Entrevista Con el exfutbolista barranquillero

“Me faltó más disciplina para llegar más lejos”: Francisco Marcial Alvear Granadillo

El titulo es:“Me faltó más disciplina para llegar más lejos”: Francisco Marcial Alvear Granadillo

El exdefensa central fue campeón con Junior en 2004.

Era un zaguero elegante. De cabeza levantada, con salida limpia, con talla, fuerza y rapidez. A Francisco Alvear le sobraban condiciones para llegar más lejos en el fútbol, pero al zurdo barranquillero, que se coronó campeón con Junior en 2004, le faltó un poco de fortuna, por la grave lesión de rodilla que sufrió en el 2007, y “más madurez y disciplina”, como él mismo reconoce ahora, ya en el retiro, con 36 años de edad.

P. ¿Qué hay de su vida?

R.

Estoy en un proyecto que se llama ‘Vuelve y juega’, con el exgerente de Junior, Yesid Turbay. Ahí están Carlos Pérez ‘el Piojo’ Acuña, Roberto Peñaloza, Evert Salas, Léiner Rolong. Estamos incentivando el deporte, alejando a los niños de las drogas, que vean que hay otras oportunidades para salir adelante.

P. ¿Sigue vinculado al fútbol?

R.

Hemos hecho cursos de fútbol y entrenamiento deportivo. Estoy próximo a hacer uno de tecnólogo en el SENA y otro que tiene que ver más con la carrera de técnico. Aunque a uno se le acabe el ciclo de competencia, sigue vinculado a este bonito deporte. Quiero prepararme. 

P. ¿Juega todavía a nivel recreativo?

R.

Todos saben que tuve una lesión en el ligamento colateral externo de la pierna izquierda en el año 2007, y me he subido de peso. Tengo una mínima molestia del lado del menisco, en el colateral interno, y me he apartado en los últimos meses del fútbol.

P. Esa lesión apresuró su retiro…

R.

Son gajes del oficio. Cuando uno tiene una lesión complicada, los directivos toman medidas drásticas, en el sentido de que pagan una indemnización. Sí, eso me alejó del fútbol a temprana edad. La vida sigue, lo importante es luchar y perseverar por salir adelante, más cuando uno tiene hijos.

P. Usted se forjó en Junior…

R.

Sí, fue un bonito proceso. Hice todo el recorrido desde  infantil. En su momento le dije a don Arturo Char que siempre voy a estar agradecido con Junior. Debuté en el profesionalismo en el año 2002, en el llamado ‘Kínder de Junior’, del profesor Julio Comesaña y Alexis Mendoza. Los dos fueron pilares de mi carrera, me dieron la oportunidad. Estuve en el equipo grande desde el 2002 hasta el 2009. En 2007 me lesioné. En 2010 me prestaron al Pereira y cuando regresé se acabó el contrato. En 2013 jugué con Jaguares el torneo de la B. Hice siete goles, en Junior solo hice el del penal en la final de 2004 (risas).

P. Se habla mucho del equipo de los ‘pelaos’ de Miranovic, pero esa base se comenzó a formar y a foguear primero de la mano de Comesaña y Mendoza…

R.

 Sí, en 2003 se siguió con esa base y el equipo, ya con Miranovic, fue subcampeón en la final en Manizales ante Once Caldas. Se le dio continuidad en 2004 y el equipo fue campeón con Miguel Ángel López, quien me dio más oportunidad y una tremenda confianza.

P. ¿Cómo fue el momento de su ascenso al equipo profesional?

R.

En 2001, yo estaba en el Atlético Barranquilla (desaparecido equipo de la B), con el profesor Jorge Alcázar y anunciaron que iban a subir a varios jugadores. En 2002, cuando vi que estaba en la lista de ascendidos, me fui y me monté en el techo de la casa de la 12 con 29, donde yo vivía en el barrio Las Nieves, y me puse a llorar de la felicidad. Era una meta cumplida. Comesaña y Mendoza me subieron. Debuté en una derrota 2-1 ante Tolima, en Ibagué. Los dos se me acercaron a felicitarme por el debut.

P. Al llegar Dragan Miranovic como DT usted empieza a jugar un poco más…

R.

Sí, me dio la posibilidad de jugar. No era titular-titular porque jugaban mis amigos Roberto Peñaloza y Édgar Zapata, a quienes Dragan les tenía mucha confianza. A veces jugaba yo, fue una sana competencia.

P. Muchos jóvenes jugaron con Miranovic, hasta su hermano Jhailer…

R.

Sí. Jugó menos que yo, pero tuvo la oportunidad de mostrarse. No se lesionó, pero tuvo una salida temprana de fútbol. Le dijeron que lo iban a bajar a la B y se sintió frustrado, dejó de entrenar cinco días y no lo inscribieron en la B. Se quedó sin jugar y fue desvinculado. Jugó en Chía, en la B, y luego se retiró. Hoy anda trabajando. Somos tres hermanos. Yo le digo que él es ‘el Loco’.

P. ¿Qué anécdotas recuerda con Miranovic?

R.

