El Heraldo
Ana Fontalvo al lado de su hermano, José Luis, quien está a punto de donar un riñón. José Torres y cortesía
Barranquilla

Familiares les donaron los órganos para salvarlos de la enfermedad

Ana, Mateo y Norma cuentan sus historias antes y después de un trasplante. Son la prueba de que ni la adversidad supera el amor de la familia.

El trasplante de órganos es, en muchas ocasiones, la única opción de vida para los seres humanos que padecen una enfermedad crónica o terminal que deteriora su integridad física y emocional. En Colombia, según cifras del Instituto Nacional de Salud, cerca de 3.000 personas esperan un donante.

Ana Fontalvo, de 29 años de edad, forma parte de esa lista. Desde hace 18 años sufre problemas renales. En aquel momento le practicaron su primera operación por cálculos y asegura que estos “estropearon” sus riñones. Por ese motivo, hoy presenta insuficiencia renal.

Hasta la fecha, no ha sido necesario recurrir a la diálisis. Sin embargo, su dieta alimenticia incluye algunas restricciones.  Comer bajo en sal, nada de embutidos ni gaseosas.

Hace tres semanas accedió a la lista de espera en Colombiana de Trasplantes, donde ha conocido casos de personas que están hace cuatro o cinco años en la misma situación. Su hermano José Luis vino desde Fundación con la intención de regalarle una nueva oportunidad de vida, razón por la que se ofreció como donante.

“Ya me hicieron casi todos los análisis y exámenes médicos y salí bien. Sólo falta el definitivo para confirmar que somos compatibles”, dice José Luis, a quien Ana considera “como un padre” por estar  todo el tiempo pendiente de su cuidado.

Desde el momento en que supo que padecía insuficiencia renal, Ana se dio a la tarea de buscar qué clase de alimentos puede consumir y cuáles debe evitar. “Las frutas que como son pera, manzana y papaya. Evito otras por el potasio y porque tengo la creatinina en 3,7”, dice.

Según los médicos, el valor normal de este compuesto orgánico en una mujer es, en promedio, de 0,6. Si la prueba de histocompatibilidad de su hermano es favorable, Ana estará a las puertas de recibir un riñón.

Mateo, el guerrero

En 2011, cuando apenas tenía 8 años, Mateo Púa fue diagnosticado con leucemia mieloide crónica, una enfermedad que ataca, usualmente, a mayores de 50 años. Yolima Gómez, su madre, cuenta que un hemograma arrojó un resultado de 300.000 leucocitos. Esto obligó a Mateo a estar internado 17 días en una clínica.

Al año siguiente, el 21 de agosto, el niño ingresó a una Unidad de Cuidados Intensivos por 36 días. Sin perder la serenidad de su voz, Yolima recuerda que los médicos, escépticos, le pronosticaban un 10 % de probabilidades de vida a su único hijo.

En diciembre de 2012, Yolima se practicó los exámenes de histocompatibilidad. De estos depende la posibilidad de donar. “Antes de eso empezó la lucha con la EPS, nunca había cita, por eso hice los exámenes por mi cuenta”, dice.

El trasplante de médula de Mateo fue autorizado el 4 de febrero de 2013 y, dos meses después,  su madre estuvo conectada durante 9 horas a una máquina para recolectar eso que devolvería la esperanza al menor. Él solo necesitó 10 minutos para recibir el valioso regalo de quien le dio la vida.

Cuarenta días después, Mateo saltaba en trampolín. “Es un valiente, un luchador incansable que nunca perdió la fe. Después de 5 ciclos de quimioterapia y todas los obstáculos, disfruta su vida”.

A sus doce años, este guerrero cursa séptimo grado en el Colegio Americano, vive una vida tranquila, disfruta jugando baloncesto con sus compañeros y confiesa que ama a su madre, esa mujer a quien, literalmente, lleva dentro de su ser.

