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A sus 7 años Cenith Quiroz Rosario ya tejía la caña flecha en su natal municipio de Tuchín. Es un arte innato en la mayoría de los integrantes de la etnia Zenú de los departamentos de Sucre y Córdoba, y en los que no lo han ido aprendiendo porque es lo que han visto desde pequeños.

Justamente entre quienes han aprendido este oficio –entre otros aspectos es muy mal remunerado– están 20 exintegrantes del Ejército Nacional responsables de ejecuciones extrajudiciales y ahora comparecientes ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), quienes junto a familiares de nueve víctimas de ‘falsos positivos’ tejieron sombreros vueltiaos con los nombres de los fallecidos y de desaparecidos.

La idea de que este ejemplo de justicia restaurativa, que acompañaron la Agencia para la Reincorporación y Normalización (ARN) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se sellara con esta artesanía insigne de Colombia fue tanto de víctimas como de victimarios, y en eso la presencia de Cenith Quiroz Rosario como matrona de esta etnia y sabedora del tejido fue fundamental, pues fue la que enseñó a los comparecientes y a otros padres de familia que como ella cargan con el dolor de haber perdido a un ser querido a través de una engañosa propuesta de trabajo.

Maria Victoria Bustamante Fernandez

Esta mujer que durante 51 años ha trenzado la caña flecha admite que la elaboración de estos sombreros con los nombres de los fallecidos y desaparecidos por los entonces miembros del Batallón Junín del Alto Sinú y del Gaula Córdoba ha sido la más difícil, “porque sabe uno que es en honor a ellos que se fueron a trabajar para ganar mejor y en mi caso comprarme una casa. Eso era lo que mi hijo Sicardi Julio Quiroz quería con ese trabajo”, pero ese sueño se fugó desde el 26 de mayo de 2007, es decir, este martes se cumplen 19 años, cuando salió de su casa en el barrio El Jordán, de Sincelejo, y nunca más supieron de él hasta hace un año cuando su cadáver les fue entregado para darle cristiana sepultura.

El objetivo de Sicardi de comprarle la casa a sus padres, Cenith y Eligio, se había vuelto una responsabilidad en él mismo por ser el mayor de los hijos varones de esta familia, que hoy junto a otras más ha aprehendido a perdonar para sanar sus mismas heridas.

“Para trenzar estos sombreros yo le pedí mucha fortaleza a mi Dios porque no es fácil estar frente a ellos (los comparecientes) y mucho menos entrelazar una y otra vez nuestras manos con las de personas que en su momento nos causaron tanto daño, pero bueno, mientras trenzaron cada paja ellos fueron honrando la memoria de cada una de sus víctimas, que no eran guerrilleros, ninguno lo era, como ellos lo decían hace años”, narró Cenith en la entrevista con EL HERALDO, en la que se le vio muy fortalecida y en compañía de su esposo, Eligio Julio Torres, un sanonifrino que dice: “Ella y yo somos uno solo”.

Maria Victoria Bustamante Fernandez

Cenith asegura que los comparecientes a la hora de tejer la caña flecha “sí dieron la pata como el loro” y por eso estima que cualquiera de ellos que lo desee también puede seguir elaborando esta insigne artesanía, mientras que ella seguirá tejiendo con el recuerdo presente de Sicardi. “Sin que el dolor de madre por mi hijo se vaya de mi corazón, eso no ocurre, eso no es fácil, hay es que aprender a convivir con ese dolor ya sin la carga que antes tenía cuando no me habían encontrado ni entregado su cuerpo”.

¿Y el perdón?

A la hora de hablar del perdón Cenith no vacila en decir que ha perdonado a los comparecientes “porque todo ser humano se equivoca, nadie es perfecto en este mundo, todos tenemos errores y tenemos que llegar a perdonarlos y valorar el esfuerzo que ellos hicieron de estar frente a nosotros. Deseo que se arrepientan de todo corazón de lo que hicieron para que tengan una posición en el trono de Dios”.

La que no los perdona, pero tejió con ellos los llamados sombreros de la reconciliación, es Yuranis Rodríguez Simanca, a quien le sacaron de su casa con una propuesta de trabajo, luego lo desaparecieron y finalmente le entregaron muerto a su esposo Gregorio Rafael Cali Contreras.

Maria Victoria Bustamante Fernandez

El pasado Sábado de Gloria 4 de abril se cumplieron 19 años de este caso que se inició en el barrio Los Laureles, zona norte de Sincelejo, donde ellos residían con sus dos hijas, Yornelis y Yéssica.

“Yo no los perdono. Yo no soy nadie para perdonar. Que los perdone Dios porque a mí y a mis hijas nos hicieron mucho daño. Yo llevo un dolor en mi corazón por eso. Mis hijas se sienten solas y no pudieron ser unas profesionales porque me dejaron sola con ellas y mis fuerzas como madre cabeza de familia no me dieron para eso. Nos tuvimos que desplazar de Sincelejo, separándonos de toda nuestra familia, por miedo”, dice Yuranis, una mujer de 52 años.

Pero la que sí recomienda perdonar por el bien de la misma persona, de su salud e incluso por la de un país es Yulis Borja, a quien le asesinaron a un hermano en un caso de ‘falso positivo’.

Ella resume su invitación diciendo que “lo que no nos sirve en el equipaje no hay que llevarlo, por eso perdono. Uno no puede dar lo que no tiene. Es necesario drenar el odio para no dañar el tejido social del país”, y agrega que de este proceso de ARN y OIM sale con un corazón tranquilo.

Y otro que salió con un corazón más tranquilo y menos carga en su vida y su alma de este proceso de justicia restaurativa es el exsoldado profesional y ahora compareciente ante la JEP Remberto Quiroz Luna, quien perteneció al Gaula Militar de Córdoba. Es nativo de Sucre y dice que la experiencia de tejer con las víctimas fue muy sanadora, al punto de catalogarla como “un tejido social que ayuda a construir un mejor país”.

Maria Victoria Bustamante Fernandez

Agradece el aprendizaje logrado de tejer caña flecha, “que es un arte muy trabajado y con mucha disciplina”, al igual que la disposición de las familias víctimas de acercarse a ellos y aceptarles el pedido de perdón “hecho desde el corazón”.

Verdad sanadora

Finalmente quien destaca este proceso de justicia restaurativa y sanadora, a través de la verdad, es Juan Alberto Betancur Quiroz, quien lleva 19 años buscando a su hermana Claudia Yaneth Quiroz, que desapareció el 16 de agosto de 2007 de Montería, ciudad a la que llegó procedente de Amagá (Antioquia) con la intención de visitar a su novio, quien junto a otros ciudadanos fueron “dados de baja”, mientras que ella, según lo dicho por los comparecientes, “fue entregada a un tercero por orden del coronel Zambrano, que está prófugo”, y su cuerpo aún no aparece.

Su mamá falleció esperando su regreso a casa y su hermano Juan Alberto le prometió seguir con la búsqueda hasta darle cristiana sepultura. En esta labor ahora lo acompaña su sobrina, la hija de Claudia Yaneth.

“Solo pido que me la entreguen. Por eso asisto a estos eventos. Debo reconocer que gracias a la ARN y a la JEP hoy tengo información que hace 18 años no poseía sobre ella”, puntualizó.