Independientemente de que ganara el No por escasos votos, lo realmente grave es que Colombia es un país partido en dos. Peor aún, que hasta ahora esas dos fracciones de nuestro país han tenido posturas irreconciliables. Si la posibilidad de iniciar un proceso de paz buscado durante décadas no fue un motivo de unión sino precisamente de división profunda, no se ve claramente qué podría unirnos para ser realmente una sociedad viable.
Estamos en manos de unos líderes, no solo políticos sino en todas las esferas, que nos llevaron a esta situación en donde nos engañamos unos a otros, donde el odio y la incapacidad de diálogo predomina entre todos. Ahora es el tiempo de la ciudadanía situada en uno u otro lado, porque seremos nosotros, nuestros hijos y nietos los que viviremos las consecuencias de que no se tiendan puentes para acabar con este conflicto armado que produjo tantas víctimas, tantos desplazados y sobre todo, tanta indiferencia de quienes no lograron poner a las víctimas por encima de sus intereses personales. Los resultados del domingo anterior muestran no solo la polarización entre el Sí y el No, sino la profunda grieta que hay entre el país económico, en el centro, y el resto, el país de la periferia.
Los ciudadanos de uno y otro lado debemos retomar la paz, no como una campaña política, como desgraciadamente sucedió con el plebiscito, sino como el derecho humano innegociable de vivir en paz. Fuimos tibios los del Sí y arrogantes los del No. Y con esas dos actitudes, la ciudadanía ha perdido la oportunidad de su vida para acabar con esa política que tanto daño le ha causado a la sociedad colombiana.
Pero estamos a tiempo. Si falla la sensatez de quienes tienen el mando en el país, los ciudadanos de los dos bandos debemos actuar. Ya Santos no cayó en la trampa de dejar sus deberes como Presidente elegido democráticamente, como lo sugirieron algunos de los del No; las Farc, han reiterado su voluntad de continuar el proceso. Solo falta ver si el Centro Democrático, especialmente su líder único, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, tiene la grandeza de sentarse a conversar y cumplir su promesa de hacerlo. El No, no esperaba este resultado y estaba acostumbrado a atacar y ahora tiene que demostrar que la paz sí es realmente su objetivo y está dispuesto a sentarse a dialogar. Si esto no sucede, los ciudadanos de este país, todos, tenemos que demostrar que la paz sí es nuestro mayor deseo y que estamos dispuestos a lograrla con acuerdos sensatos entre las partes. La paz no es un tema político, es un derecho ciudadano.
Una gran y dura lección es la profunda debilidad de nuestra democracia: 2/3 de su población se abstiene de participar. Y un mensaje para la Región Caribe: ¿Les vamos a dejar las decisiones del país solo a los paisas? Porque Antioquia fue definitivo en el triunfo del No. Crisis de liderazgo en nuestra Región y un erróneo concepto del voto.
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