Últimas noticias

Rosalía Solórzano, funcionaria del Ministerio de Vivienda, lidería en Sucre una reunión con miembros de la Mesa Departamental de Viviendas Gratuitas.
11:03

En Sincelejo están documentados 70 casos y solo 5 han...

10:47

La manifestación se cumple en el colegio Francisco José de...

10:40

La superintendente de Servicios Públicos dijo que la...

Momento de la captura del exfutbolista.
09:49

El exjugador de la Selección Colombia y del Junior era el...

El empresario cartagenero Rafael Del Castillo.
09:30

Indicó que los empresarios no están de acuerdo con nuevas...

09:28

Grandes figuras del balompié nacional, como René Higuita,...

El excandidato presidencial y senador cordobés Gustavo Petro.
09:16

“La Constitución exige que para conservar la personería se...

La superintendente de servicios públicos domiciliarios, Natasha Avendaño, durante el foro en Cartagena.
09:11

Así lo anunció la superintendente de servicios públicos...

Rodolfo Puche Contreras, es conocido como el ‘Rey de la vieja guardia’.
08:59

Su show tiene tres puntos fijos, siempre en horas del...

08:57

El Congreso está a la espera de una respuesta que entregue...

Iván Duque Márquez, presidente de Colombia.
Iván Duque Márquez, presidente de Colombia.
Iván Duque Márquez, presidente de Colombia. Foto por: Shutterstock

El enigmático Iván Duque

Aunque en el arranque su mandato las relaciones con el Congreso y con los partidos no han sido fáciles, el presidente colombiano ha conservado su tono conciliador y mesurado. Sin embargo, aún no hay pistas de cómo será en el 2019. 

El titulo es:El enigmático Iván Duque
Por: Tomás Betín @tombetri

Aunque en el arranque su mandato las relaciones con el Congreso y con los partidos no han sido fáciles, el presidente colombiano ha conservado su tono conciliador y mesurado. Sin embargo, aún no hay pistas de cómo será en el 2019. 

Nadie sabe muy bien de dónde salió Iván Duque, no al menos hasta que el gran elector del país, el expresidente Álvaro Uribe, lo sacó de Washington para su lista cerrada al Senado en 2014. Pero nadie puede ignorar, tampoco, que fue uno de los mejores parlamentarios de esa legislatura, que su inclinación hacia el centro, su simpatía y su conocimiento lo hacían el candidato más mesurado del Centro Democrático y le ganaron además apoyos entre la mayoría de las bancadas tradicionales.

De igual modo, no se podría vaticinar aún cómo seguirá su gobierno, que por ahora se avizora como una mixtura, entre la retoma uribista del poder –que con las Farc desmovilizadas intenta redefinirse y reconciliar sus facciones- y una nueva vía de asumir el mando, más alejada de los extremos, más cercana a la tecnocracia y abandonando costumbres políticas que ya hastiaron a la ciudadanía.

Lo que sí se sabe es que este abogado de 42 años, con estudios en filosofía y humanidades llegó al solio de Nariño al lograr en las pasadas elecciones una votación histórica de más de 10 millones de votos, en un fuerte pulso con la izquierda que  al final lo convirtió en el segundo más joven de los 55 presidentes que ha tenido Colombia. 

Retroceder y avanzar

Lo que pareciera asomarse desde ya es un carácter en parte conciliador y autocrítico, que ha retrocedido cuando lo ha considerado, o bien cuando se le ha puesto contra la pared. Como ocurrió en el caso de la Ley de Financiamiento y la ultra criticada ampliación de la base gravable del IVA en la canasta familiar. O en el episodio de las reiteradas protestas estudiantiles, frente a las que el Ejecutivo ha tenido que ceder y reconfigurar los aportes presupuestales.

Pero también desde su mandato ha habido salidas en falso y que confunden a la opinión: el –por fortuna superado– asunto de una sola corte, que desdibujaba la Constitución del 91 y lanzaba alertas sobre la independencia de los poderes. Y la criminalización de la protesta, que ponía sombras sobre la apertura del Ejecutivo a las voces de los distintos sectores.

