La etapa inicial comenzó con un Santa Fe incómodo para Junior. Presionaba y hacía difícil la salida y la elaboración de juego. Con ese temor al cuerpo a cuerpo y su falta de movilidad, era completamente improductivo. El venezolano y sus compañeros permanecían estacionados, sin mostrarse lo suficiente, sin abrir espacios para profundizar. En medio de las incapacidades e impotencias colectivas e individuales de Junior, transcurría el juego y la hinchada lo sufría y se desesperaba. Ahí las cosas se pusieron realmente complejas. Junior jugaba contra el adversario y contra su propia hinchada, que manifestó su descontento con el rendimiento del equipo con pancartas y coros. “Ya se va, ya se va, Reyes ya se va…”, cantaron al unísono los aficionados después de la anotación cardenal. Entre los reclamos y la decepción de su público, Junior se fue al descanso. Con un hombre de más, Junior se fue con todo al ataque, en medio de buenas intenciones y muchas imprecisiones que impedían llegar con claridad ante un contrincante combativo que se supo resguardar a pesar de la inferioridad numérica. Esa lucha fue con algo de marrulla uruguaya dirigida por su entrenador, Pablo Peirano, que regaló fuertemente a su portero por no quemar tiempo. Junior se pellizcó y reaccionó con más ganas que nitidez en su fútbol, pero solo le alcanzó para empatar con el penalti que le cometieron a Enamorado y que ejecutó con acierto ‘Tití’ Rodríguez. A pesar del empuje del público, que se olvidó de su protesta por un rato e intentó impulsar a su equipo, Junior volvió a perder puntos, esta vez en casa, y la situación de Reyes se hizo más complicada. Más insostenible. No hay mejoría.