'Siempre he dicho que el único talento que tengo es ser barranquillera, porque piensan lo que piensan, son bailarinas, les gusta tomar trago, trasnochan cuando toca, son talentosas y no se toman las cosas tan a pecho'. La lucha por la sororidad Fiel reflejo de la barranquillera, Isabella no se aferra a las amarguras y tampoco vive de complejos. Asume los cambios en su vida y los escribe para la reflexión de otras mujeres. Cuenta con siete libros publicados que la han alejado de las pantallas porque considera que este oficio requiere concentración, aislamiento, pero es lo que más disfruta porque implica, trabajar con la memoria, crear mundo y reflejar una expresión pura. 'Siempre hemos sido catalogadas las malas, conflictivas y no nos dan buenos cargos porque si estamos en nuestros días podemos crear una guerra y curiosamente todas las guerras en la historia han sido creadas por hombres', reflexiona Isabella. Lejos de provocar una batalla entre hombres y mujeres, Isabella desea seguir cambiando la historia, por lo que considera que estamos viviendo en el siglo de la mujer. 'Para que no se repitan patrones. Sí siento que la mujer ha ganado terreno, pero la guerra es por entendernos entre nosotras mismas. Qué viva el siglo de la mujer. Estamos abriendo los ojos, qué bonito eso' Una mujer invencible Isabella recordó aquel momento oscuro de la pandemia, en el que pensó haberse anulado como mujer, mientras se denominaba como una persona invisible. Sus 54 años llegaron durante la crisis sanitaria. Allí, como un día común, salió a patinar y en medio del camino tuvo una ruptura de tobillo, accidente que le daría un giro completo a su cuarentena. 'Allí mi estado de ánimo empezó a bajar porque sumado a no salir de la casa, yo no podía salir de mi cuarto porque tenía un yeso con la pierna levantada todo el día, solo comía y veía series'. ¿Qué estaba ocasionando estos cambios? La menopausia, esa etapa que se conoce como la disminución natural de las hormonas reproductivas cuando una mujer llega a los cuarenta o cincuenta años. No se avergüenza de envejecer, disfruta la experiencia que los años le han traído y define la menopausia como una segunda juventud que no deja de disfrutar. Como mujeres que se anulan define la actriz a aquellas que deciden ser invisibles en la sociedad. 'Cuando hablamos de mujeres invisibles no se trata de una mujer con superpoderes, hablo de una mujer que se ha anulado'. El feminismo para Isabella no debe atribuirse como un término que genera temor, debe constituir un ejemplo de sororidad. 'Que no nos avergüence decir que somos feministas porque eso significa que apoyamos a las minorías. Nosotras somos el sexo fuerte, nada nos queda grande'.