En tiempos de sequía y de la agudización del fenómeno de El Niño, la caída de aguaceros sobre la ciudad es recibida como una bendición, pese a la eterna pesadilla de los arroyos. No obstante, para los comerciantes y residentes de la calle Murillo con carrera 2A, en la Ciudadela 20 de Julio, con la lluvia no solo viene la alegría para los niños y la abundancia.
A los residentes de esta zona lo que les cae del cielo es una lluvia de piedras ocasionada por los enfrentamientos entre combos y pandillas.
De acuerdo con los afectados, cada vez que cae la lluvia, el sector se convierte en un contemporáneo campo de batalla, donde los machetes y las navajas reemplazan a las espadas, y los chopos (armas hechizas) y las piedras a los cañones.
En vez de fieros soldados que luchan por su patria, aquí los que luchan son jovencitos, en su mayoría menores de edad, que se trenzan en pujas territoriales en las que no perdonan el traspaso de fronteras imaginarias.
'No puede medio llover porque eso aparecen ese montón de pelaos con los machetes arriba, con los chopos afuera y navajas, y se enfrentan aquí en toda la Murillo. Unos salen de este lado de la Ciudadela y otros del lado de Bellarena y comienzan a tirarse piedras y uno tiene que encerrarse enseguida porque eso parece una conquista', asegura Irma Tatis, vecina del sector.
Ver a los grupos de jovencitos armados, correteando de un lado para a otro, gritando obscenidades y desafiándose bajo la lluvia, se ha vuelto una imagen común para los habitantes de este sector. Tan acostumbrados están que ya tienen sus propios protocolos para salvaguardar su seguridad.
'Lo primero que uno hace es cerrar bien la casa, después si tiene moto o carro lo guardar enseguida, se aleja de las ventanas y llama a la Policía. Uno apenas siente el primer sereno ya sabe lo que viene', afirma Juan García, también vecino.
En barrios como Carrizal, El Bosque, Siete de Abril, Las Américas, Santa María, Santuario, San Luis, Santo Domingo, San Roque y el corredor de la calle 17, también se presentan enfrentamientos.
'En el portón está la marca de un tiro de balín porque se disparan es con chopo. Esos pelaos se corretean, se hieren con las piedras o se apuñalan y eso es desde hace como un año y medio. Se calma cuando deja de llover. Uno ve hasta peladas que son las que esconden las armas', cuenta Saul Martínez, dueño de una vivienda en donde funcionan dos locales comerciales en la Murillo.
Dice Humberto Guzmán, trabajador de una farmacia ubicada en la zona, que los grupos enfrentados son los Tomasopa de Carrizal y los Pegasos de Bellarena. Recuerda que en uno de los enfrentamientos una pedrada rompió el letrero del negocio.
Antonio Vega, propietario del local comercial Demar, asegura que a una de las camionetas del almacén, una pedrada le hizo añicos el panorámico. 'También me han partido las tejas y uno lo que hace es llamar a la Policía, pero son muchos, como 100 pelaos con machetes, cuchillos, chopos y tirando piedras. Eso es incontrolable'.
Los capturados. De acuerdo con el capitán Carlos Salguero, comandante del Quinto Distrito de la Policía Metropolitana, este año se han capturado en flagrancia en medio de las trifulcas que se dan bajo la lluvia a 90 personas. Los menores de edad son conducidos a la UPJ y los adultos a la URI.
El capitán asegura que por lo menos, 70 han sido judicializados por delitos como porte ilegal de armas de fuego, daño en bien ajeno, ataque a servidor público y lesiones personales.
En los sectores identificados con este problema ya se tiene establecido un protocolo de seguridad en el que intervienen efectivos del Esmad y patrulleros de reacción. 'Estos uniformados están en alerta permanente cuando llueve en la ciudad y son los que enfrentan esta situación en cada uno de los barrios y puntos identificados', dijo.
La misma Policía y la Alcaldía distrital viene atendiendo la situación de estos jóvenes en alto grado de vulnerabilidad con programas como Jóvenes a lo bien y Va Jugando. En ambos programas se les ofrece a los integrantes de parches, combos o grupos, la posibilidad de estudiar, de acceder a cursos básicos y crear unidades productivas para mejorar su calidad de vida.
Va jugando tiene a cargo 102 pandillas, ha venido trabajando con cerca de 1.500 jóvenes de los cuales el 40% transformaron sus vidas, estima que por lo menos hay 5.000 muchachos sumergidos en el mundo de los grupos juveniles en Barranquilla.
La pobreza, falta de oportunidades, consumo de alcohol y drogas, se convierten en el fósforo que inicia el fuego de una guerra sin sentido que irónicamente ahora se da bajo la lluvia.
El saldo mortal. En agosto de 2014, una riña entre los Panela y los Novios Crédito cobró la vida de Steven de Jesús García, de 18 años, tras ser impactado por una bala perdida en el barrio Carrizal. El 26 de febrero del mismo año, un niño de 10 años fue herido en uno de sus ojos también por un bala perdida en medio de un enfrentamiento entre los Solitos y los Ratas, en Siete de Abril.



















