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Una mujer coloca una ofrenda floral en El Paso, donde ocurrió el primer tiroteo del fin de semana AFP
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Conmoción en Estados Unidos por dos matanzas sucesivas

Los hechos sangrientos dejan una cifra de 29 muertos y una cincuentena de heridos. Trump dice que es un “acto de cobardía”.

Estados Unidos vivió uno de sus peores fines de semana por la violencia con armas de fuego, después de que dos ataques ejecutados en un lapso de menos de 24 horas provocaran 29 muertos y una cincuentena de heridos.

Dos jóvenes blancos de estilo paramilitar mataron a 29 personas durante el fin de semana en Estados Unidos, confirmando los temores de aquellos para quienes el “terrorismo blanco” es ahora la principal amenaza para el país.

Entre lágrimas, se alzaron voces a ambos lados del espectro político para llamar a las autoridades a medir el auténtico peligro, eclipsado largo tiempo por la lucha contra los ataques yihadistas.

“Las vidas perdidas en Charleston, San Diego, Pittsburgh y, seguramente ahora también en El Paso, son las consecuencias del terrorismo nacionalista blanco”, dijo en la televisión Pete Buttigieg, candidato a las primarias demócratas, al aludir a los ataques contra un iglesia negra, dos sinagogas y el del sábado en un centro comercial de Texas.

Un hombre blanco de 21 años, armado con un rifle de asalto, mató a 20 personas, incluidos seis mexicanos, cerca de un supermercado en El Paso, una ciudad con 85% de su población de origen hispano ubicada en la frontera con México.

Un manifiesto, atribuido al tirador y que circulaba en Internet, denuncia “una invasión hispana de Texas” y evoca los tiroteos que llevó a cabo un supremacista blanco en mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda, el 15 de marzo, con saldo de 51 muertos.

El tiroteo de El Paso es abordado como un caso de “terrorismo doméstico”, anunciaron las autoridades federales.

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Trece horas después del ataque de El Paso, un hombre blanco de 24 años sembró terror en Dayton, Ohio, matando a nueve personas en menos de un minuto. Su hermana está entre las víctimas y sus motivos no estaban claros en lo inmediato.

En este caso, el atacante también usó un rifle de asalto equipado con cargadores de alta capacidad, tenía municiones adicionales y llevaba un chaleco antibalas, dijo Whaley.  Fue identificado como Connor Betts, un hombre blanco de 24 años, y su hermana, Megan Betts, de 22, figura entre los asesinados en la masacre, dijo la policía.

“Aquí hay dos factores que se combinan”, continuó Pete Buttigieg en su análisis en la cadena Fox News: “Por un lado, la debilidad de las políticas reguladoras del mercado de armas y, por otro, el aumento del terrorismo interno inspirado por el nacionalismo blanco”.

“No podemos proteger a Estados Unidos de esta amenaza si no estamos listos para nombrarla”, afirmó el joven alcalde de South Bend, Indiana. “El gobierno debe dejar de fingir que es solo una casualidad y que no se puede hacer nada”, acotó.

El presidente Donald Trump calificó el tiroteo en El Paso como un “acto de cobardía”, sin aludir a los supuestos motivos del sospechoso. Y el alcalde republicano de El Paso, Dee Margo, redujo la tragedia al acto de un “hombre trastornado y puramente diabólico”.

Pero incluso para algunos republicanos, esta explicación ya no es suficiente.

“La lucha contra el terrorismo ya es una prioridad, creo que debería incluirse una firme oposición al terrorismo blanco”, escribió en su cuenta de Twitter el político George P. Bush, sobrino del expresidente George W. Bush y Comisionado de la Oficina General de Tierras de Texas. “Esta es una amenaza real y presente”, agregó.

En 2017 y 2018, según el New America Analysis Center, la violencia de extrema derecha se ha cobrado más vidas en Estados Unidos que los propios ataques yihadistas.

Pero las autoridades, que se habían centrado en la lucha contra la amenaza yihadista después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, han reaccionado lentamente.

“Incluso bajo el gobierno del demócrata Barack Obama, los servicios de inteligencia a menudo han ignorado las amenazas de extrema derecha por razones políticas”, escribió el analista Robert McKenzie en marzo.

El jefe de la policía federal FBI, Christopher Wray, se defendió en abril al afirmar que sus servicios estaban “muy activos” ante la amenaza de los supremacistas blancos. “El año pasado, llevamos a cabo más arrestos relacionados con el terrorismo doméstico” que ligados al “terrorismo internacional”, agregó.

Pero las dudas persisten debido a la actitud de Donald Trump.

El presidente, que se ha hecho eco de la idea de una “invasión” de inmigrantes y lo repite continuamente, se negó a condenar las violentas manifestaciones de derecha en Charlottesville en agosto de 2017 y recientemente llamó a cuatro legisladoras demócratas de minorías a “regresar” a sus países.

“El presidente en persona promueve el racismo y la supremacía blanca”, dijo la senadora Elizabeth Warren, que aspira a la candidatura presidencial demócrata para las elecciones de 2020.

El excongresista Beto O'Rourke, que también corre en esa interna, fue aún más lejos al afirmar que Trump “es un racista y azuza el racismo en este país. Y no solo ofende nuestras sensibilidades, sino que fundamentalmente cambia el carácter de este país y lo lleva a la violencia”.

Patrick Crusius y Connor Betts, fueron identificados como principales sospechosos.

Los autores

Las autoridades investigan si el tiroteo en El Paso es un posible crimen de odio tras conocer un manifiesto relacionado con el sospechoso del ataque que dejó 20 muertos. Un hombre blanco de 21 años de Allen, suburbio de Dallas, se entregó a la policía tras el tiroteo en una tienda de Walmart, que dejó además 26 heridos.

Los medios lo identifican como Patrick Crusius, y lo vincularon al manifiesto publicado en internet que critica la “invasión hispana” de Texas.

De otro lado, el autor del atentado de Dayton, Connor Betts, quien ultimó a nueve personas e hirió a más de 20 cuando abrió fuego con un rifle de asalto en un repleto barrio histórico famoso por sus bares, restaurantes y teatros, fue abatido en menos de un minuto.

Betts, de 24 años, fue muerto a tiros por agentes de policía que llegaron a la escena mientras patrullaban cerca.

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