El 2026 no es un año más para la Universidad del Norte. El centro de educación superior más importante del Caribe colombiano y uno de los diez mejores de Colombia, que acaba de comenzar el semestre con más de mil nuevos estudiantes en sus 27 programas, conmemora 60 años. El 11 de julio de 1966 iniciaron labores académicas con 58 estudiantes y 10 profesores en los ciclos de Administración de Empresas e Ingeniería, en una casa alquilada, haciendo realidad el sueño de Karl Parrish Jr., un filántropo visionario que sentó las bases de un proyecto basado en excelencia, inclusión de talentos e identidad Caribe. Lea también: Alcaldía ha intervenido cerca de 2,5 kilómetros para el cumbiódromo de la Vía 40 Esa singular mezcla de música clásica y vallenato, como él mismo la calificaba, según evocó el rector, Adolfo Meisel Roca, define un exitoso modelo educativo que se ha ido adaptando a las exigencias de cada tiempo. La inteligencia artificial aparece entre sus nuevos desafíos. Lea también: ¿Energía, en riesgo por la suspensión de la emergencia económica? Para conmemorar su aniversario, la universidad alista una serie de eventos, entre los que destacan el Hay Festival Joven Uninorte, con los escritores Leonardo Padura y Juan Gabriel Vásquez; la Cátedra Álvaro Cepeda Samudio, en los 100 años de su natalicio; un encuentro de colecciones especiales de su biblioteca; y la Cátedra Europa, el concierto Eurocaribe y la subasta de arte, del 28 de septiembre al 2 de octubre, que tendrá a Austria como invitado. Lea también: Los ‘sub-40’ se abren paso en la contienda electoral para renovar el tablero político ¿Cómo nace la universidad? Por iniciativa de uno de los grandes empresarios en la historia de Barranquilla, el ingeniero civil de la Universidad de Yale Karl Parrish Jr., quien era hijo de Karl Parrish, inmigrante norteamericano que construyó los barrios El Prado y Bellavista y el Hotel El Prado. Parrish Jr. también era un gran filántropo y quería fundar una universidad de excelencia en el Caribe. Se asoció con líderes empresariales de la época, como Mario Santo Domingo, el dueño de Cervecería Águila, y dirigentes de la Andi e Incolda, entre otros. La universidad debía tener tres pilares: excelencia académica, inclusión de talentos del Caribe, aunque no tuvieran recursos, y fuerte identidad o sello Caribe. Él decía que la Universidad del Norte debía encontrar su propio camino, que él imaginaba como “una combinación de música clásica y vallenato”. Hoy somos un referente regional, nacional e internacional, con programas ubicados entre los mejores del país, un excelente hospital en Soledad y el 60% de estudiantes de estratos 1, 2 y 3. Hay gente que cree que esta es una universidad de ricos y no lo es. ¿Qué quiere decir con eso? Esta universidad es un espacio donde confluyen estudiantes de todos los estratos, una mezcla social que ayuda a construir comunidad y, en un país como Colombia, también contribuye a construir paz. Al convivir en el campus, los jóvenes de distintos orígenes se conocen, se respetan y generan lazos de solidaridad duraderos. Esto contrasta con el sistema educativo de los colegios, que es muy estratificado, en el que ricos y pobres casi no se mezclan, mientras que a las universidades públicas suelen asistir solo estudiantes de menos recursos. Integrarlos a todos en un mismo entorno formativo es clave para cerrar brechas sociales. También es significativo que cada vez más jóvenes del Caribe quieran estudiar aquí… Tenemos casi 500 de La Guajira, más de 600 de Sucre, cerca de 650 del Magdalena y 40 de San Andrés. El 35% es de fuera del Atlántico. Somos una universidad claramente regional, con un campus muy Caribe. Y a lo largo de los años hemos exaltado la memoria de quienes han contribuido al desarrollo económico y cultural de la región. Por ejemplo, este año celebraremos los 100 años de Álvaro Cepeda Zamudio, escritor barranquillero, aunque él decía que era un “cienaguero universal”, pero eso era un mito que él