Jamás he votado por ningún político en este país, ni para la presidencia ni para cualquiera de las corporaciones públicas. Mi razón es simple: no le creo a ninguno. No creo en caudillos, no creo en partidos políticos, no creo en egos individuales o partidistas, no creo en elecciones amañadas, no creo en promesas engañosas y mucho menos en el voto de un país políticamente ignorante y manipulable.
Se me otorgó la mayoría de edad en 1971 a los 21 años, porque en los 70 esa era la edad en que el Estado asumía que estábamos capacitados para ser sujetos maduros y votar con responsabilidad. Desde entonces, me he sentado frente al televisor a escuchar con toda atención a los candidatos para enterarme de sus propuestas y analizar, desde mi lógica de ciudadano del común, su viabilidad y cumplimiento. La historia se ha encargado de demostrarme con cada elección que debo mantenerme en mi posición de no participar en unos comicios que tienen demasiados vicios, según consta en la información que registran los medios periodísticos.
Me ha tocado en más de una ocasión ser jurado de elecciones, en alguna fui presidente de mesa y aproveché para hacer uso de mi derecho democrático. Voté en blanco, por supuesto, y le seguí la pista a estos votos para ver qué pasaba con ellos. No pasó nada, los votos en blanco no representan nada en este país.
Hoy, las circunstancias de Colombia me ponen frente a una situación que nunca pensé que pudiera presenciar, la firma de unos acuerdos mínimos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc, a partir de los cuales empezar a construir un país diferente al de los últimos 50 años, los cuales deben ser refrendados mediante un plebiscito de tipo popular. Si soy coherente con mis ideas políticas, en el sentido de votar por algo que para mí sea de verdadero valor en beneficio de toda la polis, debo asistir a las urnas para consignar por primera vez un voto que no es para ningún individuo o partido político.
Yo voy a votar Sí por el inicio de un proceso de paz duro, largo, difícil, de reconstrucción de una nación que ha sido golpeada de manera persistente moral y físicamente con la pérdida de tantas vidas, por culpa de una guerra que nunca debió suceder, no importan las razones que pueda esgrimir cada parte para justificar su participación
Sigo sosteniendo que prefiero una paz imperfecta que detenga el exterminio de tantas vidas, que seguir matándonos en una guerra que en estos momentos, está demostrado, no va para ningún lado. Ni la guerrilla se va a tomar el poder a punta de fusil, ni el Gobierno acabará con la guerrilla de un día para otro. Es un limbo político y militar que puede durar muchos años más.
Debo averiguar dónde inscribo mi cédula, porque no lo sé, para no perderme este momento histórico en el que quiero participar para sentir que, por fin, hice uso de mi derecho al voto y valió la pena.
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