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“Estoy vivo”: turista cuenta cómo sobrevivió 16 horas perdido en el mar

Daniel Restrepo habló con EL HERALDO sobre cómo fue la angustiante experiencia luego de perderse en mar abierto en el Golfo de Morrosquillo.

Con más de ocho años como velerista y cerca de 20 como buzo, Daniel Restrepo jamás pensó en vivir una situación como la que ocurrió el pasado 5 de enero.

El antioqueño disfrutaba de unas vacaciones con su familia en Cartagena y decidieron asentarse en las Islas de San Bernardo, en el Golfo de Morrosquillo, pero su viaje tomó un propósito totalmente alejado del objetivo de disfrutar en familia: Daniel estuvo perdido 16 horas mar adentro, sin comunicación, sin agua, sin comida y únicamente con su catamarán.

EL HERALDO se comunicó con Restrepo, quien relató en detalle cómo fue esa experiencia llena de sentimientos encontrados, desde el sentido de supervivencia, hasta el miedo de no volver a ver a su familia.

"Eran las 3:30 p.m. del 5 de enero cuando Daniel decidió salir con su catamarán a recorrer la zona y su objetivo era darle la vuelta a la isla del Boquerón. Sobre las 4:30 p.m. aproximadamente, cuenta el turista, su catamarán se volteó mientras buscaba dar la vuelta por la isla. “Eso es normal que ocurra, el catamarán está hecho para que se voltee, ya que es liviano. Ya me había ocurrido en ocasiones anteriores”, relató a este medio.

Sin embargo, en medio de un fuerte oleaje en el mar, la vela se volteó y en ese momento comenzó lo que él también llama una aventura o experiencia. En medio del intento por recuperar el control del catamarán, las horas iban pasando y aunque Daniel intentó conservar la calma, la tarde ya caía y el temor de que la noche llegara se convirtió en una realidad.

“Las 5:30, las 6, las horas fueron pasando y mi preocupación ahora se centraba en que llegara la noche, porque baja la visibilidad, no se pueden ver las olas y el viento es más fuerte”, expresó el turista antioqueño.

No quedaba ningún rastro de luz del día y llegó el anochecer. Daniel contó en EL HERALDO que siempre intentó mantener la calma, aun cuando se apoderaban de él pensamientos de incertidumbre, temor, inseguridad, pero no por lo que pudiera pasarle en ese momento, sino por lo mal que lo estaría pasando su esposa, su padre, su hermano, su familia en general que no tenía noticias de él.

Twitter @FNC_ArmadaCol

Mientras esto ocurría, Daniel se concentraba en poder pasar la noche y se enfocó específicamente en tres situaciones: mantenerse con calor, estar seguro con el catamarán y estar hidratado. Esto último se convirtió en un verdadero desafío, pues él no tenía cómo hidratarse ya que el agua del mar, al ser salada, tiene todos los efectos contrarios a una hidratación.

Sobrevivir al mar abierto

Sobre el primer desafío de mantenerse con calor, teniendo en cuenta que la temperatura en mar abierto llega a niveles bastante bajos, Daniel contó con la suerte de llevar un atuendo propio para salir al mar. Tenía una camisa y pantaloneta larga, además de llevar guantes y gorro.

“En la cabeza se concentra la temperatura. Yo traté de cubrirme como más pude con el gorro. También me sequé con el viento y traté de estar quieto”, relató a este medio.

Con una mente positiva trató de “disfrutar” la noche y el cielo descubierto, no sin antes ajustar su chaleco salvavidas y amarrar una cuerda de su cuerpo al catamarán. Era lo único que iba a mantenerlo con vida.

Reconoció que nunca tuvo la idea de salirse del catamarán, pues solo allí estaba seguro y buscar suerte en mar abierto no era opción.

Sobre mantenerse hidratado, lo único que le llegó a su mente fueron experiencias de otros sobrevivientes: beber de su propia orina para mantener su cuerpo con suficiente agua para que le permitiera sobrevivir por lo menos por esa noche. Además, intentó mantenerse fresco con el agua del mar.

Luego intentó dormir. Para él no era concebible que en medio de esa angustia, su preocupación ahora era dormir, pero debía hacerlo, pues solo de esa manera podía recuperar energías cuando amaneciera. Procuró no moverse mucho, no desgastarse para así no sudar y tener que hidratarse, solo quedaba esperar.

Pasaron las horas y Daniel intentó conciliar el sueño, lo logró por cortos lapsos. “Eran aproximadamente las 5:30 o 6 de la mañana. Yo había visto que algunas lanchas estaban emprendiendo mi búsqueda, las veía pero muy lejos”, recordó.

Sin embargo, su rescate por ahora no se veía cerca. En ese momento, Daniel se estaba preparando para sobrevivir un día más, pero ahora con la preocupación de que debía encontrar sombra para no deshidratarse con el sol. Nunca pensó en la muerte, solo mantuvo su mente en la esperanzadora búsqueda que sabía que estaban haciendo sus familiares, además de las autoridades competentes.

Habían pasado cerca de 14 horas, su familia no tenía rastro de él y las labores de búsqueda se habían intensificado.

Su temor se agudizó cuando al amanecer no veía las mismas luces del Golfo de Morrosquillo que pudo presenciar en la noche. Sentía que estaba más lejos que antes.

La esperanza y emoción

"Eran cerca de las 8 de la mañana y en ese momento el sonido de una avioneta me devolvió cualquier esperanza perdida". ¿Las autoridades me habrán visto?

Hasta ese momento no se había despojado de sus elementos de protección como por ejemplo el chaleco salvavidas, pero decidió deshacerse de todo lo que llevaba consigo.

“Me quité todo para quedar lo más visible que pudiera, yo solo pedía que por favor no se fueran a ir. Por favor que me vean, es aquí es este momento, que no se vayan, que no se vayan”, relató a EL HERALDO.

Y efectivamente ese fue el instante de su rescate. La avioneta lo había visto, lo tenía rodeado. A sus espaldas escuchó una lancha, en ella estaban miembros de la comunidad que apoyaron su rescate, vio rostros conocidos y el alma le volvió al cuerpo. Estaba vivo.

“En ese momento pensé: estoy vivo, estoy vivo, me rescataron. No me sentía solo, ya no estaba lejos”, expresó eufóricamente.

Al regreso, Daniel abrazó a su familia, agardecido de que todavía tuviera futuro e historias por delante qué contar. Volvió a poner los pies sobre la tierra, literalmente.

También agradeció profundamente la labor de la Armada Nacional, de la patrulla aérea y la colaboración de la comunidad.

“Hicieron un triángulo perfecto para mi rescate. Estuvieron en constante comunicación con mi familia”, concluyó.

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