creó, porque era de aquí, tan barranquillero que se burlaba mucho de su ciudad. ¿Cuáles serían esos hitos que han forjado el prestigio de la universidad estos 60 años? Primero quiero destacar a nuestros egresados, más de 75 mil profesionales que hoy trabajan en el Caribe, Colombia y otros países. En ciudades de Europa y Estados Unidos laboran médicos, ingenieros, comunicadores y expertos en múltiples áreas, formados aquí, muchos en posiciones destacadas, lo que evidencia el alcance global de su educación. En cuanto a los hitos históricos, sobresale el traslado de la universidad de su primera sede, una casita alquilada, a este campus magnífico que inició con 10 hectáreas, de las cuales el 40 % fue donado por Cementos Caribe, empresa estrechamente ligada a la institución, al igual que la familia Ruiseco y el Grupo Argos. Otro momento clave fue la expansión desde las áreas iniciales de Administración e Ingeniería hacia el campo de la salud, con la creación de los programas de Medicina, Enfermería y Odontología, y la puesta en marcha del Hospital Universidad del Norte en Soledad, un escenario de práctica temprana y diferencial para los estudiantes en ciencias de la salud. Somos la única universidad del Caribe colombiano con un hospital de ese nivel. También es fundamental la apuesta por las becas. Desde los inicios, con el primer rector Don Julio Muvdi, empresario de origen libanés, quien trabajó ad honorem porque no había plata e incluso donaba su salario para comprar los libros de la biblioteca, se consolidó una cultura de apoyo. Hoy la universidad destina $30 mil millones anuales a becas parciales que se combinan con aportes familiares y créditos porque nuestra política es armar paquetes. Es como una suma de esfuerzos, en aras de garantizar la mejor educación… Así es. Una buena educación es lo que les va a permitir defenderse en la vida. Incluso, a la gente que tiene muchos recursos, porque si alguien no tiene una buena formación, aunque herede plata, no le durará toda la vida si no sabe cómo invertirla ni usarla. La educación de excelencia es el vehículo más poderoso para permitir movilidad social y calidad de vida. Es la manera como las democracias construyen mayor igualdad, sin violencia ni enfrentamientos y dándole oportunidades a las personas. ¿Cómo opera el sistema de becas de la universidad para quienes quieran acceder a una? Muchas empresas barranquilleras y nacionales, como Promigas y Gases del Caribe aportan desde hace años. Recientemente se unieron Argos, Nutresa, Fundación Vélez Reyes, entre otras. En total, tenemos más de 400 estudiantes de primer ingreso y de diversos semestres becados por donantes. Destaco que la Alcaldía de Barranquilla está entregando desde 2025 13 becas anuales que cubren el 100 % de matrícula, ya tenemos 26 beneficiarios, 14 de ellos estudiando medicina. En general, el 60 % de nuestros 10 mil estudiantes de pregrado tiene algún tipo de ayuda parcial de la misma universidad, total de los privados o del Gobierno, vía crédito del Icetex. También tenemos becas para deportistas porque el deporte da disciplina, liderazgo, trabajo en equipo y capacidad para resolver conflictos. En resumen, la universidad es de élite, pero no por un tema de origen social ni económico, sino porque élite significa ser los mejores estudiantes y profesionales del Caribe. Si un joven aspira a estudiar en esta universidad, ¿qué consejo le daría? Que estudie mucho porque necesita que le vaya muy bien en sus notas y en las pruebas Saber 11, que es la base para asignar las becas privadas como las nuestras. Tenemos un nuevo programa de unas 30 becas anuales de la empresa Nutresa, que empezó el año anterior, y todos los becados, lo cual nos sorprendió, con puntaje superior a los 400 puntos. Muchos de ellos son de poblaciones pequeñas del Caribe, de colegios públicos. Quien sacó el más alto se graduó en una escuela de San Jacinto, Bolívar. Y el colegio con el mayor número de becarios es el Metropolitano de