Investigan presencia de nueva enfermedad renal en Colombia

La enfermedad fue detectada en comunidades agrícolas de Centroamérica. El primer paso para establecer si llegó al país es una masiva jornada de salud con comunidades indígenas.

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Durante marzo, el gremio de nefrólogos del país está realizando una jornada de salud renal con más de 5.000 indígenas. Cortesía.
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La enfermedad fue detectada en comunidades agrícolas de Centroamérica. El primer paso para establecer si llegó al país es una masiva jornada de salud con comunidades indígenas.

El Lupus es una de las enfermedades renales de mayor incidencia en la Región Caribe, con consecuencias que van en aumento para las mujeres adultas jóvenes y en edad reproductiva. Las  investigaciones del Grupo de Nefrología de la Universidad Simón Bolívar y la Asociación Colombiana de Nefrología (Asocolnef) han determinado una alta carga de la patología en pacientes de 30 a 40 años y bajos recursos económicos, variables que se suman a la exposición al sol, los embarazos y abortos a temprana edad y, en algunos casos, herencia genética.

Varios de esos factores de riesgo vienen analizándose con el fin de establecer la posible presencia de la denominada enfermedad renal crónica no tradicional en poblaciones vinculadas a las labores del campo en Colombia, como las comunidades indígenas.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la también llamada enfermedad de los cultivadores se caracteriza por causar la pérdida progresiva de la función renal que afecta la capacidad de los riñones de desempeñar funciones vitales para el organismo, como la eliminación de desechos y la concentración de la orina. “Se puede prevenir, pero no tiene cura, suele ser progresiva, silenciosa y no presenta síntomas hasta etapas avanzadas, cuando se requiere diálisis o trasplante de riñón”.

El nombre nefropatía mesoamericana surge porque hace 20 años se conocieron en Centroamérica los primeros registros oficiales, en El Salvador, luego Nicaragua, Costa Rica y Guatemala, territorios que en el periodo prehispánico conformaron la región cultural de Mesoamérica junto con Belice, el sur de México y el oeste de Honduras.

En el país, la investigación de Asocolnef y el grupo de Nefrología de Unisimón comenzó con la brigada de salud renal a más de 5.000 integrantes de 19 comunidades indígenas en 23 zonas del país, jornada con la cual se conmemora el Día Mundial del Riñón, celebrado el jueves pasado.

“Estamos analizando si entran al grupo de pacientes que desarrollan la enfermedad renal por sus actividades del campo”, dijo Andrés Cadena Bonfanti, especialista de la Universidad de Texas y director de la especialización en Medicina Interna de Unisimón.

Uso de químicos

Durante las brigadas, médicos y enfermeras vienen encuestando a los indígenas. A los mayores de edad les preguntan sobre su último trabajo principal; si han laborado en campos de cultivos y hace cuántos años; si manipulan fertilizantes, insecticidas, nematicidas o fungicidas; la cantidad de agua que consumen a diario; y si han presentado síntomas como boca extremadamente seca, ardor al orinar, orina muy oscura o escasa, ganas de vomitar, mareo o desmayo, dolor de cabeza, latidos fuertes y rápidos.

Tales interrogantes se sustentan en que los estudios desarrollados en Centroamérica determinaron varios de los factores de riesgo de la nefropatía mesoamericana: trabajo físico extenuante en clima cálido en zonas costeras, trabajar en agricultura en especial cultivos de caña de azúcar, banana, arroz y maíz; ser hombres entre 50 y 59 años; la pobreza y bajo nivel socioeconómico, y la exposición a pesticidas.

Por las entrevistas ya se sabe, por ejemplo, que los indígenas que habitan la Sierra Nevada trabajan en la producción de dos cultivos anuales de café y productos de pan coger (yuca y plátano), se someten a largas horas bajo el sol, no siempre beben agua u otro líquido durante la faena y algunos utilizan químicos.

Gustavo Aroca Martínez, presidente de Asocolnef, explica que la investigación comienza con esta población debido a que muchos afectados en Centroamérica fueron cultivadores de caña. “Estas comunidades indígenas son agricultoras y están expuestas a contaminantes, sumado a que se hidratan poco, lo que los predispone a la insuficiencia renal”, advierte el experto, que además lidera el grupo de investigación en Nefrología de Unisimón y dirige la Clínica de la Costa.

Similitudes

Las alarmas entre el gremio de nefrólogos colombianos respecto a la nefropatía mesoamericana, se encendieron porque en los últimos tres años se incrementó el número de pacientes indígenas que llegaron a las urgencias de clínicas y hospitales requiriendo de un tratamiento de diálisis, algo que hasta hace 10 años no sucedía.

Una situación similar se vivió en El Salvador, en 1999. La Acecanh reseña que en el Hospital Nacional de Rosales aumentaron los casos de pacientes que acudían por primera vez con enfermedad renal crónica (ERC) para recibir diálisis, y que muchos eran agricultores adultos que procedían principalmente de las zonas de la costa del océano Pacífico. “No presentaban los factores de riesgo tradicionales para ERC, diabetes e hipertensión arterial; se sospecha que la epidemia ha estado presente por años, silenciada por la falta de registros oficiales y el poco acceso a atención nefrológica en el país”.

Rafael Pérez Padilla, especialista en Nefrología y Epidemiología de la Clínica de la Costa, destaca que la jornada de salud renal a más de 5.000 indígenas permitirá llevar a cabo una investigación sin precedentes en Centro y Suramérica sobre la nefropatía mesoamericana y otras anomalías en los riñones. “Los estudios que se han realizado han abarcado hasta 100 personas”.

Para el experto, el sistema de salud colombiano está en deuda de liderar o impulsar investigaciones que establezcan la prevalencia y la incidencia de las enfermedades en Colombia. “Los pacientes no se hacen muchos controles, pero tampoco se hace una prevención adecuada, ni se estudia lo suficiente; necesitamos políticas de salud pública que den importancia a la prevención y la investigación”.

El caso de Nicaragua 

Estudios científicos en Nicaragua, Costa Rica, El Salvador y Guatemala han recopilado información que ubican la nefropatía mesoamericana en las franjas calientes de la costa del océano Pacífico, así como descartan o consideran poco prevalente su presencia en zonas agrícolas ubicadas a mayor altitud sobre el nivel del mar. La Acecanh menciona que, en Nicaragua, los ingenios azucareros de la costa pacífica han promovido investigaciones para esclarecer los motivos de la alta incidencia de ERC entre los cortadores de la caña de azúcar. “Entre las conclusiones, recomiendan que beban 10 a 12 litros de agua al día para combatir la deshidratación a la que están sometidos”.

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