Si nos ponemos a hablar de Miranovic, no terminamos nunca, dejó muchas anécdotas (risas). Lamentable su fallecimiento. En una pretemporada en El Cerrejón, Jorge Amara y yo nos teñimos el cabello de amarillo. Al día siguiente, al llegar al entrenamiento, apenas nos vio, Miranovic nos dijo un montón de cosas en su idioma: ¡‘Piscumatus’! ¡¿Qué se creen ustedes?! ¡¿Están fumados?! Conmigo no entrenan así, si no se quitan ese color, no existen. Nos tocó salir corriendo hacia el peluquero. Nos quitamos eso de una. Toda la semana nos reímos con eso.

P. Son muchas historias con Dragan…

R.

¡Uff! Muchas. Dragan Miranovic era muy entregado al fútbol, de una manera increíble. Nunca lo olvidaremos. Una vez nos citó casi en la noche en Bomboná, ya todo estaba oscuro. Nos dijo que cogiéramos cada uno un balón y nos fuéramos para la última cancha. En medio de la oscuridad y la mosquitera nos dijo que teníamos que controlar el balón. Nosotros decíamos: ¡Qué locura! Él nos explicaba que dominar el balón sin verlo generaba técnica y percepción del movimiento y el sonido de la pelota. Salía con unas vainas. 

P. Leonardo Rojano lo sufrió bastante…

R.

Sí, tenía una manera de regañar que, de pronto, para nosotros acá en la Costa, era inapropiada. Después entendimos que venía de Serbia y Montenegro, que así lo habían formado. Gritaba en su idioma, casi escupiéndole en la cara a uno. Yo recuerdo que decía algo más o menos así: ‘¡Yeve timater, piscu, hey!’ (risas). Lo cogía a uno y lo jalaba por el hombro o por donde fuera. A mí una vez me dijo: ‘Ey, te estoy explicando y haces las cosas mal, ey, no sé cómo hablarte, no entiendes nada, ey’. Eso daba rabia. Una vez trató muy mal a Rojano, le dijo de todo y Rojano se lo quedó mirando de forma desafiante. Dragan, de manera agresiva, le contestó: ¡piscumatu, soy cinturón negro, hey! ¿Me quieres pegar? ¿Me vas a pegar? Yo sé que tú eres de esos ‘paracos’ de Calamar y mañana puede salir en el periódico ‘matan a yugoslavo’, pero soy cinturón negro, hey.

P. Un personaje…

R.

Demasiado. Una vez estábamos en un asado, en Sabanilla, y él estaba encargado de hacer la ensalada, pero tenía la manía de agarrarse y recogerse el cabello a cada rato. Y así, le metía la mano a la ensalada. No se la comió nadie. En ese mismo asado le dijimos que comprara unas canastas de cerveza para tomarnos dos cada uno. Dragan autorizó y nos dijo: solo dos, los voy a vigilar. Solo dos, profe, le dijo Machacón. Y Miranovic le contestó: cállate, Machacón, tú eres borrachón. Machacón se molestó (risas). Acuña, Peñaloza, Rojano, Carlos Pérez y los que vivimos en los ‘Techos Azules’ (un sector de Campo Alegre), siempre recordamos los cuentos de Dragan. Nos marcó mucho.

P. ‘El Zurdo’ López también dejó muchas anécdotas…

R.

Es un personaje al que recordamos mucho. Llegaba al entrenamiento con gafas oscuras, se quitaba la camisa y se ponía boca arriba. Era muy tranquilo, no se estresaba en los entrenamientos. Fue la persona que me dio la oportunidad y una confianza que siempre agradeceré. Yo le digo ‘el ángel Miguel’ porque me dio total confianza en Junior. Una vez duré como dos días sin entrenar por cuestiones personales e igual aparecí en la titular. Jorge Amara, que es uno de mis mejores amigos, se ‘mareó’ conmigo y me dijo: ‘Ajá y tú qué, no vienes a dos entrenamientos y vas a salir jugando’. Casi nos vamos a los golpes. ‘El Zurdo’ me tenía mucha confianza.

P. ¿Cuántas peleas tuvo durante su carrera?

R.

Fueron varias. Empezando, en la Olímpica de la 72, me pelee con un jugador de apellido Caro, un volante zurdo. En entrenamiento tuve una pequeña pelea con Mario Macea, que me golpeó con el codo en una pelota aérea. Ya le había advertido que no saltara así, que me podía hacer daño. Cuando vi la sangre en mi labio, le metí una patada y ya le iba a meter otra, pero se interpuso Arzuaga. Tuve otra con Leonardo Rojano, después le pedí disculpas. También con Hayder Palacio en Solinilla, en medio de una cena.

P. ¿Cuál fue la pelea más brava?

R.