Soledad. Estudiar y esforzarse es una vía para llegar aquí. También les recomendaría a los jóvenes mirar en nuestra página web los programas de becas para que apliquen. ¿Cuál es el perfil profesional que el mercado laboral más demanda en la actualidad? Hacemos un esfuerzo permanente por ajustarnos a lo que piden los estudiantes y a lo que exige un mercado laboral que evoluciona. Cada año nos reunimos con empleadores, encuestamos a egresados y analizamos su desempeño para identificar tendencias. Un campo especialmente dinámico es el de la salud. En la universidad vienen creciendo con fuerza programas como Medicina, Enfermería, Odontología y áreas como la Biomédica. Y esa demanda seguirá aumentando en Colombia por dos razones claras: a mayores ingresos, mayor gasto en salud; y a mayor envejecimiento de la población, más necesidad de servicios médicos. Es una tendencia estructural que marca el rumbo. Cuando una persona tiene 20 años, no le duele nada ni va al médico. Cuando pasa cierta edad, que no voy a decir cuál es, empieza ya a ir cada vez más a menudo a verlo y a gastar más en medicina. ¿Qué les dicen los empleadores? Buscan buenas personas, me dijo una vez el vicepresidente de recursos humanos de una de las empresas más grandes del país. Personas que sean éticas. Me aseguró que del resto se encargaban ellos porque los debían entrenar para sus necesidades específicas. Nosotros, por ejemplo, les insistimos a los estudiantes que lean, porque la lectura ha caído en desuso. Hay psicólogos que señalan lo fundamental que es leer en papel y, de hecho, tenemos un libro que se llama ‘Bienvenido a casa, lector’. ¿Qué tan fácil es para ustedes adaptarse a los cambios que impone la tecnología? El mundo vive una revolución en sistemas de información e inteligencia artificial y nosotros nos estamos adaptando. Abrimos el programa de Ciencia de Datos, fuimos de los primeros y ya se gradúan los primeros profesionales, con una demanda que superó las metas. Pero no es solo una carrera; en todos los programas los estudiantes ven inteligencia artificial desde primer semestre. Además, contamos con LucIA, una plataforma propia para profesores y alumnos, junto con herramientas comerciales. Como pasó con los celulares, hoy parece limitada, pero crecerá hasta volverse parte natural de la vida y del ejercicio profesional. Esta revolución solo está comenzando. ¿Se deben poner límites para evitar impactos en la salud mental? El reto es mantener el equilibrio. La tecnología avanza, pero hay algo que no solo no cambia, sino que fortaleceremos mediante la reforma curricular que estamos haciendo: son las competencias blandas. Hablamos de pensamiento crítico, comunicación oral y escrita, habilidades sociales, trabajo en equipo, liderazgo y resolución de conflictos. Eso no se forma solo en el aula, sino también en nuestras otras actividades, como los deportes, las artes, en el voluntariado y en las organizaciones de estudiantes. La participación en instancias como el Consejo Directivo o el Consejo Académico, donde los estudiantes tienen voz y voto en igualdad de condiciones, es transformadora. Ese contacto con personas de gran trayectoria y la experiencia de deliberar y decidir los marca para toda la vida. La IA es una herramienta tan útil como riesgosa que demanda ética y verdad, ¿cómo usarla? Los valores éticos son centrales, y parte de la crisis actual que vive Colombia y el mundo es de valores. Todo instrumento puede usarse para bien o para mal, por eso se necesita un norte claro de valores. En temas como el uso de nuevas tecnologías, por ejemplo, hay riesgos como el plagio que deben regularse con transparencia. Eso estamos aprendiendo. Pero los valores no se predican, sino que se enseñan con el ejemplo. La universidad no puede hablar de ética si no actúa con reglas de juego claras, debido proceso, respeto por las personas, manejo transparente de recursos y mecanismos justos para resolver conflictos. Un buen profesional no es solo competente