E igualmente ha habido incendios que el propio Duque ha sabido apagar. Por ejemplo, cuando se esbozó desde el uribismo la propuesta de una Constituyente para meter por esa peligrosa vía las reformas constitucionales que hace un par de semanas parecían naufragar en el Legislativo, como en efecto ocurrió con la Reforma a la Justicia, fue el presidente el que le bajó el tono a tal posibilidad. Y lo mismo cuando se planteaba la  extensión del periodo presidencial con el fin de unificar periodos entre varias autoridades, fue el propio mandatario el que la desestimó.

Popularidad y gobernabilidad

Con lo que sí ha quedado en deuda el presidente Duque, de acuerdo con los reclamos de los promotores –que son de la oposición-, es con la millonaria votación de la Consulta Anticorrupción, pues se anunció, tras una incluyente reunión de todos los partidos, a la que llegó hasta la Farc, que esos proyectos iban a estar para sanción a estas alturas decembrinas, pero en realidad van a paso de tortuga.

Todo esto le ha salido caro al joven jefe de Estado colombiano, pues su popularidad va en picada, a pesar de su don de gentes e, incluso, de las cualidades artísticas que tiene: donde llega saluda a todos, desde la más alta autoridad hasta los periodistas y empleados de los servicios de aseo; habla de cualquier tema, desde economía y filosofía hasta música y cine; canta con los artistas más queridos por los colombianos; y hace veintiunas de fútbol con una habilidad envidiable.

Aunque quizá esas mismas aptitudes, que han sido criticadas por algunos analistas, le estén proyectando una imagen que podría no ser la mejor, pues en campaña el votante quiere el amor a primera vista pero luego el contribuyente necesita saber que hay una persona seria haciéndose cargo de todo. Algo parecido podría haberle ocurrido a Duque con el Congreso, porque en la segunda vuelta de la campaña, gracias a lo prudente políticamente que escogió ser, a su inteligencia, a su amabilidad y sobre todo a los votos que representaba ser el que dijo Uribe, los partidos tradicionales –que incluso formaron parte de la coalición santista que el Centro Democrático tanto apaleó- no tuvieron mayor problema en apoyar su cruzada al Palacio. Pero ahora, cuando falta ‘mermelada’, o las acostumbradas y cuestionables dádivas gubernamentales a las bancadas para que ‘marchen’ junto a la agenda de Palacio, y cuando la mitad de los ministros técnicos de Duque no hablan el lenguaje clientelista de algunos parlamentarios, le dificultan las cosas al Ejecutivo.

Sin embargo, los partidos de la coalición duquista y los independientes han dado trámite a las reformas y proyectos que consideran necesarios y a los que han ido construyéndose entre todos, como la Ley de Financiamiento, la reforma a las regalías, la publicación de la declaración de renta y el límite a los tres periodos de los congresistas en la Reforma Política. Y, a veces, hasta la izquierda termina respaldando iniciativas gobiernistas, como la que le da dientes a la Supersalud. 

Eso mismo esperan el uribismo y el Gobierno de la popularidad de Duque, que el año entrante suba, conforme a como se vaya “recuperando la economía”, y vayan afianzándose los planes de seguridad, los aportes a la educación, la lucha contra el narcotráfico y los beneficios a los empresarios redunden, como han asegurado los ministros, en mejores condiciones laborales y en un menor desempleo.

Duque no es Santos

Algunos analistas intuyeron que la relación de Duque y Uribe terminaría como la de Santos y Uribe, es decir, enfrentados, un poco por las similitudes entre ambas parejas: por un lado, un ministro y su presidente; por el otro, un senador y el líder de su partido. Y aunque los dos fueron ungidos con la bendición del expresidente, no pareciera ser el caso de Duque, pues mientras Uribe empezó muy temprano a resentir decisiones de Santos –como cuando a los pocos días de posesionado se reunió con Chávez– y a criticarlo públicamente, el mismo Uribe ahora ha salido a respaldar a Duque cuando más lo ha necesitado –por ejemplo recientemente, cuando la bancada uribista reclamaba un revolcón en el gabinete– y a pedirle a los colombianos paciencia con su mandato.

