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Sucre

Año Nuevo entre las aguas en Sucre

Cientos de familias recibieron el 2022 con el agua por arriba de los tobillos, en condiciones precarias de vida y con muchas necesidades en su diario vivir.

Cientos de familias nativas y residentes en poblaciones de las subregiones San Jorge y Mojana, en el sur del departamento de Sucre, tuvieron que pasar la fiesta de Año Nuevo por fuera de sus casas, y lo peor, rodeadas de las aguas del río Cauca, que desde finales de agosto irrumpieron en sus poblaciones y aún siguen en ellas.

Si bien la temporada de lluvias cesó, la retirada de las aguas no se ha dado porque el Cauca sigue vertiéndolas desde Cara’e Gato, el punto en San Jacinto del Cauca donde se abrió un boquete de más de 400 metros desde la noche del 27 de agosto y que el Gobierno nacional, a través de la Unidad de Gestión del Riesgo, pretendió cerrar, pero sus esfuerzos no han sido suficientes.

Tan fracasada estuvo esa obra, por un valor contratado superior a los 20 mil millones de pesos, que la Unidad, que cada viernes entregaba reportes de los avances en su página web, dejó de hacerlo desde hace cerca de dos meses, tiempo en el que estas entraron en una fase de parálisis sobre la que nadie se pronuncia.

La movilización en varios municipios solo es posible a través de canoas.

Roviro Díaz, alcalde de Guaranda, confirmó que la pasada Navidad y Año Nuevo  sorprendió en medio de las aguas y sobre tambos a los habitantes de las veredas El Humo, El Humo I, Candelaria, Altos de San Matías y Los Arrastres. En esta última zona hay un chorro y por eso hay trabajos para su cierre.

En San Benito, la población más afectada del San Jorge y la que más cuerpos de agua posee, la situación de calamidad de sus pobladores es similar a la que afrontaban desde octubre. Algunos están alojados en colegios, otros en fincas y los demás sobre la vía San Marcos-Majagual.

En la tierra del Cristo Negro Milagroso, las aguas de la zona urbana se han retirado y dejaron, además de una gran suciedad, muchas pérdidas en las familias que residen a la orilla de la ciénaga que desbordó las aguas.

“Ahora tenemos las casas sucias, muy húmedas y hasta débiles porque las aguas estuvieron reposadas en ellas mucho tiempo y la verdad es que da miedo que se nos caigan”, cuenta una damnificada.

Las familias que salieron de las zonas rurales se hospedaron en unas casas que forman parte de un proyecto de vivienda que no les ha sido entregado a sus verdaderos beneficiarios. Aseguran haber pasado una Navidad secos, no solo sin estar inundados, sino también sin alimentos por montones, como en sus sitios de origen, y sin poder estrenar ropa y sus hijos juguetes.

Una mujer de la tercera edad a bordo de una de las canoas.

“Han sido más de cinco meses sin producir nada y por eso no tuvimos una buena Navidad”, relata una madre de familia.

En Sucre-Sucre, y en especial en la zona urbana, las inundaciones siguen como en sus primeros días. Los pobladores de los barrios La Luz y Urbanización San Carlos se salvan de tener las aguas dentro de sus casas, pero las calles son un río donde solo es posible transitar en canoas.

Este Año Nuevo en medio de las aguas “es lo más maluco” que ha pasado en su vida Maritza Mendoza, a quien por cuenta de una emergencia similar a la ocurrida a finales de este año Gestión del Riesgo le construyó una casa en la zona urbana, en la Urbanización San Carlos, y no en el corregimiento Orejero, donde celebraron la Navidad con los pies sobre la tierra porque están secos, mientras ella estuvo encerrada en la casa por estar inundada.

Esta inundación descubrió una vez más lo que el líder y veedor Obman Campo Bueno había advertido desde un principio, indicando que “la zona donde construyen esas casas es un área de ciénaga que se inunda”.

El agua rodea muchas de las casas palafíticas de los municipios sucreños.

El tiempo ha dado la razón y Maritza se duele y se le aguan los ojos al rememorar las penurias que ha tenido que afrontar con su familia en la zona urbana donde no hay de dónde tener los alimentos para el día a día, y de paso está inundada en Navidad y fin de año.

“He pasado aquí las dificultades más grandes del mundo porque nosotros vivíamos en Orejero, hubo una inundación y se nos cayó la casa y entonces nos dieron la casa fue acá, pero yo no hubiera querido esto sino en mi propio corregimiento, porque allá uno no pasa trabajo, allá hay fuentes de vida, uno se sustenta allá con el pescado, pero acá ni yo ni mis hijos tenemos trabajo”, anota Maritza Mendoza.

En similares condiciones a las de esta mujer están otros habitantes del sur de Sucre, entre ellos Jáider Manuel Gálviz Polanco, quien asegura que van a cumplir seis meses de estar en medio de las aguas y los gobiernos solo les han asistido con la entrega de “dos mercaditos que abastecen solamente una semana del sustento de una familia”. “No podemos dejar las casas solas e irnos para otra parte porque los amigos de lo ajeno llegan y se nos llevan todo lo poco que tenemos”, dice el hombre, que residía en el barrio El Zulia, que ahora está seco, por lo que anota que la enfermedad resultó ser más mala que el remedio.

Otro que habitaba esa antigua zona y fue reubicado en casas palafíticas de San Carlos es Víctor Ricardo García Tovar, quien anota que lo que les han hecho es un perjuicio y que el regalo de Navidad que tuvo él y su familia fue estar inundado.

“Aquí esperamos el año nuevo en las mismas condiciones que la Navidad, entre las aguas, y con la indiferencia de los mandatarios en la solución a este problema. Nos dieron dos mercaditos y se olvidaron de nosotros”.

Uriel Anaya Fuentes, que habitaba en Quita Sueño, reprocha que no les hubiesen construido su casa en esa misma zona, sino en el área urbana.

“Nos han hecho pasar una Navidad inundados, como nunca había ocurrido. Vamos para seis meses de estar en medio de las aguas y los gobiernos nos han olvidado. Yo espero que en el año nuevo nos colaboren con algo para sobrevivir”.

Como estas personas hay muchas más en Caimito, Colosó, Coveñas, Galeras, Guaranda, Majagual, San Benito, San Marcos y Sucre-Sucre que suman 83.328 damnificados por la ola invernal de mitad de este 2021.

Andrés Vivero León, director encargado de la Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo, Atención de Desastres y Cambio Climático, asegura que, aunque está aprobado el retorno a la normalidad, ello no quiere decir que las inundaciones hubiesen cesado y que ellos dejaran, como gobierno, de trabajar por estas personas.

Por el contrario, van a continuar las acciones en beneficio de estas familias, algunas de las cuales recibieron la Navidad en tambos nuevos, gracias a la madera que les fue entregada, en especial en Isla del Coco y Orejero, en Sucre-Sucre. Prometió que al comenzar este 2022 les entregarán una asistencia humanitaria.

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