Sociedad

Andrés Rincón: enseñando música desde el silencio

Estudiando música el joven perdió por completo la audición. Una operación, le permite sonar su guitarra con sus vibraciones.

Sus oídos fueron ‘desconectados’, el amplificador quedó sin volumen. ¿Podría usted tocar una canción sin escucharla? Andrés Rincón, un profesor de Música con discapacidad auditiva, aprendió a hacerlo. Él “sobrevivió” en medio del silencio.

Agosto de 2011. Orejas hinchadas, ojos rojos, inflamados. Dolor, Andrés sentía mucho dolor. Tenía 15 años, no sabía qué le estaba pasando.

Inicialmente el dictamen médico no estuvo claro. Recibió tres tratamientos, nada funcionó, todo empeoraba. Viajó desde Barranquilla a Bucaramanga en el mes de noviembre de ese mismo año, allá confirmó que el colorado de sus orejas no era una simple alergia, pues eso le habían dicho.

El 2 de enero de 2012 atravesó sin signos vitales la puerta de urgencias de la Clínica Chicamocha. “Sufrí el primer paro cardiorrespiratorio estando en Bucaramanga, ya mi tráquea se estaba afectando”, recordó.

Luego de ser reanimado duró un mes en ese centro médico. Policondritis recidivante, esa es la enfermedad que padece Andrés, un reumatólogo se lo informó. Esta patología ataca y destruye los cartílagos de diferentes partes del cuerpo.

Regresó a Barranquilla para comenzar con su tratamiento. Duró varios días en casa, sentía obstrucción para respirar y a la mitad de febrero otro paro respiratorio lo devolvió al hospital.

Pasó 11 días sedado en cuidados intensivos sin mostrar ningún avance, incluso empeoró al contraer neumonía. “Su tráquea no sirve”, resumió el doctor a los padres de Andrés.

Debían tomar una decisión. Frente a lo que parecía ser la única salida accedieron a realizarle una traqueostomía a su hijo.

El 10 de marzo Andrés ingresó al quirófano, su operación fue un éxito. Casi dos meses después volvió a la escuela para terminar su último grado. “No fue fácil. Mi mamá tenía mucho miedo porque era muy susceptible a infecciones y psicológicamente no estaba muy bien como para regresar al colegio”.

Rincón agregó que de ese momento lo más incómodo fueron las miradas de la gente al ver el aparato que salía de su garganta, muchas lo hacían con “lástima”. Nada de eso evitó que terminara con éxito sus estudios escolares.

Un año antes de enfermarse, a sus 14, había comenzado a tocar la guitarra. El amor por la música lo impulsó a estudiarla, pero no fue sino hasta 2014 cuando decidió hacerlo.

Gracias a un implante coclear volvió a escuchar.
Todo quedó en silencio

¿Has sentido alguna vez que vas a morir? -Sí, muchas veces-, respondió Andrés Rincón. De hecho, el joven contempló en múltiples ocasiones que fallecer era lo mejor.

5 de enero de 2018. La mañana recién comenzaba, se despertó, su oído izquierdo ya no funcionaba. “Me acosté escuchando perfectamente y al día siguiente ya no escuchaba nada por ese oído”.

Asegura que el 7 de noviembre del 2013 tuvo un episodio donde su oído derecho comenzó a fallar, pero que no presentó más problemas sino hasta cinco años después.

Ese enero acababa de matricularse en octavo semestre de Música Profesional. El 25 del mismo mes perdió completamente la audición en su otro oído, el derecho.

“Me preguntaba: ¿Por qué esto no me pasó antes? ¿Por qué ahora terminando la carrera?”.

Casi 30 días antes había nacido su hija, Luna. Una de las cosas que más lo golpeó fue no poder escuchar a su pequeña decir por primera vez papá.

Fue sometido a varios estudios con los que corroboraron que sus oídos, al parecer, se desconectaron de su cerebro. “Los médicos decían que era imposible que yo me acostara y al día siguiente ya no escuchara nada, pero eso se le puede atribuir a mi condición”.

El músico conoció a personas con casos similares por medio de un grupo de Facebook. Fue ahí cuando asimiló que todo era culpa de su enfermedad, que también ataca el tejido conectivo.

“Mi nervio auditivo no estaba muerto, pero no funcionaba, era como si estuviera desconectado. Dejó de haber una conexión entre el oído y mi cerebro. Eso fue súbito y nadie supo por qué”.

Andrés con sus hijos Luna y Francisco.
“Volví a escuchar”

Lo mismo que con el síndrome del miembro fantasma, ese en el que la persona que perdió una parte de su cuerpo por momentos la sigue percibiendo, Andrés creía que escuchaba, pero no era así. Ese era el sonido del silencio. “Yo podía mantener una conversación porque leía los labios. Muchas veces me decían —estás gritando— y no entendía. Me pasaba porque no me estaba escuchando”. 

Le hicieron exámenes y más exámenes. No fue sino hasta el mes de marzo de 2018 cuando, luego de acudir de manera particular a una audióloga, (profesional encargada de diagnósticos y problemas auditivos) la esperanza renació para el joven con un implante coclear.

Andrés explica que el proceso fue más rápido que cualquier otro. En tres semanas, la operación en la que le implantarían un mecanismo que le permitiera volver a escuchar, fue aprobada.

El 29 de marzo le incrustaron los aparatos en el cráneo que envían señales a su cerebro, haciendo las veces de nervio auditivo. El 20 de abril, luego de que sus heridas sanaran, conectaron varios cables para culminar el proceso y lo primero que escuchó fueron las máquinas del consultorio.

Volvió a escuchar, o más bien le tocó “aprender a escuchar” nuevamente. Esos mecanismos atrapan los sonidos y los mandan directamente a su cerebro por medio de un micrófono externo; incluso él puede conectar su teléfono por bluetooth, contestar llamadas y el sonido le llega a la mente. 

“Esto es increíble, es una gran tecnología. Aún extraño mis oídos. Todo fue como un proceso de duelo porque perdí algo tan propio como un sentido. Al principio me tocó aprender a diferenciar los sonidos porque todo sonaba igual”.

Andrés ha impartido clases de Música en varias instituciones del Atlántico. Muchos de sus alumnos tienen algún grado de discapacidad.
Un profesor de música con discapacidad auditiva

Tras la operación pudo terminar su carrera, hizo un diplomado en Neuropsicopedagogía para la primera infancia y ahora enseña Música. También dicta charlas a personas que se encuentran en condición de discapacidad. Aprendió a tocar su guitarra valiéndose de las vibraciones, redescubrió el instrumento.

Su testimonio ha servido como ejemplo para muchos niños que no pueden escuchar o ver, seres a los que la música les da luz.

Ahora, después de casi nueve años lidiando con su condición, es feliz acompañado de sus dos hijos, Luna y Francisco, y su esposa Angélica. Le agradece a Dios por estar vivo. Naturalmente, cuando se desconecta el dispositivo deja de escuchar, es ese mecanismo lo que le permite ser un profesor de música con discapacidad auditiva. 

Angélica (su esposa), Francisco y Luna son su “motor”.
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