Sociedad

En video | Dos testimonios de fuerza y adaptabilidad

Enrique Pérez, perdió sus piernas en un campo minado y Carlos López, sordomudo, cuentan cómo se han adaptado a la realidad a la que le sacan ventaja.

La vida de Enrique José Pérez se partió en dos el 5 de enero de 2007. En el desarrollo de un operativo de rescate de un secuestrado por las FARC perdió sus extremidades inferiores.

Mientras el país celebraba el escape del exministro Fernando Araújo Perdomo, Enrique vivía una historia diferente.

Este hombre, quien actualmente tiene 42 años, era miembro activo de la Armada Nacional adscrito a un batallón de contraguerrilla en Corozal, Sucre.

Recuerda como si fuera ayer esas horas. Un día antes había participado en un combate contra grupos al margen de la ley y en la mañana de la fecha en mención el panorama se repetía.

“Ese día, muy temprano, empezaron los combates nuevamente”, evoca.

A su mente llega el recuerdo del preciso instante en el que iba avanzando en medio del operativo cuando miembros de la desmovilizada guerrilla de las FARC activaron un “campo de aniquilamiento” o minado.

Fue llevado hasta el Hospital Naval de Cartagena y bajo un diagnóstico reservado los especialistas no tuvieron alternativas diferentes a tener que amputar sus dos piernas.

La incertidumbre de ese momento se apoderó de quien hasta ese momento era miembro activo de la Armada, pero aunque mutilaron sus piernas, su esperanza, según él, se mantuvo encendida.

Asimiló desde ese instante que su vida había cambiado para siempre y que en sus manos quedaba la decisión de echarse a la pena o de aplicar a cabalidad el término resiliencia y demostrar tener la capacidad de superar esa traumática circunstancia.

Optó por la segunda y a pesar de que ya no contaba con sus extremidades inferiores dice haber mantenido la fe intacta y sin resentimiento, aunque parezca increíble.

He aprendido mucho de esta experiencia. A ser paciente, tolerante y valorar mucho más lo que nos rodea. A raíz de esa pérdida he ganado mucho y sé que mucho puedo dar”.

Sobre el perdón considera que la sociedad colombiana debe trabajar en ello. Él, recalca, ya perdonó a los causantes de su amputación.

Yo perdoné y ese fue mi remedio para salir adelante. Solo alguien que haya sufrido los horrores de la guerra puede entenderlo”, plantea.

Si algún día se le presentara la oportunidad de ver frente a frente a uno de los responsables del atentado que sufrió, él sin titubear, y aunque parezca extraña la respuesta, le diría “gracias”.

“Mi vida cambió para bien, por más extraño que suene. Hoy tengo paz en mi corazón a pesar de las heridas de la guerra”.

Parte de la historia de Enrique será narrada en un cortometraje llamado Mineland, que se estrenará en diciembre en el We Cam Fest.

Enrique Pérez en una jornada de terapias. Orlando Amador
Sobreviviendoen pandemia
Carlos López sosteniendo sus soportes. Orlando Amador

Mucho se ha hablado sobre reinventarse o adaptarse a la nueva realidad que nos ofrece el mundo por causa de la pandemia de Covid-19.

Carlos Enrique López tiene problemas de audición. En un oído solo tiene capacidad para escuchar un 40% y en el otro 50%, así lo explica él mismo usando sus manos y gesticulando con su rostro.

Desde muy niño a sus padres les confirmaron que era una persona con sordera y a su vez tuvo problemas con el habla, aunque aprendió a leer los labios.

La vida lo llevó a trabajar por 10 años como mototaxista hasta que unos delincuentes hicieron de las suyas y se llevaron su moto, lo que en ese momento era su único sustento.

Mientras se desempeñaba manejando la moto sus compañeros le ayudaban con los pasajeros explicándoles que Carlos Enrique era una persona con discapacidad auditiva y del habla.

Después de ahí empezó a buscar trabajo en otras partes, pero no lo contrataban porque no se había graduado ni de bachiller. Vendiendo sopas de letras en los buses logró ahorrar un poco de dinero para poder validar la secundaria.

Con el paso del tiempo lo contrataron en una empresa de producción de vasos plásticos como operario. Todo iba bien hasta que se dio la pandemia de Covid-19 y Colombia entró en cuarentena.

Hace dos meses otro percance golpeó la vida de Carlos. Su próstata creció mucho y esto le dificulta orinar con normalidad, por lo que fue necesario instalarle una sonda.

Una hija de Carlos lo ayuda en la comunicación para que él pueda explicar que desde hace algún tiempo ya venía sufriendo de cálculos renales, pero no pensó que la situación se le fuese a tornar de esta forma.

No puede regresar a trabajar porque su estado de salud actual no se lo permite, pero es consciente de que debe sobrevivir de algo y fue por ello que viendo algunos tutoriales de Youtube desarrolló un emprendimiento desde su casa.

Carlos fabrica con sus manos soportes para celular. Empezó por la necesidad de tener sustento para su hogar y pagar sus deudas.

“Prefiero hacer esto que es un trabajo honrado”, recalca Carlos entre señas.

Lo que veía en redes sociales le parecía interesante, pero no le gustaba. Pensaba en que estos soportes debían ser resistentes al agua, por lo que descartó hacerlos de madera u otro material.

Su materia prima la consigue cerca de su vivienda, en el barrio Montes, la compra haciendo “maromas” con el presupuesto de la comida, pero poco a poco recupera la inversión.

En ese mismo sector donde vive varios amigos y conocidos le han comprado su trípode para celular, más por su tremenda utilidad, que por hacer una “obra de caridad”.

Uno de los sueños de Carlos es sacar este emprendimiento adelante y demostrar que las limitaciones solo se encuentran en la mente.

“Me gustaría tener mi propio local, tener mis propias cosas para vender, para poder sostenerme a mí y a mi familia”.

Carlos y Enrique coinciden en que las demás personas no deben verlos con ojos de lástima porque al igual que los demás tienen todas las capacidades para salir adelante por sus propios medios.

Los dos, a su manera, son enfáticos en que su condición no los hace inútiles y que su trabajo habla por sí solo. En una época en la que la palabra reinventarse se ha sobreexplotado estos dos hombres han aplicado una estrategia que les ha funcionado, simplemente se han adaptado.

Inclusión
El We Cam Fest

Este festival es una iniciativa que busca sensibilizar al público general a través de la exhibición de largometrajes y cortometrajes realizados por personas con discapacidad o sobre temas relacionados con la discapacidad. Christian Ossa, director de la fundación Cine Social, en diálogo con EL HERALDO manifestó que ha estado muy relacionado con la historia de Enrique, pero reconoce que no es la única y que seguramente en la ciudad y el país hay muchos más personajes con grandes historias que contar. La convocatoria está abierta para quienes quieran participar. Ossa explica que las producciones pueden tratar cualquier tema siempre y cuando cuenten en su producción con una persona con discapacidad. La convocatoria está abierta hasta el 1 de octubre.

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