El verdugo de Macayepo fue uno de sus propios hijos

Barranquilla

La masacre de 12 campesinos en Macayepo quedó registrada como una de las más crueles en la historia de la violencia colombiana. Este corregimiento de El Carmen de Bolívar le debe gotas de sangre a uno de sus propios hijos: Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, se convirtió en el verdugo de sus paisanos.

Los grupos al margen de la Ley se han ensañado contra este pueblo desde 1989. Los nativos recuerdan el asesinato de una adolescente como el inicio, sin pausa, de las desgarradoras jornadas de muerte.

La joven de casi 18 años era prima de ‘Cadena’. Guerrilleros del Ejército Popular de Liberación (EPL) la masacraron delante de él y de los demás lugareños. Una decena de balas se alojaron en su cuerpo y dos en especial le destrozaron por completo sus pequeños senos. A Nancy la habrían ultimado por haberle dado agua a un soldado.


“Y de allí se echó a perder ese hombre. Rodrigo salió de Macayepo con la mentalidad de acabar con la guerrilla”, asegura una nativa, que hoy lidera el proceso de reconstrucción de Macayepo y que prefiere identificarse como Mariana Gómez.

Una primera generación de paramilitares emergió de esta población, al inicio de los 90, bajo la batuta de ‘Cadena’: El Mono, Barretón, Nagy, Carlos, Lucho y Vladimir se armaron para tomar justicia por su propia mano. Algunos están muertos y otros, desmovilizados.

La tranquilidad jamás volvió a Macayepo después de esa primera incursión guerrillera. Al par de años comenzaron a llegar miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y del Ejército Revolucionario Popular (ERP), mientras que la presencia de la fuerza pública se hacía insuficiente para evitar los asesinatos e intimidaciones que sucedían durante los años 90.

La muerte del promotor de salud Rodolfo Villegas, más conocido como ‘Tati’, a manos de las Farc el 1o de agosto de 2000, fue el otro hecho que 11 años después caló en la comunidad como una de los más cruentos cometidos por grupos ilegales.

A los dos meses y medio del mismo año, la muerte de una docena de labriegos con palos y machetes desencadenó la diáspora de las familias, que dejó sumido a Macayepo en el total abandono hasta 2004, cuando se produjo el retorno.

Los paramilitares señalaron a los jornaleros como colaboradores de la guerrilla. Los casi 400 campesinos que se desplazaron hacia Sincelejo, atemorizados de ser los próximos acribillados, dieron cuenta de los crímenes, que a los pocos días las autoridades le atribuyeron al Bloque ‘Héroes de Montes de María’, liderado por ‘Cadena’.

“Eso es lo que más confunde. Por qué si él es de aquí va a estar atacando a su propia gente”, se pregunta Mariana.

El Instituto de Medicina Legal de Sucre le practicó, el 19 de octubre de 2000, necropsias a cuatro cadáveres y estableció la existencia de lesiones en las cabezas, lo que corroboró que los paramilitares sí les dieron garrote a sus víctimas.

Ella, quien fue compañera de colegio de ‘Cadena’ hasta 3°, recuerda que los ‘paracos’ iniciaron su recorrido sangriento en busca de un ganado que la guerrilla le había robado a un pudiente hacendado de la región. “Al recuperarlo —dice Mariana— todas las reses que se encontraron en el camino se las terminaron llevando”.

Macayepo fue solo el eslabón de una cadena de matanzas realizadas por los paramilitares como parte de la disputa de los Montes de María con los frentes 35 y 37 de las Farc bajo el mando de ‘Martín Caballero’. Desde 1998 se recrudecieron los enfrentamientos entre insurgentes y ‘paras’.

COMIENZA EL ABANDONO

El 23 de octubre de 2000 comenzó la diáspora en Macayepo. Solo dos ancianos se quedaron porque se consideraban lo suficientemente entrados en años como para tener que ir a buscar nuevos horizontes. Ellos bajaban en burros hasta El Aguacate, un corregimiento de San Onofre, para llenarse de provisiones.

