Por la sala de audiencias de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía de Barranquilla han pasado cerca de 300 víctimas con historias que nunca se han contado, con rostros que son anónimos y tragedias que no terminan.

La búsqueda de la verdad se ha convertido para ellos en una necesidad de vida, pero nadie sabe lo que les cuesta llegar al fondo de los hechos que les arrebataron a sus seres queridos o a las tierras.

Lucía Aguirre atravesó los departamentos de Santander, César y Magdalena para escuchar de viva voz a su victimario; en este caso, el ex comandante paramilitar Juan Francisco Prada Márquez, más conocido como ‘Juancho Prada’.

No tenía un peso en el bolsillo, había perdido las tierras que su familia trabajó por más de 30 años en El Carmen, Santander. Otras 40 personas que se desplazaron del municipio compartían el deseo de asistir a la audiencia con el único propósito de esclarecer los homicidios que aterrorizaron a la población desde la incursión del frente ‘Héctor Julio Peinado Becerra’, hace unos once años.

La falta de recursos unió a las víctimas quienes organizaron rifas, vendieron comida, sacaron los animales del corral y les pusieron precio hasta completar un millón 500 mil pesos, la cifra justa y exacta que cobró el dueño de un bus para transportarlos hasta Barranquilla y luego devolverlos al sitio de partida.

“El alojamiento corre por cuenta de cada uno, la mayoría se devuelve el mismo día porque no hay plata para el hotel”, dijo Lucía después de un receso durante el primer día de la segunda sesión de la diligencia que rindió el ex ‘para’ en abril.

Las dificultades de las víctimas no terminan cuando llegan a la sala de audiencias, reservadas para ellas por disposición de la Ley de Justicia y Paz. Apenas es el inicio de una serie de penurias que terminan por decepcionarles y frustrar un encuentro postergado con la verdad.

DEL OLVIDO A LA SALA DE VÍCTIMAS

Las víctimas desconocen a qué tienen derecho. No saben a dónde dirigirse, con quién hablar, cuáles son las limitaciones de la Ley, ni mucho menos cuándo el victimario se referirá a los hechos que les interesan.

La desinformación entre los afectados por la violencia tiene ver en algunas ocasiones con las distancias entre las poblaciones donde incursionaron las AUC y las capitales –solo tres en el país— donde se desarrollan las versiones libres.

“Allá nadie sabía nada porque no hay una oficina de Acción Social y no llega información sobre estos casos, se había visto algo en televisión, pero no entendíamos. Me enteré una vez que estaba en Aguachica y cuando viajé a El Carmen llevé la información”, afirmó Lucía.

Las estrategias de la Fiscalía, en este sentido, no han sido suficientes. Aunque el organismo elabora un cronograma de los temas que se tratarán en cada una de las diligencias, las víctimas desconocen la metodología y muchas veces asisten cuando el desmovilizado se no se va a referir a casos particulares sino a la estructura de la organización.

“Cuando uno llega se encuentra con que el paramilitar no habla de los muertos de uno sino que se ponen a decir mentiras como que a todos los que mataron eran guerrilleros”, afirmó Pedro Martínez, un desplazado del Magdalena.

Las versiones de los diez paramilitares que se han presentado ante los fiscales en la ciudad han suscitado reacciones contrarias. Por un lado, los simpatizantes se apostan en las afueras del Palacio de Justicia (Centro Cívico) con pancartas en las que piden la libertad y el pronto regreso del paramilitar a sus poblaciones. En la otra acera una fila de víctimas silenciosas esperan a que se les permita la entrada a la diligencia. Los gritos de los primeros apagan el llanto de los otros.

LA DECEPCIÓN

Cuando terminan las diligencias, en la sala de víctimas los rostros muestra desencanto. “Eso es una burla a la Justicia”, afirmó una de las víctimas.

“No sabía nada, no conocía a nadie, no hizo nada, se la pasó repitiendo todo el tiempo. Qué cinismo. ¿Por qué es tan descarado (‘Juancho Prada’)? Ahora todos los delitos se los cargan a los muertos”, manifestó Lucía.

En otra audiencia un joven que viajó desde Aguachica para escuchar a Wilson Salazar Carrascal, alias ‘El Loro’, dijo que no había “valido la pena tanto esfuerzo para escuchar mentiras”.
Algunos abogados representantes de las víctimas afirman que la forma cómo se desarrollan las versiones libres atenta contra los derechos de los afectados. “La Fiscalía no le ha dado un real acceso a las víctimas. A ellas les toca ver la sesión en una pantalla, 11 pisos abajo de donde se desarrolla la versión y tienen que escribir las preguntas en un papel que luego lo llevan unos funcionarios”, explicó una abogada.

El momento más tensionante vivido durante las confesiones de los desmovilizados ocurrió el pasado 4 de julio cuando las declaraciones del ex jefe ‘para’ Rodrigo Tovar Pupo, ‘Jorge 40’ desataron la ira de la gente.

Con llanto y gritos, cerca de 70 víctimas de ‘Jorge 40’, le exigieron verdad y respuestas por todos los hechos de sangre cometidos por el Bloque Norte. “¡Asesino, criminal!”, gritaron hombres y mujeres al finalizar el segundo día de versión libre y minutos después de que ‘Jorge 40’ admitió el asesinato de 42 pescadores en Nueva Venecia, Magdalena, el 22 de noviembre de 2000, hecho que calificó como “un acto de guerra”.

”¡Todavía no tenemos respuestas!”, vociferaron las víctimas, quienes exigieron la verdad a Tovar. “Nos robaron todo, las tierras, el ganado… ¿y quién nos devuelve a nuestros muertos?”.

Las explicaciones que tanto habían esperado fueron esquivas. Las confesiones han sido calificadas como mínimas y estériles.

De regreso a casa los esperan las deudas que adquirieron con la esperanza de encontrar respuestas y terminar el duelo por la pérdida de una parte de sus vidas.

“Nos vinimos sin nada y nos vamos sin nada. Ahora regresamos a pagar lo que quedamos debiendo”, afirmó una mujer que prestó al interés $80 mil.

Las versiones de ‘Jorge 40’ y ‘Juancho Prada’ han sido las más concurridas por las víctimas. Pero las expectativas se han ido disminuyendo y cada vez la presencia de afectados es menor.

En las salas, abogados y observadores internacionales escuchan atentamente las palabras de los confesos paramilitares, en los pueblos y las casas, los dolientes esperan que se aplique la Justicia divina porque en la de los hombres les parece complicada, inaccesible y costosa. “No creemos en las leyes, solo en el de allá arriba”, dijo una anciana a la que le arrebataron sus tierras en Chivolo, Magdalena.

Por REDACCIÓN JUDICIAL

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