El Heraldo
Sucre

Wineyda lucha contra una enfermedad huérfana

Su condición de extranjera no le ha permitido acceder de manera oportuna a los servicios de salud en el país y tener mejor calidad de vida.

La abundante masa corporal –más de 160 kilos–que en los últimos 5 años ha acompañado a Wineyda Franco Palencia le han ‘paralizado’ su vida.

“Quise terminar mis estudios y trabajar para ayudar a mi familia a salir adelante, pero no he podido. Siento que he perdido los mejores años de mi juventud”, dice la joven de escasos 25 años.

En su vida alimentarse o no da lo mismo, su masa corporal aumenta sin control dado que es una de las pocas personas que en el mundo sufre de la llamada enfermedad de Gucci o síndrome de Cushing, que es un trastorno hormonal causado por la exposición prolongada a un exceso de cortisol, hormona producida por las glándulas adrenales.

Aunque la ingesta de medicinas con hormonas sintéticas para tratar una enfermedad inflamatoria conduce a este síndrome ese no es el caso de Wineyda, porque hasta los 15 años, cuando su vida transcurría normal, no le daba ni dolor de cabeza, por lo que no tenía razones para medicarse.

De un millón de personas en el mundo solo dos o tres reciben un diagnóstico de esta enfermedad cada año, lo que indica que su riesgo de desarrollo es bajo.

Eneida Margarita Palencia, la mamá de Wineyda, recuerda, al igual que ella, que hasta los 15 años era una adolescente feliz como cualquier otra en el estado Zulia (Venezuela), de donde son nativas, pero de un momento a otro la segunda de sus 5 hijos empezó a engordar sin que su alimentación diera pie para ello. En razón a esto la entonces adolescente iba al gimnasio y hacía dietas sin resultados positivos, por el contrario, cada vez tenía más peso.

La crisis en Venezuela se empezó a evidenciar y Wineyda no tuvo opción alguna de acudir a los médicos. Su peso seguía aumentando y hasta ese momento llevaba una vida normal, pero preocupada por no saber qué pasaba en su organismo. Al cumplir los 18 años le dijo a su mamá que viajaría a Colombia en busca de ayuda médica, de un primer diagnóstico, y en efecto llega a Barranquilla, donde viven unos familiares, y una médico que la trata, con ayuda de la Cruz Roja, es quien le detecta el síndrome de Cushing, le dice que necesita un tratamiento, pero lo primero que debe hacer son los trámites que le permitan acceder al sistema de salud en Colombia.

Ya con ese diagnóstico y ante la grave situación que afrontan en su país de origen, la familia conformada por los padres y 5 hijos decide venirse a Colombia como muchas otras que han huido de la crisis en Venezuela, y se asentaron en el municipio de Sucre-Sucre, la población más alejada del departamento que lleva el mismo nombre y donde habitó el nobel Gabriel García Márquez.

Cuando Wineyda pisa tierras sucreñas, en noviembre de 2016, tiene 20 años y un peso de 100 kilos. A la fecha tiene 25 años y más de 160 kilos.

“Esta es una enfermedad que me ha ido evolucionando, con cada día que pasa aumenta mi peso, ahorita estoy pesando más de 160 kilos”, dice.

No poder desplazarse de un lado a otro con facilidad, no poder estudiar, salir a divertirse y ver que su problema de salud no era tratado son situaciones que agobiaban a la joven y a su familia, que en medio de la pandemia por la covid-19 dejaron al descubierto ante sus vecinos en Sucre-Sucre cuál era el verdadero calvario de Wineyda: que su obesidad no era por su alimentación, sino por una enfermedad huérfana.

Es así como una vecina enterada del caso le hace saber al líder del pueblo y periodista Obman Campo Bueno lo que estaba ocurriendo.

Este ciudadano que le hace honor a su segundo apellido fue a visitar a la familia Franco Pineda y con el permiso de los mayores realiza el primer video que sube a sus redes sociales con la intención, inicial, de despertar la solidaridad del pueblo para lograr unas ayudas.

En ese momento lograron más que eso. No solo una cama y un colchón amplio para Wineyda, sino también muchas cosas más, entre ellas un caminador y el préstamo de una casa en la Urbanización San Carlos, donde hoy habitan y que se ajusta a las necesidades de desplazamiento y de estar de la joven.

La lucha por mejorar su estado de salud tampoco se detuvo y por eso logran el permiso de permanencia, y con ello que Cajacopi le brinde la atención que necesita. La sometieron a exámenes médicos y el pasado 15 de octubre le realizaron en Barranquilla la resonancia magnética que desde hacía 5 años ella esperaba, pero lo mejor estaba por venir.

Una conversación con un periodista del departamento de Sucre llevó a Obman Campo Bueno a poner en conocimiento de la Fundación Gorditos de Corazón, situada en Medellín y liderada por Salvador Palacios, la situación de Wineyda, que fue admitida y pronto inicia su proceso para bajar de peso y tener una mejor calidad de vida.

Las expectativas de Wineyda y de su familia con Gorditos de Corazón son muchas, ella espera volver a tener un peso normal y continuar con sus estudios de contabilidad, de los cuales cursó dos semestres en la Universidad de Zulia, “y estar presta a ayudar a todo el que lo necesite así como me han ayudado a mí. Tengo muchas esperanzas puestas en la Fundación Gorditos de Corazón y tengo fe en Dios que me va a renovar”.

La mamá de la joven también espera que los tratamientos que le van a realizar le ayuden no solo a bajar de peso, sino también a superar otras enfermedades como el debilitamiento de los huesos que en ella ya le produjo una fractura de cadera, lo que no le permite además movilizarse sin ayudas.

Destaca el inmenso corazón y la nobleza de su hija, además de la personalidad que no la ha dejado vencer ni avergonzar por su apariencia física.

“Gracias a todas las personas que nos han ayudado y más en estos momentos difíciles de la pandemia. Estábamos muy angustiados, hasta llorábamos, pero las cosas gracias a Dios están mejorando y van a mejorar más”, anotó Eneida Margarita Palencia.

Obman Campo Bueno está tan feliz como la joven y la familia de esta por haber contribuido en el inicio de su proceso de mejoramiento de su salud y su calidad de vida.

“Estas acciones ratifican el compromiso social que como líder y periodista siempre he tenido no solo para con los habitantes de mi Sucre-Sucre, sino con todos los que me necesiten”, anotó Campo, quien de paso le agradece a las personas de buen corazón que siempre se han unido a sus campañas en pro de los más necesitados.

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