Una con ‘Prono’ Velásquez. Estábamos jugando al ‘bobito’ en la mitad de la cancha. Hubo un balón dividido y mandé la plancha. ‘Prono’ salió a tomar el balón y yo, sin querer, medio lo toqué. Me increpó y me empujó. Entre manoteo y manoteo, terminamos dándonos trompadas. Nos alcanzamos a dar, él me abrazaba y me tiraba trompadas a la cara y yo también a él. Recuerdo que el profesor ‘Lucho’ Grau nos separó y nos preguntó: ¿se quieren dar muñeca? Bueno, empiecen. Nos dimos. Duramos una semana sin hablarnos, pero después pusimos el orgullo a un lado y terminamos siendo buenos amigos. 

P. Ese tipo de peleas en el fútbol son más comunes de lo que la gente cree…

R.

Es normal. El fútbol es un deporte de contacto y por mucho que uno tenga amistad y compañerismo, siempre se presentarán roces y ganas de no querer perder la posición. Quienes me conocen saben que soy tranquilo, que no me gusta la pelea, y tuve varios choques en mi carrera.

P. ¿Ómar Pérez no peleó con nadie?

R.

No recuerdo ahora, pero me imagino que sí tuvo que pelear con alguien. Es una excelente persona y compañero, le aprendimos mucho. Le decíamos ‘Soldado Universal’, porque andaba metido en hielo como Jean-Claude Van Damme en esa película.

P. Usted pateó un penal perfecto en la definición del título de 2004…

R.

Siempre entrenábamos penales con ‘el Zurdo’. Yo recuerdo que Omar Pérez dijo que él patearía el primero. Miré la lista donde anotaban los que iban a cobrar y vi mi nombre. Me dio de todo, yo decía: “Dios, mío, si boto este penal no puedo regresar a Las Nieves”. Peñaloza se me acercó y me dio ánimo: cóbralo como en los entrenamientos, dale, con todo. Cuando me tocó el turno,  voy hacia el punto blanco a acomodar la bola, y Óscar Julián Ruiz me dijo muy despacito: con confianza ‘mijo’. Eso me dio alegría, creo que lo hizo porque me vio muy muchacho. Cuando puse la bola ahí, pensé en mi familia y en las veces que me subía al techo a soñar con que era jugador y campeón con Junior. Le puse el alma al patear.

P. ¿Cómo fue la celebración del título?

R.

Yo no festejé el título en carro de bomberos ni nada de eso. A Evert Salas y a mí nos tocó hacer el control al doping. Duramos como dos horas para poder orinar para el examen en el Atanasio, no habíamos podido por la emoción, porque fuimos al baño en el entretiempo. Hicimos fuerza y de todo, y nada. El vuelo de vuelta a Barranquilla se fue y Salas y yo nos quedamos en una habitación en la hostería Llanogrande. Yo llamaba a Peñaloza y se escuchaba la bulla de los festejos, estaban en el carro de bomberos.

P. ¿No festejaron entonces?

R.

Sí. Le dije a Salas: nos irán a matar aquí en Medellín, pero yo salgo a festejar sí o sí. Nos fuimos para una discoteca y en la televisión mostraban las imágenes del carnaval que había en Barranquilla y repetían los goles del título. Salas y yo nos fuimos en gorra para que nos reconocieran, pero poco a poco empezaron a desconfiar de nosotros y a mirarnos. Un paisa se nos acercó y nos dijo: “Eh Ave María, ¿ustedes no son jugadores de Junior?...” El tipo nos dijo: “nos ganaron bien”. No hubo problemas. Terminamos de celebrar a en la madrugada, llegamos a la hostería y de unas, sin bañarnos, nos fuimos al aeropuerto, el vuelo salía a las 7:15 a.m.

P. ¿Lo mejor que le dejó el fútbol?

R.

El tesoro más grande son mis amigos. Eso no tiene precio. Las amistades que me dejó el fútbol siempre se las voy a agradecer a Dios. Sé bien quiénes están en los momentos buenos y malos. En la cúspide sobran, pero el verdadero amigo es el que siempre está ahí.

P. ¿Cree que pudo llegar más lejos en el fútbol?

R.

Sí. Lo digo muy humildemente. Es algo que personalmente me lo recrimino. Si hubiera tenido más madurez, más claras las cosas, como ahora, a esta edad, mi carrera hubiese sido mejor, hubiera llegado más lejos. El profesor Francisco Maturana me llamó a un microciclo, tenía condiciones para estar más tiempo en Selección. En su momento también recibí una oferta de San Lorenzo. La lesión también significó que mi carrera se terminara temprano. No entiendo por qué Óscar Díaz tuvo esa manera tan destructiva de entrarme a disputar el balón. Duré un año sin jugar, me operaron dos veces y tuve una recuperación tardía por cosas personales.

P. ¿Cuándo dice madurez se refiere a que debió ser más disciplinado?

R.

Exacto. Eso es a lo que directamente me refiero. No puedo decir que fui el jugador más desordenado de todos, pero, y lo hablaba con Leonardo Rojano recientemente, si hubiéramos tenido más madurez en esos momentos, saber dónde meternos, los descansos a las horas necesarias, el no abusar en el entrenamiento invisible, nuestras carreras habrían sido más duraderas y habríamos conseguido más cosas. Si mi disciplina hubiese sido mejor, mi carrera habría sido más satisfactoria.

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