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Por: Óscar Montes

Ley del montes | ¡Atajen a Carrasquilla!

Por cuenta de sus amigos, las primeras semanas del presidente Duque resultaron más tormentosas de lo previsto. El ministro de Hacienda podría ser ‘el coco’ de un gobierno que necesita respaldo político.

El discurso grosero y atrabiliario de Ernesto Macías el día de la posesión de Iván Duque fue apenas el abrebocas del ventarrón que le espera al nuevo presidente por parte de su propio partido, algunos de cuyos militantes siguen sin entender que ya no son opositores y que de lo que se trata es que al nuevo mandatario le vaya bien en sus cuatro años de gobierno.

Era apenas obvio que una intervención tan rastrera y con tan poco sentido histórico, como la de Macías el pasado 7 de agosto, tuviera efectos inmediatos. El primer coletazo del “efecto Macías”, cuyo mensaje rencoroso y vengativo fue recibido con aclamación por los miembros de la bancada del Centro Democrático, como pudimos observar los colombianos por imágenes transmitidas por Noticias Uno, se sintió esta semana, cuando el partido de gobierno, en cabeza de su jefe máximo, Álvaro Uribe Vélez, fracasó en su intento por lograr que el Congreso eligiera como Contralor General a uno de sus principales alfiles, el ex vicecontralor José Félix Lafaurie. 

De nada valieron los esfuerzos de Uribe por tratar de convencer a liberales, conservadores y militantes de Cambio Radical y de La U para que sus bancadas respaldaran la candidatura del presidente de Fedegán, quien a la postre solo obtuvo el apoyo del Centro Democrático. Todos los demás partidos -señalados por Macías una semana atrás de ser corresponsables de la “hecatombe” producida por Juan Manuel Santos- unieron fuerzas para respaldar a un candidato de consenso, el ex auditor Carlos Felipe Córdoba, propinándole así su primer revés al partido de gobierno. “Uribe hizo todo lo que pudo para que eligieran a Lafaurie, pero su candidatura no tuvo respaldo, así se lo hicieron saber los expresidentes Gaviria y Pastrana en la reunión del jueves”, me dijo un senador liberal con quien hablé sobre los pormenores de la elección del nuevo Contralor General.

Hasta el propio presidente Duque, cuando fue indagado para saber si de parte suya habría algún guiño a favor de algún candidato, envió el mensaje de que el Gobierno “no tiene candidato”, ni mucho menos le interesa tener un “contralor de bolsillo”, gesto que -sin duda- enaltece a Duque, que se comportó de forma diferente a Santos, quien en su momento sí medió para que el Congreso eligiera a Edgardo Maya Villazón.

Pero si Macías le minó el terreno a Duque en el campo político, en el económico uno de sus ministros estrella, Alberto Carrasquilla, parece dispuesto a dejarlo muy mal parado ante sus electores. No de otra forma se entiende que mientras Duque en plena campaña presidencial prometió no subir impuestos y defender los intereses de la clase media, su ministro de Hacienda proyecte una reforma tributaria que tiene como blanco preferido precisamente a la clase media y los asalariados del país.

El argumento de Carrasquilla, expuesto en la asamblea de la Andi en Cartagena, es que “aquí el 85 por ciento de la renta sale de las empresas y el 15 por ciento de las personas, cuando en el primer mundo es al revés”. “Esa proporción es contraria en los países desarrollados”, sostuvo Carrasquilla, quien aún no se ha enterado de que Colombia no hace parte del primer mundo. 

Es bueno que el propio Duque -que lo nombró ministro- se lo haga saber, entre otras cosas, porque uno de los principales lemas de la campaña presidencial del nuevo presidente fue: “Más salarios, menos impuestos”. Al parecer, Carrasquilla entendió todo lo contrario: “Menos salarios, más impuestos”.

Los anuncios de Carrasquilla se vinieron a sumar a otros que tienen que ver con la Región Caribe y con Electricaribe, cuya crítica situación requiere con urgencia que el Gobierno tome medidas sobre su futuro. Para Carrasquilla, dichas medidas deben pasar por “el incremento de las tarifas”, algo que -como es apenas lógico- cayó muy mal en más de 10 millones de usuarios que todos los días padecen el mal servicio de la intervenida compañía.

Pero Duque también tendrá que lidiar con el fuego amigo de su ministra de Minas, María Fernanda Suárez, quien -según afirmó recientemente- aspira a “convencerlo de las bondades del fracking”, técnica empleada en la exploración petrolera, que consiste en el uso del agua para fracturar rocas a una profundidad de entre 3 y 5 kilómetros. La técnica ha sido rechazada en muchos países que la consideran letal para el medio ambiente, hasta el punto de que existen en la actualidad movimientos ambientalistas muy poderosos e influyentes con gran poder de movilización, cuyos líderes -sin duda- se harán sentir en caso de que Duque dé vía libre a su utilización en el país.

¿Qué tanto afecta el “fuego amigo” a Duque en sus primeras semanas de gobierno?