Artemio Causil Martínez hizo parte de ese primer grupo que lo dejó todo. Él partió hacia Sincelejo con su esposa y sus hijos con solo $300 mil en su bolsillo, que obtuvo por la venta de una cría de cerdos. Si no hubiera tenido la sombra de la violencia tras él los hubiera negociado mejor. Recuerda que vivía “perfectamente” porque tenía cría de gallinas y cerdos, cuatro burros, y siembra de plátanos y aguacates. “Me tocó dejarlo todo y cuando me fui había cosecha”. A Macayepo solo regresó a finales del año pasado.

En Sincelejo se sentía como “loco perdido estrenando ciudad” porque lo suyo era el campo y no encontraba nada que hacer. Le tocó vender agua y guineos en las calles citadinas para conseguir lo de la comida y el arriendo. “Ni por ahí cerquita ganaba como en Macayepo”.

En los últimos dos años su situación cambió un poco. Logró beneficiarse con un subsidio estatal con el que pudo edificar su casa en Sincelejo y desde que le fue posible regresar a Macayepo él trabaja por días en tierras ajenas, mientras desmonta su parcela para hacerla fértil nuevamente.

Enclavado en los Montes de María, este corregimiento todavía luce deshabitado. Vestigios de lo que en algún momento fueron casas sobresalen en el paisaje. Trescientas sesenta familias habitaban, antes de 2000, su casco urbano, más las que residían en las 19 veredas. Hoy solo hay 64 hogares y el resto de tierras está baldío.

La plaza ya no existe y el espacio que puede servir de congregación es una porción de barro seco que hace las veces de cancha de fútbol. A la iglesia le falta parte del techo, bancas y el yeso de San Pablo, el patrón de la población. Solo queda la escarchada estatua de la Virgen del Carmen.

En la Institución Educativa Julio César Turbay hay seis aulas, pero solo tres funcionan. De lunes a viernes, 74 niños cursan desde 1° hasta 6°. Los maestros provienen de Sincelejo y todos los fines de semana se adentran en los Montes de María para estar el lunes a primera hora con sus estudiantes.

Para llegar a Macayepo hay que viajar durante dos horas, desde la capital de Sucre, por un camino destapado en más de la mitad de su trayecto. Los carros de doble tracción se ven en apuros para seguir su marcha y la gente sabe que ha llegado a su destino cuando ha contado por octava vez el arroyo ‘El Palenquito’, que por su trayectoria serpenteada se aparece ocho veces en el recorrido.

RETORNO LLENO DE PÁNICO

El retorno comenzó cuando la Infantería de Marina montó una base en el corregimiento para garantizarles la seguridad a los habitantes. Ahora hay tres contraguerrillas de la Armada Nacional. Veinte familias fueron las primeras en regresar a Macayepo en 2004, acompañadas por los militares que les entregaron carneros, gallinas y gallos, para que reiniciaran el ciclo productivo que tenían antes de 2000.

Luego de cuatro años encontraron todo enmontado y pocas casas en buen estado. “Algunas las pudieron haber derrumbado la guerrilla —o los paramilitares— y otras se pudieron haber caído solas. Mire que dicen que cuando las casas no tienen gente se caen más rápido”, dice Mariana.

Muchos no se sienten seguros. Ni la presencia del Estado les ha devuelto la relativa tranquilidad que tenían hace más de una década. Se sienten sitiados: si salen serán unos desplazados más de la violencia y si se quedan la zozobra continúa apoderándose de ellos.

La iglesia continúa abandonada. La estatua de San Pablo, patrono de Macayepo, desapareció.

Ciro Canoles es uno de los que se siente incómodo cuando se adentra en el monte a sembrar aguacates. “Los guerrilleros rondan. Ellos ya nos han dejado dicho que no salgamos más allá del pueblo porque nos matan. Los militares no siempre nos acompañan porque también tienen miedo”.

