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Iván Duque Márquez (2018-2022)
Iván Duque Márquez (2018-2022)
Iván Duque Márquez (2018-2022)

Ley del Montes | Suelte amarras, presidente Duque

El éxito del nuevo mandatario de los colombianos dependerá de qué tanto logre mantenerse independiente de Álvaro Uribe y de la clase política.

El titulo es:Ley del Montes | Suelte amarras, presidente Duque

El éxito del nuevo mandatario de los colombianos dependerá de qué tanto logre mantenerse independiente de Álvaro Uribe y de la clase política.

Superado el temporal de las elecciones presidenciales, donde quedaron abiertas muchas heridas que no sabe uno si podrán cicatrizar, llegó el momento de que el nuevo presidente de la República, Iván Duque Márquez, asuma el timón y lleve el barco a puerto seguro durante los próximos cuatro años. Llegó la hora, como dicen los marinos, de soltar amarras y emprender el viaje.

Soltar amarras significa abandonar el puerto para iniciar la travesía, ya no como candidato, sino como Presidente. Esta vez solo Iván Duque estará al frente del timón. Los grumetes y el resto de la tripulación tendrán que hacerse a un lado. Y ello es así por la sencilla razón de que la persona que rendirá cuentas ante la historia será Iván Duque. Nadie más. Será él quien responda por todos y cada uno de sus actos. Mucho más en su caso, pues llega a la Casa de Nariño señalado de ser “el que dijo Uribe”. Sus críticos más viscerales han tenido la osadía de llamarlo “títere” de su mentor político. Hasta el propio presidente Juan Manuel Santos, el día que lo recibió en la Casa de Nariño, tuvo la descortesía de afirmar “espero que el Presidente electo sea quien tome las decisiones”. Aunque desafortunada y grosera para con su sucesor, esa declaración de Santos refleja el pensamiento de miles de colombianos, pues son muchos los que creen que -en efecto- Duque será una marioneta de Uribe.

Pero precisamente para desvirtuar ese manto de duda que lo cubre, Duque no será el pelele de Uribe. Nadie llega a la Presidencia de la República para ser monigote de nadie, así ese “nadie” se llame Álvaro Uribe Vélez. La lealtad de Duque con Uribe está más que comprobada, así como su afecto y agradecimiento por haberlo convertido en figura nacional, hasta el punto de llevarlo a la Presidencia. El asunto no es de lealtades, sino de independencia y de responsabilidad histórica. 

Duque tiene el inmenso reto de transformar la nueva Colombia, la del posconflicto, la que dejó atrás más de 50 años de guerra. Esa es la Colombia que recibe y por la que deberá responder en los próximos cuatro años. El nuevo Presidente no podrá cumplir con esa tarea siendo el “mandadero” de otro. Así como Uribe pasó a la historia al hacer su propia plana y Santos también lo hizo, Duque deberá escribir su propia historia con su puño y letra. Solo de él depende cómo quiere pasar a la posteridad y cómo quiere que lo recuerden los colombianos. Pero puede estar seguro de que no es como “títere” de Uribe que logrará un lugar destacado en la galería de presidentes de Colombia.

Pero soltar amarras en el caso del presidente Duque también significa romper todo tipo de cercanía con una clase política corrupta que se sumó a su campaña y que llegará a pasar factura. El apetito voraz de sus integrantes en materia de puestos y contratos pondrá a prueba el carácter de Duque. Si de verdad Duque quiere luchar contra la corrupción debe cerrarles las puertas a todos los oportunistas que llegaron anunciando su voto con trompetas y clarines y que solo buscan contratos para llenar sus bolsillos. En la guerra contra la corrupción, Duque no puede ceder un milímetro. La corrupción es el cáncer nacional y cada peso que se roben es un peso que se les quita a millones de niños y ancianos del país. O es un kilómetro menos de carretera, o una escuela o un hospital menos. Duque debe tener presente que ceder ante esa clase política es tanto como venderle su alma al diablo. Si cede pierde. Así de fácil.
¿Qué le espera al nuevo Presidente? ¿Cuáles son los retos del presidente Duque? ¿Qué hacer con Álvaro Uribe?

 

Independencia sí, puñalada trapera no

Una de las frases que más llamó la atención, luego de la elección de Iván Duque como Presidente, corrió por cuenta de quién fuera su jefe de debate, Alicia Arango, exsecretaria privada de Álvaro Uribe, durante sus ocho años de gobierno. Entrevistada por Julio Sánchez Cristo en La W, Arango se refirió al papel que tendrá Uribe en el gobierno de Duque: “Va a gobernar Iván Duque, para eso lo eligieron.