Volver a nacer

El 4 de febrero de 2015 es una fecha inolvidable para Norma Villamizar, de 35 años de edad. Ese día le practicaron un trasplante de riñón. “Yo quería que me lo hicieran después de Semana Santa para irme a Valledupar –su tierra natal- pero el médico dijo que no era prudente aplazarlo”, recuerda.

A los 15 años modelaba ropa interior y otras prendas de vestir. Llevaba una vida normal hasta que comenzaron algunas complicaciones de salud a los 19 años, cuando le descubrieron un lupus eritematoso sistémico. “Ahí empezó el calvario con las consecuencias que trae esa enfermedad, falta de apetito, manchas en la cara y cero ánimo”, dice.

El año anterior, entre noviembre y diciembre, Norma vivió momentos difíciles por sus condiciones de salud. Durante ese período de tiempo, sufrió a causa de paros respiratorios, pericarditis y una isquemia cerebral, episodios que afectaron su calidad de vida.

La insuficiencia renal fue descubierta hace seis años. “Me pasó por descuido, mi mamá decía que prestara atención porque estaba hinchada. Por no hacer caso, duré tres meses internada”. Al salir, fue sometida a diálisis durante tres años.

La espera de un donante se extendió por más de 12 meses, hasta que su hermana Biodelda ofreció darle un riñón. “Me preguntaba por cuánto tiempo estaría así, nunca pensé que mis hermanos me darían el trasplante”, rememora con un dejo de nostalgia. Hoy, Norma se siente “una persona nueva, con deseos de vivir, porque he vuelto a nacer”.

Cultura de donación

El cirujano de trasplantes Rafael Del Castillo afirma que las estadísticas evidencian que a los donantes “siempre les va bien. Viven de un año y medio a dos años más que una persona no donante. Esto sucede porque después se cuidan más”.

Sin embargo, advierte que en el Caribe colombiano la cultura de donación es “muy baja”. “Estamos muy mal en la región. El año pasado solo tuvimos tres donantes efectivos en la Costa, dos en Barranquilla y uno en Valledupar”,  precisa.

En este sentido, el jefe de la Red de Urgencias del Atlántico, Cristian Nájera, manifiesta que se ha trabajado en el tema por medio de campañas de sensibilización en planteles educativos, hospitales y centros comerciales.

En 2013, según el funcionario, en Barranquilla se practicaron 8 trasplantes renales, 53 de córnea y 12 de médula ósea. Mientras tanto, en 2014, las cifras indican que hubo 88 de córnea, 14 de médula ósea y 13 de riñón.

“En un paciente con muerte cerebral, si nos notifican, desplazamos el equipo médico a la clínica donde se encuentre y adelantamos la gestión operativa de la donación, explicando a la familia que sus órganos pueden mejorar la calidad de vida de otras personas”, indica Nájera.

En lo transcurrido de 2015 –hasta el 15 de abril- se  han realizado siete trasplantes de riñón y seis de médula. Según él, poco a poco “van mejorando” las estadísticas. Por lo pronto, miles de personas continúan a la espera de recibir una esperanza de vida.

ANÁLISIS. Detalles de trasplantes y donantes, Por Rafael Del Castillo*

Los trasplantes pueden realizarse con donantes vivos o cadavéricos. Es preciso señalar que al donante vivo se le hacen tantos estudios como a los receptores, porque tenemos que garantizar que el donante se conserve en plenitud de condiciones. En cuanto a los donantes cadavéricos, son aquellos que presentan muerte cerebral.  Los donantes vivos certifican, mediante un acta notarial, su disposición de donar. En el país, un donante no puede hacerlo bajo presión ni por dinero. Cuando el paciente va a recibir un órgano que no es suyo, se deben bajar sus defensas porque el cuerpo humano tiende a rechazar todo lo que no es suyo. Un órgano se puede rechazar desde el mismo instante en que se trasplanta hasta después de muchos años. Para disminuir las posibilidades de un rechazo, se modula el sistema inmunológico por medio de medicación y estudios genéticos.


*Cirujano de trasplantes en Colombiana de Trasplantes. Email:  rdelcastillo@colombianadetrasplantes.com

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