Las noticias nuevamente vuelven sobre el tema de interceptaciones ilegales en Colombia, con la diferencia de que ahora el país atraviesa por un delicado proceso que apunta a la firma de un acuerdo de paz con las Farc.
La reveladora información de un laboratorio de espionaje prendió las alarmas sobre las certezas que se tienen entre los discursos y las acciones del gobierno, y la probable capacidad que tienen sectores para sabotear toda intención de ponerle fin al conflicto armado.
Posterior al descubrimiento de las chuzadas, una vez más visibilizado por la prensa, se desató un torbellino de señalamientos. Mientras algunos sospecharon inmediatamente de Uribe, el más explícito opositor de los diálogos de La Habana, los candidatos uribistas no tardaron en responsabilizar al mismo presidente Juan Manuel Santos.
Por su parte, la delegación de las Farc en la mesa de dialogo emitió un comunicado en el que se pregunta “ ¿Quién chuza a quién? ¿‘Sala gris’? ¿‘Andrómeda’? ¿Quién espía a quién? ¿Quién manda a asesinar a quién, y por qué?”
Otra vez fueron los medios de comunicación los que divulgaron información sobre los hallazgos en los computadores que había allanado la Fiscalía, y desde los cuales, al parecer, no solo se habían espiado funcionarios y voceros de la mesa de diálogo, sino líderes sociales y partidos políticos, y se habían interceptado comunicaciones sin una orden judicial que lo respaldara.
Santos está en una encrucijada. Por un lado están sus apuestas públicas y por otra estaría el verdadero control que tiene sobre el Ministerio de Defensa. Por un lado existe un interés por reparar a las víctimas y ponerle fin al conflicto armado, y por otro parece continuar con los propósitos guerreristas del gobierno anterior. Quién tiene el control. Quién es el verdadero capataz de esta finca. A quién le copia el Ministro de Defensa.
Construir paz en medio del conflicto requiere el establecimiento de unas mínimas certezas. A qué jugamos, presidente. Porque venderle un discurso de paz a un país saturado de desangrase y actuar de manera contradictoria es vender falsas esperanzas. Pregúntele a su ministro de Defensa qué quiere.
Pregúnteselo a sus altos mandos militares. Revise si siguen extrañando la mano “dura y el corazón grande” o si realmente le están apostando a lo que usted le apuesta. Pregunte si quieren seguir paranoicos, viendo guerrilleros por todas partes, disparando hacia todos lados, o si están dispuestos a medírseles al camino difícil y decente que significa la construcción de la paz.
Se esperaría que la capacidad de gobernar del presidente Santos alinee a sus ministros y a las fuerzas armadas con los intereses de su gobierno. Sin embargo parecemos estar ante un Estado esquizofrénico, escindido, peligroso, incierto.
El sector que se alimenta de la guerra es enemigo de todos aquellos que trabajan por la paz. Ninguna defensa del derecho a la inteligencia debe insultar la inteligencia de los colombianos, y menos de aquellos que exponen sus vidas intentando construir alternativas para ponerle fin al conflicto armado.
Se necesitan garantías para seguir avanzando, que todos los perros furiosos tiren el carruaje en el mismo sentido y que no volteen el hocico en medio de la noche para morder a la mano que supuestamente los guía hacia la paz.
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@JavierOrtizCass








