El Heraldo
La belleza y alegría de la mujer de la Región Caribe se impuso en el desfile de fandangueros. José Luis Cruz
Sucre

En agosto se encuentran el porro y el fandango

Los grupos, conformados en su mayoría por nativos, convocaron a participantes de la Región Caribe.

Los redoblantes, trombones, clarinetes, trompetas y bombos se lucieron ayer, como ha ocurrido en agosto de los últimos 29 años. Sonaron juntos para no dejar morir dos de los aires más representativos de la sabana: el fandango y el porro, que se señorearon en la cadencia de las bailadoras provocadas por sus parejos en el Encuentro Nacional de Bandas.

Por lo menos 500 de estos últimos partieron desde el cruce de las avenidas Luis Carlos Galán y Ocala, de Sincelejo, en 25 comparsas. Ellas, ataviadas con largas y vistosas polleras, blusas cerradas de las que el jolgorio se las arreglaba para salir desde las entrañas del alma caribe, rostros pintados de alegría y pasión, y tocados primaverales y hasta alegóricos a la música de banda, vecinos del calor de las velas.

Ellos, con camisas manga larga, pantalones sueltos, mochilas terciadas e imponentes sombreros vueltiaos.

No faltó nada material. La aparición del inconfundible estallido del éxtasis, cuyas cómplices fueron poderosas gargantas, era inminente: ¡aiyiyi, aiyiyi, aiyiyiyiiiiiiiii! Y el guapirreo contagió de júbilo a centenares de espectadores.

Los grupos, conformados en su mayoría por nativos, convocaron a participantes de la Región Caribe.

"Con esto rescatamos la cultura sincelejana, el porro y el fandango, nuestras tradiciones, nuestro pasado que sigue vivo y dispuesto a transmitirlo para las nuevas generaciones", afirma Natanael Contreras González, presidente del Encuentro Nacional de Bandas del Club de Leones Sincelejo Sabanas.

Después de recorrer la Avenida Luis Carlos Galán, los fandangueros se enrumbaron por la carrera 20 hasta encontrarse en los alrededores del Parque Santander y de allí bailar hasta la legendaria Plaza Cultural Majagual.

Al pie de la Catedral San Francisco de Asís se le rindió homenaje al porro y el fandango.

Pero antes de pisar ese escenario, comparsa por comparsa, frente a la mirada perenne de Pola Becté --la fandanguera mayor-- afrontaron la que después del juez soberano, el pueblo, los repararía con sigilo para decidir el nombre de los mejores: el jurado.

Los participantes se distinguían en dos categorías: la estudiantil en las modalidades tradicional y de fantasía, con dos inscritos cada una; y la categoría de mayores, en las mismas dos modalidades con 12 inscritos en la primera y nueve en la segunda.

El juez oficial lo representaron Leonardo Ortega, coordinador de Cultura de la Corporación Universitaria del Caribe Cecar; Lisandro Polo, director del grupo Tambó, de Barranquilla (Atlántico); los también expertos en folclor, Óscar Lara y Carlos Pérez Méndez; y Yesni Álvarez, representante legal de la Asociación de Danzantes de Sucre (Adansar).

Entre el cúmulo de bulliciosos ejecutantes de los ritmos locales, ellos deliberaban al cierre de esta edición entre los siguientes aspectos: taller inductivo (10%), patrón de vestuario y parafernalia (20%), creatividad y ejecución coreográfica (30%), expresión facial, corporal y marcación de ritmo y pasos básicos (30%) y acople musical (10%).

Los mejores exponentes eran premiados anoche en la Plaza Cultural Majagual con una réplica en miniatura de Pola Becté. En el cierre de Encuentro también eran premiadas los mejores intérpretes de música de banda. Y para despedirse de un agosto más en el que los instrumentos de viento y percusión confabularon en favor de la cultura sabanera, y esperar su siguiente aparición, el público se deleitaba con la interpretación en tarima del cantante Juan Piña, el hijo de San Marcos.

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