El Heraldo
Según estudio de PEN internacional, solo el 30 % de la industria editorial de América Latina pertenece a mujeres. Shutterstock y Cortesía
Mujer e Igualdad

Mujeres poetas del Caribe que siguen rompiendo barreras

La industria editorial aún tiene grandes brechas en Latinoamérica; sin embargo, en la Costa muchas de ellas le apuestan a irrumpir. 

Un reciente informe de PEN Internacional –ong que lucha por los derechos humanos y la libertad de expresión–, con apoyo de la Unesco, reveló que solo el 30 % de la industria editorial, medios de difusión, festivales y premios literarios de América Latina brinda espacio a las mujeres. “Mujer en poder de la palabra” es una investigación que tomó dos años y que se realizó en Ecuador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y México. 

Sin embargo, en el Caribe colombiano las mujeres han venido desde hace mucho tiempo librando la batalla y han conquistado importantes espacios literarios y periodísticos, ejemplo de ello son la poetisa Meira Delmar y la novelista Marvel Moreno, iconos irrefutables de las plumas femeninas del Caribe, y puntualmente de Barranquilla. Pero en la actualidad tenemos grandes talentos que han construido un camino a partir de sus propios estilos, y por ello EL HERALDO resalta a dos de las escritoras más relevantes en la actualidad barranquillera, ambas en el plano de la poesía.

Lilian Pallares, escritora de nuevos horizontes.

Lilian Pallares nació en Barranquilla en 1976 y luego de graduarse como periodista en la Universidad del Norte se radicó en España, país en donde además estudió creación literaria. Lilian es una artista caribe multifacética que escribe para luego dar vida a sus obras con ritmos de tambores, que le han merecido varios méritos y distinciones a nivel internacional.

Hablar de Lilian es hacer referencia de un talento que seguramente se convertirá en un referente literario de Barranquilla y de Colombia ante el mundo, porque incluso la calidad de sus publicaciones le valieron el haber sido incluida en 2011 entre los 10 mejores escritores jóvenes de Latinoamérica por about.com, la editorial digital e impresa más grande de Nueva York entonces.

No sería extraño que su nombre llegara a tener una gran relevancia como representante de las letras del Caribe, a la altura de Meira y Marvel, quienesb parecieran haber nacido a destiempo, en siglos distintos, haciendo frente a distintas visiones que la sociedad en general tenía respecto al oficio de una mujer escritora, y pese a que las condiciones culturales parecen haber mejorado para  Lilian, su carrera surge sin que la problemática de la visibilidad deje de ser un reto constante, pero que ha sabido superar.

Ese estilo crítico y esa genialidad creativa completamente autóctona es la misma calidad que imprime en sus obras, y que luego de alguna manera pareciera también imprimir al ritmo de los tambores alegres o africanos que le acompañan en sus puestas en escena, en donde su letra se hace verso y baile, un estilo que ha sabido sobresalir en medio del mundo bohemio propio de la lectura que algunas veces peca de lúgubre, siendo este un molde en el que Lilian no se preocupa por encajar, pues sabe que lo que ha desarrollado hasta el momento resulta en una estrategia acertada de invitación e iniciación a la poesía para aquellos que nunca han logrado conectar con ella, y que gracias a su estilo logran descubrir ya sea por la tinta, el baile, el canto o el tambor.

En una industria en que se cree erradamente que las mujeres no han sabido acaparar la atención y que sí logran siquiera la proeza de publicar, Lilian se ha hecho de algunos grandes reconocimientos en España: en 2017 recibió el XIV distinción de Poetas de Otros Mundos, concedida por el Fondo Poético Internacional.

La riqueza cultural ancestral, heredada también, la ha sabido plasmar en los proyectos que emprende con su productora Afrolyrics, sintiéndose fuertemente influenciada por la imagen de las cantadoras, de quienes considera recibió el don, lo afro y lo caribe, y que logró abrazar estando en otro continente, cuando en sus inicios su poesía era muchas veces subestimada, en esos tiempos no solo por ser mujer, sino por migrante, otra razón de ser que la llena de orgullo.

Lilian sigue siendo única e irrepetible, su irreverencia propone entonces el comprender otros acentos, otras culturas y otras formas de ver la poesía más allá de un género literario o sexual, pues incluso desde su acento optó por encantar e impactar, negando a dejar de lado las onomatopeyas que ilustran sus poemas, porque cuando el tambor no la acompaña ella hace las veces de tambor con su boca y suena por él.