técnicamente, sino alguien que actúa con principios éticos. Válido para todo, también para los temas de investigación e innovación de la universidad. La base de la investigación de calidad es la formación de nuestros profesores. Durante años, la universidad ha invertido en doctorados en instituciones de excelencia y hoy la mayoría de los docentes de planta tiene ese nivel, publica en revistas de alto impacto y lidera grupos de investigación sólidos y apoyados con incentivos. Los resultados se ven en proyectos concretos. Tenemos un estudio sobre el origen ancestral de estudiantes, profesores y funcionarios que permitirá perfilar la diversidad genética de la comunidad uninorteña y conocer cuál es su ADN. Y en arqueología, un profesor, que hizo su tesis doctoral en la Universidad de Pittsburgh sobre la Sierra Nevada de Santa Marta, usa tecnología LiDAR con drones para detectar estructuras precolombinas bajo tierra en esa zona, donde ha hallado decenas de antiguas viviendas y construcciones. Una investigación con tecnología avanzada, participación estudiantil y proyección internacional. Otro de sus valores es la sostenibilidad ambiental, hábleme de su nueva granja solar… A comienzos de febrero pondremos en marcha la granja solar universitaria más grande del país. Son tres hectáreas que cubrirán el 25 % de nuestro consumo eléctrico, con potencial de crecer en eficiencia. Es un proyecto conjunto con Promigas, que reducirá costos de energía y, al mismo tiempo, nuestra huella de carbono. Además, la empresa donará un laboratorio de hidrógeno verde para usar esa energía en producción experimental. Esto se suma a una fortaleza clave de la universidad, que es su infraestructura científica. Recientemente, invertimos más de $3.000 millones en un laboratorio de ciencias de la salud y este año avanzamos en el nuevo laboratorio de la construcción, que ya cuenta con cerca de $4.000 millones en aportes privados. Son apuestas concretas por investigación aplicada y formación de alto nivel, porque uno en la vida tiene que ponerse unas metas y sacarlas adelante contra viento y marea. Un motivo más para celebrar la excelencia en este aniversario… Ese será el primer laboratorio de construcción del Caribe colombiano. A diferencia de los del interior del país, trabajará en condiciones reales de temperatura y salinidad propias de esta región, lo que resulta clave para el sector constructor. Por eso empresas como Ultracem ya se han vinculado con donaciones porque les interesa investigar y probar materiales allí. Además de apoyar la formación, prestaremos servicios a constructoras, generando ingresos para la universidad. Esa es nuestra lógica: innovar de manera permanente y seguir impulsando nuevos laboratorios y mejores condiciones para los estudiantes. A propósito de ofrecer oportunidades a sus estudiantes, ¿en qué nuevo proyecto trabaja la biblioteca? Nuestra biblioteca, la mejor del Caribe colombiano, es una gran fortaleza. Tenemos 179.000 volúmenes, amplias colecciones digitales y, sobre todo, fondos especiales únicos en la región. La donación más reciente y emblemática es la biblioteca personal del historiador Malcolm Deas, unos 13.000 libros de historia de Colombia y Venezuela, traídos incluso desde Oxford tras un proceso largo y complejo. También se encuentran colecciones, como los archivos de la empresa Parrish —clave para la historia urbana de Barranquilla— y las bibliotecas de Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Diego de la Peña y Alberto Dangond Uribe, entre otras, donadas por sus familias. Esto nos convierte en un centro de referencia para investigadores. Estas colecciones no solo se conservan, sino que se estudian y difunden. Este año realizaremos un coloquio sobre fondos especiales, iniciando con Malcolm Deas y Cepeda Samudio, en agosto durante la programación de los 60 años. Y seguimos recibiendo donaciones, ampliando un patrimonio bibliográfico que respalda la excelencia académica e investigativa de la universidad.