por fin se puede dar libremente y sin chantajes.

Algunos lectores pensarán que no se le puede dar demasiada trascendencia a un comentario aislado de un guerrillero a la prensa. ¿Quién garantiza que lo dicho por Lozada sea verdad? Pero ese sería un golpe a la credibilidad de todo el proceso: prácticamente un argumento a favor del ‘No’. Pues, si no podemos confiar en la palabra de un vocero oficial de la organización, ¿cómo podemos confiar en que, de aprobarse, las Farc cumplirán el Acuerdo?

Es curioso que ningún miembro de la prensa ni del Gobierno se haya tomado la molestia de verificar una afirmación tan significativa y categórica como la de Lozada. ¿A quién beneficia mantenernos en la encrucijada apocalíptica de ‘paz vs guerra’? Desechada por el ‘No’ y por las Farc, la palabra ‘guerra’ hoy solo sobrevive en los labios de ciertos pacifistas. Esos que dibujan a sus contradictores como enfermos mentales y amantes de la sangre: una caricatura que insulta la inteligencia del lector.

Ahora que nos acercamos al final de esta larga negociación, en la que el bando que defendía el proceso y el bando opuesto se acusaron mutuamente de desinformar al público, quienes defienden el ‘Sí’ deberían renunciar al engaño de decir que votar ‘No’ significa volver a matarnos. Pero es más fácil vender la idea simplista y atractiva de ‘la paz’ que el espinoso contenido de los Acuerdos.

@tways / ca@thierryw.net