Dice que algún día quisiera poder traer sus producciones a Barranquilla y que cuando se hable de ella pueda inspirar el respeto que ella misma percibe de sus humildes musas, las cantadoras, pues aunque lo suyo sea la palabra escrita no concibe posible que estas no sean consideradas musas ilustradas, pues para ella las cantadoras son narradoras pioneras y que por lo menos deberían ser fuente de muchos textos y artículos sobre ellas a quienes ella misma también quiere representar.

Su entrega a la poesía y a sus raíces es completa y evidente, por eso otro de sus reconocimientos en 2020 fue el premio Mujer Migrante por su aporte a la escena cultural de España, siendo ella una colombiana que solo viajo hasta allá para vivir de lo que ama y los conquistó.

Dina Luz Pardo: Callar nunca fue una opción.

Dina Luz Pardo Olaya: Nació en San Marcos, Sucre y se radicó en Barranquilla.

La luz, la voz y la letra de Dina son otra lumbrera de la literatura Caribe, no solo por ser otra mujer que puede decir con certeza lo que es tener publicados varios libros de poesía, sino por lo que su trabajo como gestora cultural significa para Barranquilla, pues ella ha sido vital para que artistas como Lilian Pallares, que desean dar a conocer su visión de la literatura y la poesía caribe en su propia tierra, puedan encontrar esos escenarios y eventos para hacerlo realidad.

Reconoce humildemente que algunos de sus libros han sido para ella un éxito rotundo de los que ha podido vivir en algunas ocasiones, y eso en sí mismo es un hito en la vida de cualquier artista, o escritor, sea hombre o mujer, y es por ello que Dina no desiste en su tarea, además porque para la ella la poesía no es una forma de ver la vida, sino de vivirla. En propias palabras: “Yo no habito en la poesía, la poesía habita en mí”.

Dina Luz, un nombre caribe que se hizo popular gracias a la letra poética de un vallenato que relató versos sobre el arte y las golondrinas, es también un ave viajera que llegó a Barranquilla hace algunos años buscando el porvenir de sus sueños, dejando a su natal San Marcos en Sucre. Y se quedó en ‘La Arenosa’ para cosechar, pese a las muchas lluvias y los aguaceros de la vida que también le ha tocado superar, una amplia carrera en el mundo de los medios de comunicación. Actualmente es usual verla en entrevistas regionales como la directora ejecutiva de Asocentro, labor que desempeña desde hace 21 años, y en donde también vela por los derechos de los comerciantes, cuando no está velando por los derechos de los poetas en su ciudad adoptiva.

Ella misma es una mujer de versos delicados y alma tenaz, y con ese tesón que ha aprendido de la vida, como la pérdida de una hija, ha desarrollado una capacidad de resiliencia y lucha incansable por la recuperación integral del centro o del Paseo Bolívar y sus alrededores.

A la luz de la vida de Dina, nada en la vida misma dista de la poesía, pues ella la concibe como estar presente, porque así es ella, empática hacia necesidades de los demás, lo cual considera un acto poético que cualquiera, escriba o no escriba, puede realizar, aunque por el protocolo de su labor gremial muchas veces parezca una corporativa más. Lo cierto es que por dentro lleva la poesía haciendo su trabajo, esa misma que la ayuda a ella también le ha servido para plantearle a Barranquilla hacer uso de la poesía para dar forma a una ciudad más empática.

Dina Luz Pardo, escritora y poetisa sucreña. Lilian Pallares, escritora y poetisa barranquillera. Cortesía.
Visibilización de la mujer.

En cuanto a la problemática de la visibilidad de la mujer en el mundo literario, no es ajena a esa clase de experiencias, y sabe que no todos los poetas son humanos, sino que algunas veces solo seres bien versados. Lo dice por una experiencia que vivió a los 19 años cuando apenas abría sus alas alistándose para emprender sus vuelos de golondrina, cuando un hombre mayor que ella, a quien consideraba todo un ídolo, y de quien hoy en día prefiere guardarse el nombre, le dijo que lo mejor que podía hacer con un manuscrito de poemas que ella le había compartido era romperlo y quemarlo, pues “la poesía no era lo suyo”.

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