Para Duque, no obstante, se lee en sus biografías, no fue fácil decidir devolverse de Washington, donde vivía desde hacía una década con su familia y tenía una oferta tentadora del sector privado, a hacer política en Colombia y además en la bancada de oposición. En el BID conoció a Uribe y después fue su asesor internacional en la ONU durante la investigación del ataque de Israel a una flotilla de barcos activistas que llevaban ayuda humanitaria a la Franja de Gaza. 

Pero Duque decidió regresar e integrar, como uno de los menos reconocidos senadores, la bancada uribista. Y, desde ahí, la historia, entonces, sí es conocida: un meteórico ascenso a la Casa de Nariño, ganando la consulta interna al hoy canciller Carlos Holmes Trujillo y a Rafael Nieto, y luego venciendo en la consulta de la centro-derecha a su hoy vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y al hoy embajador de Colombia ante la OEA, el polémico Alejandro Ordóñez. Todo esto, por supuesto, teniendo a su favor el apoyo irrestricto de Uribe.

Duque, quien conoció la política de la mano de su padre Iván Duque Escobar, ex gobernador de Antioquia, tiene sangre cartagenera que le viene de su abuela Stella Tono, madre de su madre, la politóloga Juliana Márquez. Está casado con María Juliana Ruiz y tiene tres hijos pequeños, Luciana, Eloísa y Matías. Fue roquero en su juventud.

Oportunidades

Y aunque todo lo anterior –pese a que solo lleva poco más de cuatro meses de gobierno– pudiera dar pistas sobre lo que seguirá en adelante, lo cierto es que eso sigue siendo un enigma. 

Como un enigma es lo que pasará con la implementación de la paz con los anunciados “ajustes” a los acuerdos y con la papa caliente de la eventual extradición de Jesús Santrich y la manera en que lo asuman los líderes de la Farc y las bases exguerrilleras. 

Otro misterio lo constituyen las conversaciones con el ELN, pues desde el Gobierno se han puesto dos condiciones para reanudar los diálogos: la liberación de los secuestrados y el cese de la violencia; y además, según la oposición, el proyecto de ley que torna al secuestro y narcotráfico como no conexos al delito político podrían dar al traste con el proceso al traer complicaciones para las amnistías e indultos. 

Y una de las incertidumbres mayores se configura en la amenaza del inestable y fracasado gobierno de Caracas y un ánimo cada vez más hostil hacia Bogotá. No obstante, la actitud de Duque, hasta ahora, de rodearse de la comunidad internacional y la de su canciller Trujillo de buscar respaldo y salidas a la crisis migratoria y humanitaria, lanzan un mensaje de tranquilidad dentro y fuera del país.

Así podría definirse a Duque: un enigma aún, pero quizá ese sea, al mismo tiempo, un buen augurio, el de la oportunidad, pues mientras muchos gobernantes del mundo suelen derivar sin éxito en unilateralismos ególatras, una actitud deseable en un gobierno es la de la prueba y el error, la de la autocrítica, la de la escucha atenta.

Noticias más populares

  • EN EL HERALDO
  • EN Política
  • EN VÍDEOS
  • EN FOTOS
¡Hola!

Recuerda que puedes usar tu cuenta de EL HERALDO en cualquiera de nuestros portales:

Inicia Sesión
Regístrate
sssssss
La sesión ha sido cerrada con exito
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1) Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2) Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3) EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4) Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.
Ya soy suscriptor web
#Rusia2018 ¿Cúal es tu marcador? Juega aquí
¿Quieres asistir a la inauguración? Compra tus entradas aquí
¡Estamos listos! marcadores en cero, inicia la segunda fase. Haz tus predicciones AQUÍ
Continuar al sitio
Noticias más leídas del 2017 1