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Manuel Sánchez, cofundador de el Festival Internacional Caribe Cuenta.
Luneta 50.
Teatro

“La narración oral es un arte de la cercanía”

Cuatro participantes del XXIII Festival Internacional Caribe Cuenta explican cómo desarrollan su oficio en la pandemia.

“Nosotros arrancamos por el placer que sentimos de escuchar cuentos”, dice Manuel Sánchez cuando se le pregunta por los orígenes del Caribe Cuenta, encuentro de narradores orales que debido a la pandemia llegó a su vigesimotercera edición en formato virtual y radiofónico. “Como nos encanta escuchar cuentos, también pensamos y sentimos que a la gente le encanta escuchar historias”, añade refiriéndose a lo que lo motivó a fundar junto con la editora y comunicadora Zoila Sotomayor uno de los festivales de cuenteros con más trayectoria en Colombia, pionero en su tipo en la Costa. 

Según Sánchez, la práctica de la cuentería se ha ido “extinguiendo” gracias a la radio, la televisión y otros formatos que “desplazaron” a la narración oral. En las casas no confluyen con frecuencia los abuelos, tíos, madres o padres que cuentan historias a los demás: “Todos estamos ocupados o trabajando”. El encierro de la cuarentena, cree Sánchez, brinda la oportunidad de volver a contar y escuchar.  “La cuarentena nos dice que hay que parar”. Tanto así lo piensa, que dudaron en seguir adelante con el evento, pero después de pensar en “el compromiso” que tienen como sala” y de un proceso de adaptación, el Caribe Cuenta decidió celebrar su aniversario 23 como lo permiten las circunstancias.

El ‘abrazo’ del público

Además del riesgo de la “extinción”, está el hecho de que hoy los artistas no pueden estar ante un público presente, por las restricciones sanitarias. Martha Escudero, una de las narradoras invitadas al Caribe Cuenta 2020, reflexiona al respecto: “El narrador oral cuenta con el público, no para el público. Si no tenemos al público presente, respirando y calentando el mismo aire que nosotros respiramos y calentamos, para mí es complicado”. La cuentera nacida en México añade: “Pero tenemos que adaptarnos a la situación en que vivimos. La narradora o narrador, como artista escénico que es, tendría que tener los elementos y herramientas necesarias para poder transmitir su emoción a través de un video, las redes y los canales de internet”.

Aldo Méndez, cubano con más de 25 años de trayectoria, nominado al Grammy Latino 2016, dice que la dificultad ahora reside en “lograr construir ese abrazo real que se construye con el público”. En la transmisión online, “no siempre los ojos están atentos, hay un retardo en la información y las respuestas, y eso hace que los procesos no se muevan al mismo compás”. Los tiempos de ejecución son otros: se exige mayor brevedad. “Entonces te quedas como huérfano, como vacío, carente de esa abrazo que se construye y que es la finalidad del acto de contar historias y compartirlas con los otros”, explica.

Martha Escudero, narradora oral.

Para María Paula Rubiano, bogotana y una de las ganadoras del II Concurso Nacional de Cuenteros Universitarios de El Caribe cuenta 2020, la situación “es complicada” ya que desde la pantalla no puede ver las reacciones que tiene el público al momento de escuchar la historia, lo cual es fundamental en la narración oral. “Sin embargo, considero que las personas necesitan de esta tradición, sobre todo en un momento tan caótico como lo es la pandemia”. Por ello, María Paula dice que “es fundamental el manejo que se le da a los medios audiovisuales, las luces, la corporalidad del narrador a la hora de contar. Todo con el fin de que la grabación tenga varios componentes que atrapen al espectador en vez de aburrirlo”.

El cuentero cubano Aldo Méndez.
Sala cerrada

Luneta 50 es la fundación cultural a cargo del Caribe Cuenta. Desde 1996 realiza proyectos de formación de públicos con espectáculos de teatro, música, circo, danza, etcétera. Ubicada en el norte-centro histórico de Barranquilla (carrera 63 # 58-44), en los alrededores de su sede hay tiendas, casas  familiares, casonas viejas del barrio Bellavista y espacios culturales independientes. 

A raíz de la pandemia cerraron sus puertas en marzo. El aforo máximo de su sala, de 50 personas, llega a 90 en las plataformas virtuales, sin contar a los que eventualmente se suman por diferido. El problema, señalan, es que cuentan con gastos fijos en su espacio físico y la virtualidad eliminó la boletería; hay donaciones voluntarias, pero, según Manuel Sánchez, de cada 60 espectadores, al menos cinco o seis hacen un aporte económico.

Este año el evento reúne 45 cuenteros profesionales, y alrededor de 10 niños y jóvenes de colegios y universidades del país. Para la realización reciben 10 millones por parte del Ministerio de Cultura, “un aporte ridículo para una actividad como esta”, dice Sánchez. Enfatiza que “los principales aportantes son los artistas” y la “red de afectos” que han construido en su trayectoria con cuenteros y festivales nacionales e internacionales.

María Paula Rubiano, una de las ganadoras del II Concurso Nacional de Cuenteros Universitarios.
Romper la barrera

Me encanta llegar antes y ver cómo es la sala, a qué huele, qué fantasmas la habitan, ver qué traen los ojos, el cuerpo, la mirada”, dice Aldo Méndez, para quien la cuentería es inseparable del auditorio, que ahora está en las pantallas. En todo caso, reconoce que la dificultad siempre ha sido parte del oficio. “Lo más difícil es quizá lo más bonito, que siempre la experiencia es nueva, por mucho que tengas estructurada la historia”.

Sobre la puesta en escena virtual, observa que “hay gente que está implementando mil maneras de contar, haciendo pequeños cortos, editando, mezclando, sobreponiendo imágenes, trabajando con luces y sombras, jugando con la fotografía con resultados loables, pero no siempre logran traspasar la barrera y construir ese espacio de relación afectiva que es la narración oral”. Y agrega: “La narración oral es un arte de la cercanía, es un arte que se construye siempre en relación con el otro”. 

“Creo que lo importante es entender que estamos trabajando con otro lenguaje, que es el lenguaje audiovisual”, reflexiona Escudero. La cuentera mexicana suma más de dos décadas narrando para todo público y a veces acompañada de música. Advierte que hay poca paciencia durante las transmisiones, en las que predomina la inmediatez.

“Una narradora tiene que ser capaz de crear frases e imágenes interesantes, inquietantes, para que el público quiera quedarse. Hay que ir repitiendo y cuidando esta situación cada 20 segundos, cada minuto es fundamental en el momento en que se narra a través de una cámara o en las redes”.

En ese “juego de engatusar y de convidar al público”, como dice Aldo, en el que se establece “una relación o complicidad” con los espectadores –en palabras de Martha–, y que a María Paula le ha permitido encontrar “muchos talentos escondidos en Colombia”, se sumergirán los narradores y narradoras del Caribe Cuenta 2020 los viernes y sábado del mes de agosto hasta el día 22, en un escenario online que se ha vuelto tan exigente o más que el presencial.

Programación

Todos los eventos del Caribe Cuenta 2020 tienen acceso gratuito a través de las redes virtuales de la Fundación Luneta 50 y en radios comunitarias. En esta edición presenta historias para público infantil y adulto sobre la relación del humano y la naturaleza. Cuba, México, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Francia y Camerún hacen parte de los países invitados.

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