Tim Buendía, el holandés que se quedó en Aracataca

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Tim Buendía, el holandés que se quedó en Aracataca

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"Tim aan’t Goor, atraído por la obra de Gabo, llegó a Aracataca para conocer la tierra del Nobel.s

Tim aan’t Goor se encontraba en Lanzarote, islas Canarias, ganándose la vida como bailarín de música disco y animador de centros nocturnos cuando leyó María Dos Prázeres, un cuento de Gabriel García Márquez, traducido al neerlandés y quedó intrigado con el pasaje en que ella le enseña a su perro a llevarle flores a su tumba. Tim tenía 23 años y había decidido partir de su natal Elburg, Neerlanda, aburrido con los diez o quince grados bajo cero que le congelaban su alma de gitano y le llenaban de escarcha las alas de soñador.

Antes de llegar a España había estado en Australia, Thailandia, India y el nordeste europeo, pero parecía que los lingotes imantados del gitano Melquiades lo atraían hacia Suramérica. Decidió partir hacia nuestro continente y su primera estación fue Iquitos, Perú. Allí cayó en sus manos un ejemplar de Cien años de soledad que terminó de orientar su rumbo y apresurar sus pasos hacia ese pueblo que no aparecía en ningún mapa: Macondo.

“Me vine mochileando y gitaneando, dice en un español bastante fluido. Pero en ninguna parte me daban razón de Macondo aunque sí encontraba mucha información de ese man a quien muchos llamaban simplemente Gabo o Gabito. Llegué a Santa Marta y fue allí donde, por fin supe que Macondo era un lugar mítico en el universo literario creado por Gabriel García Márquez y cuya ubicación física era Aracataca”.

“El 23 de abril de 2008, Día del Idioma llegué por fin a este pueblo y me pasé toda la mañana en el Instituto Departamental Gabriel García Márquez disfrutando la forma en que sus alumnos celebraban al Nobel leyendo y dramatizando sus obras. Por la tarde me llevaron a conocer al pintor Luis Carlos Agámez en el barrio Macondo y se armó una tertulia con varias personas del quehacer cultural. Por la noche, al acostarme en la hamaca que me ofrecieron, decidí quedarme a vivir aquí por siempre.

Sobreviví algunos meses vendiendo fotocopias de mis poemas y después me dediqué a dar clases personalizadas de inglés. Solo he vuelto una vez a Elburg. Mi familia trató de retenerme allá pero me negué y les pedí que me apoyaran con algo de dinero para montar lo que hoy se llama The Gipsy Residence, un lugar hecho a mi gusto para recibir viajeros de todo el mundo que contacto a través de Internet, en una antigua casona del barrio Cataquita”

Un buen día decidió ser un Buendía. Desde su llegada a Aracataca, Tim comenzó a llamar la atención de sus pobladores. Ciento noventa y cuatro centímetros de estatura, larga cabellera, barba descuidada, sombreros de espantapájaros y un bastón que nunca posa sobre el piso sino que lleva colgando de su brazo derecho, lo hicieron famoso como “Tim, el gringo”, ya que nadie pudo aprenderse su apellido que suena como si uno estuviera haciendo gárgaras. Un día decidió que la estirpe de Úrsula Iguarán sí podía tener una nueva oportunidad sobre la tierra y le anunció a su amigo Rafael Darío Jiménez que a partir de ese momento se llamaría Tim Buendía, descendiente directo del coronel Aureliano, continuador de su grey y seguidor de la filosofía gitana de Melquiades.

Precisamente, en estos días está a punto de terminar la tumba del gitano Melquiades, en el barrio El Carmen, otro paso que da en su empeño por materializar lugares emblemáticos inspirados en personajes creados por García Márquez, para que formen una gran ruta de turismo cultural que atraiga a visitantes de todo el mundo hacia este pueblo, que poco a poco va tomando conciencia de la gran imagen de Aracataca que Gabo ha consolidado en el mundo y que impulsa a mucha gente a venir.

Para lograr su cometido, Tim ha creado un tour denominado Feel the magic of the real Macondo, que ofrece recorridos en bicicleta por los barrios de la cuna del Nobel, prometiendo que el visitante “termina perdiéndose en la imaginación del realismo mágico”. Y hace énfasis en cosas tan simples como bañarse en un río lleno de piedras pulidas por la arena del tiempo, que parecen huevos prehistóricos.

“Básicamente mi aspiración es que los cataqueros y cataqueras se contagien de mi amor por su pueblo y por Gabo para que decidan sacarle provecho a ese legado que García Márquez les ha hecho en vida divulgando su nombre y su imagen por todo el planeta en casi todos los idiomas conocidos”.

Lo dice mientras juega en el patio de la casona con sus perras Amparo y Remedios Moscote y los gatos Melquiades y Melquiecito, al tiempo que actualiza su sitio web, http://www.thegypsyresidence.com y prepara los temas que tratará en el programa Míster Tim Buendía, todos los domingos de cinco a seis de la tarde por la emisora comunitaria Macondo Estéreo.

Por Juan Carlos Rueda Gómez
 

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