Rodolfo Antonio Villega Tapias, el padre del ‘Tatis’, califica el Macayepo de antes como un pueblo de paz. “Había cosechas, crías de ganado, la gente era unida y amorosa. No se oía decir que fulano mató a zutano. Imagínese cómo han cambiado las cosas que antes uno iba y volvía a pueblos como Chengue, que está a una hora a pie, sin importar si era de día o de noche”, recuerda el octogenario abuelo.

‘GORDO’ GARCÍA, AUTOR DE LA MASACRE

La Corte Suprema de Justicia acusó el pasado 10 de julio al ex senador Álvaro García de ser, junto con Rodrigo ‘Cadena’, autor de la masacre de Macayepo. García se encuentra recluido en la Cárcel La Picota de Bogotá desde el 16 de noviembre de 2006 por sus vínculos con los paramilitares en los Montes de María.

Según la alta Corte, en 1998 el ex senador García Romero, junto con otros políticos, ya le brindaba apoyo al paramilitarismo y decidió conformar el frente ‘La Mojana’ para el control del sur de Sucre. “Con ello, aparte de contar con seguridad para sus bienes, terminaron a través del terror apoderándose del territorio de influencia (...)”, se lee en la resolución de acusación proferida por la Corte en contra del ex senador García.

Las principales pruebas que comprometen al ‘Gordo’ García con la muerte de los 12 campesinos son una conversación que sostuvo con el hacendado Joaquín García 10 días antes de la masacre, así como los testimonios de Sadys Enrique Ríos Pérez, conductor de ‘Cadena’; de Libardo Duarte, alias ‘Ban Ban’, y de Jairo Castillo Peralta, alias ‘Pitirri’, y quien desde Canadá ha contado lo que sabe sobre la relación entre políticos costeños y paramilitares.

García Romero ha dicho que Joaquín García solo le pidió ayuda para recuperar un ganado que la guerrilla le robó, por tanto, según él, las interpretaciones que se han hecho sobre la conversación son “simples coincidencias”.

‘CADENA’, DE MIEDOSO A CRIMINAL

La desaparición de Rodrigo Mercado Peluffo le arrancó lágrimas a más de un nativo de Macayepo. El bloque que alias ‘Cadena’ comandaba se desmovilizó en 2005. Al par de meses, sin que hasta hoy se tengan noticias de su paradero, Rodrigo desapareció. No se descarta su muerte o una jugarreta para evadir la justicia.

Cuando ‘Cadena’ se dirigía a una finca en Montería, según versiones extraoficiales, tres hombres armados se bajaron de una Toyota roja cuatro puertas, lo golpearon y lo obligaron a subir a la camioneta. El vehículo del desmovilizado jefe ‘para’ fue encontrado incendiado.

“Yo vi a mi mamá llorando. Ella era muy amiga de María, la mamá de Rodrigo”, dice Mariana Gómez, una de las mujeres que lidera la reconstrucción del corregimiento.

Rodrigo tenía buenas relaciones con todos sus paisanos. Por eso, la gente no entiende por qué se ensañó contra ellos.

Cuando apenas ‘Cadena’ estaba incursionando en el movimiento paramilitar ya no vivía en Macayepo, pero visitaba su pueblo muy a menudo. A todos los habitantes los saludaba porque los conocía desde que era niño. A los ancianos, en especial, los respetaba y les aceptaba todo lo que le decían.

Cuando ‘Cadena’ tenía 15 años solía jugar fútbol y recorrer los montes. “Siempre le terminaban pegando y se ponía a llorar. No le gustaba la pelea. Cobarde que era”, recuerda ‘El Gordo’, uno de los jóvenes que debió dejar Macayepo por el temor que el otrora cobarde sembró en su tierra.

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