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¿Gerontocidio planeado? Otra mentira viral sobre COVID-19

Un meme basado en la teoría de ‘Plandemic’ dice que las vacunas de la influenza y la Covid, hacen parte de una estrategia para matar a los ancianos.

Según una imagen que circula por Facebook con el logo del ya desmentido video conspirativo ‘Plandemic’ y la foto de su principal entrevistada, la supuesta viróloga Judy Mikovits, “si logran imponer [que] la vacuna COVID-19 sea obligatoria, al menos 50 millones de personas en Estados Unidos podrían morir con la primera dosis, que es la cantidad de personas que tienen el retrovirus gamma que está en vacunas anteriores y la combinación será devastadora”.

Un usuario que publicó el meme lo acompañó con un texto en el que asegura que la pandemia “ha sido un gerontocidio, un plan para asesinar ancianos elaborado desde las élites”. El autor atribuye a la vacuna contra la influenza las altas tasas de mortalidad por la nueva infección respiratoria entre personas de la tercera edad, sobre todo en España e Italia. Según él, “se viene la vacuna contra el COVID-19 para asegurar el gerontocidio”.

La publicación es falsa. En el chequeo a los argumentos de Mikovits, ya se había explicado que el estudio en el que ella se basa para decir que las vacunas contra la influenza supuestamente contenían el SARS-CoV-2 causante de la actual pandemia es, en realidad, sobre la probabilidad de contagiarse de otros virus –incluido un tipo de coronavirus diferente a este– tras haber sido vacunado. El mismo artículo científico aclara que eso no significa que haya una relación de causa-efecto entre las dos cosas.

También ha sido desvirtuada varias veces la teoría de que el virus fue creado en un laboratorio. La evidencia científica, por el contrario, lleva a que su origen es zoonótico. Esto quiere decir que fue transmitido a los humanos por algún animal. En particular, se ha determinado que el genoma es parecido a una familia de coronavirus común entre los murciélagos, aunque esto no descarta la posibilidad de que haya habido otra especie ‘puente’ entre ellos y los humanos.

Es cierto que la enfermedad es especialmente grave y letal para los adultos mayores. Sin embargo, eso no quiere decir que las personas más jóvenes no se infecten y mucho menos que el virus esté diseñado como un arma contra la población de mayor edad. De hecho, la mayoría de contagios registrados se han presentado en personas entre los 20 y los 40 años. Esta ha sido la evolución de los casos por edades en Colombia:

El mayor riesgo de letalidad entre personas de mayor edad se ha dado en todo el mundo. No tiene correlación con la vacunación contra la influenza, como pretende hacerlo ver la publicación viral.

Tomemos los países que tienen datos actualizados hasta 2019 sobre la proporción de su población mayor de 65 años que está vacunada contra esa enfermedad, según los registros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE: Chile, Nueva Zelanda, Israel, España, Italia, Islandia y Letonia. No solo son muy distintos entre sí en esa variable sino también en características geográficas y demográficas, así como en el impacto y la evolución de la pandemia en sus territorios, pero todos tienen algo en común.

Pese a las diferencias, los adultos mayores ponen la mayor parte de decesos por COVID-19 en cada uno de los siete países, aunque los casos confirmados se concentran en personas más jóvenes.

El 83 por ciento de los muertos en Chile, 25 de los 32 que lleva Letonia, 9 de 10 en Islandia y 22 de 22 en Nueva Zelanda han sido personas de 60 años en adelante. A esa edad, la letalidad que se ha registrado en Italia es de 11 por ciento, el cuádruple de quienes están en sus cincuentas; salta a 27 por ciento desde los 70 y llega a 35 por ciento a partir de los 80. Estas diferencias son mucho más marcadas en España y la edad promedio de los fallecidos en Israel es 80 años.

Un chequeo del portal español Maldita, que es miembro de la alianza #DatosCoronavirus, también mostró que es falsa la supuesta relación entre la vacuna contra la influenza y el COVID-19. El virólogo e inmunólogo Pepe Alcamí y la epidemióloga y reumatóloga Loreto Carmona explicaron en ese artículo que es “imposible” la supuesta contaminación de la vacuna gripal del último año en ese país (las dosis son anuales), que esta se produce con base en partes de virus en lugar de inyectarlos en su forma activa y que es normal que se apliquen varias vacunas en una.

Es más, las vacunas ya existentes contra otras enfermedades respiratorias tampoco sirven como protección ante el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia. Como lo explica una nota de Despacho 505, miembro nicaragüense de la alianza verificadora LatamChequea, este nuevo virus requiere una vacuna específica y todavía no hay ninguna disponible en el mercado.

Además, los retrovirus no tienen nada que ver con la influenza ni con los coronavirus. Un ejemplo de los primeros es el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) que causa el sida. En el segundo grupo está el A(H1N1) que generó otra pandemia en 2009. Entre los terceros están el SARS-CoV-2, causante del COVID-19 y sus parientes, el SARS de 2003 y el MERS de 2012, entre otros de efectos más leves.

En otro chequeo, ya habíamos dicho que las coincidencias genéticas entre el VIH y el SARS-CoV-2 son en secuencias muy cortas presentes en una amplia variedad de organismos. Por tanto, es mentira que el primero esté contenido en el segundo.

La clasificación establecida por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus, que es parecida a la que se usa para los seres vivos, los ubica en categorías muy distintas. En estos términos, tienen en común lo mismo que los animales con los vegetales o los hongos: están en el mismo dominio pero en diferentes reinos. Los retrovirus se ubican en el Pararnarvirae y los coronas y las influenzas, en el Orthornavirae.

Entre tanto, a pesar de compartir el mismo reino, la familia Orthomyxviridae a la que pertenecen los virus de influenza está en el filo Negarnaviricota y la de los coronavirus pertenece al Pisuviricota. En biología, sería como si ambas categorías fueran de animales, pero unos vertebrado y los otros no.

De hecho, Mikovits es famosa por haber falsificado el descubrimiento del supuesto origen del síndrome de fatiga crónica en un inofensivo retrovirus de ratones. Lo curioso es que ahora dice que este tipo de virus son los que contaminan las vacunas de la influenza y el COVID-19, a pesar de que estos animales no se usan en la producción de vacunas contra este tipo de enfermedades, como lo recordó el portal estadounidense de noticias médicas MedPage Today en un artículo sobre los errores en esta teoría conspirativa.

Esa es la verdadera historia detrás de esta mentira viral.

Lea también el artículo original: ¿Gerontocidio planeado? Otra mentira viral sobre COVID-19

 

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