Yo no creo que ni Iván ni el presidente Uribe se presten para títere y titiritero. Eso es un mito que hay sobre el presidente Uribe, que no saben cómo es su estilo de gobierno. Pero él mismo ha sido muy respetuoso de Iván. Por otro lado, Iván no necesita que nadie lo esté empujando. Ahora, nosotros somos uribistas y él es nuestro jefe”. Esta última frase de la declaración de Arango fue la que más ruido causó, precisamente porque dejó en el ambiente la sensación de que Duque, como uribista, tiene jefe y ese jefe no es otro que Álvaro Uribe Vélez. Para que quede claro: el Presidente Duque debe obediencia única y exclusivamente a la Constitución Nacional y si hablamos de jefatura sus únicos jefes seremos los 50 millones de colombianos, que lo reconoceremos como nuestro Presidente a partir del próximo 7 de agosto.

El que Duque le marque territorio a Uribe no significa que sea su enemigo, ni tampoco que no le pedirá algún consejo, si lo considera pertinente. Para decirlo en plata blanca: Duque no le propinará a Uribe la puñalada trapera que Santos le propinó. Punto. 

¡Clase política, a kilómetros...!

En su periplo por varias entidades, luego de su elección como Presidente, Iván Duque sostuvo reuniones con Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño, con el fiscal general, Néstor Humberto Martínez y con los presidentes de las altas cortes en el Palacio de Justicia, entre otros. También se entrevistó con el expresidente César Gaviria, a quien le agradeció su respaldo. Esta última visita estuvo de más. Gaviria representa una clase política señalada por millones de colombianos de ser responsable de la actual tragedia nacional. Es con esa clase política -precisamente- con la que Duque debe soltar amarras.

El mensaje de Gustavo Petro y Sergio Fajardo tuvo éxito porque señaló a miembros de esa clase política de actos de corrupción. El nuevo país espera que alguien de la nueva generación -que apenas tiene 41 años- sea quien lidere ese lucha frontal contra la corrupción.

Tanto el Estado como el poder presidencial son muy grandes en Colombia. Si el Presidente lo permite, los “cacos” saquean al Estado en unos pocos meses. La alianza de Duque con Fiscalía, Procuraduría y Contraloría debe ser infranqueable si de verdad quiere enfrentar y derrotar la corrupción.

Estados Unidos, colaboración sí, servilismo no

Uno de los grandes chicharrones que deja Juan Manuel Santos es el de las 140.000 hectáreas sembradas de coca. Hay coca hasta para tirar para al cielo. Santos fracasó en ese frente y Duque deberá solucionar el problema. Para ello tendrá que contar con Estados Unidos, el gran aliado en la lucha contra las drogas, pues su chequera financia casi todos los programas de erradicación.

Pero Estados Unidos así como pone la plata, pone las condiciones. De tal manera que muchas veces lo que comienza como una alianza de colaboración, termina con actos de servilismo. Un buen ejemplo de que sí es posible trabajar en conjunto, pero sin estar sometido a la voluntad de Estados Unidos es el Plan Colombia, puesto en marcha en tiempos de Bill Clinton y Andrés Pastrana.

Y en esta oportunidad sería muy bueno que Donald Trump entendiera que el “problema de la droga” tiene que ver con la demanda desbordada, pues está demostrado que en ese país se meten por las narices todas las toneladas de cocaína que Colombia produzca. Trump debe entender que el problema no es solo de cultivo y producción, sino de consumo. Y así como exigen a Colombia que cumpla los compromisos, ellos también deben cumplir los suyos, relacionados con la disminución en el consumo.

¿Qué hacer con la paz con las Farc?

La negociación de paz con las Farc es irreversible. Colombia goza hoy de una tranquilidad que no tuvo en los últimos 50 años y ello es producto de la negociación que llevó a cabo el gobierno de Santos con los jefes de ese grupo exguerrillero. El lema de campaña de Duque, según el cual “el que la hace la paga”, es bueno para conseguir votos, pero malo para contribuir a la reconciliación nacional. Los jefes guerrilleros entregaron armas y se desmovilizaron, al igual que la “guerrillerada”, que suman unos 8.000 excombatientes. En ellos hay que pensar para lograr su reinserción a la vida civil y a la sociedad. El Sena podría ser muy importante para cumplir este propósito. Y en el caso de los exjefes guerrilleros, el asunto es más sencillo: si cometieron delitos después de la firma de los acuerdos, perderán todos los beneficios, como parece ser el caso de Jesús Santrich. Si delinquió después de la firma de la paz, a Duque no le temblará el pulso para enviarlo directo para una celda en los Estados Unidos. De manera que en el asunto delicado de la Paz con las Farc, la tarea de Duque es “ajustar” lo que haya que “ajustar”, pero sin partirle el espinazo a los acuerdos. Para ello solo tiene una solución: conducir mirando la mayor parte del tiempo por el espejo panorámico y muy de vez en cuando por el espejo retrovisor.

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