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Judicial

¿Quién es el Descuartizador de Barranquilla?

Si los cuatro casos de descuartizamientos ocurridos en Barranquilla en tan solo tres meses y medio no están relacionados entre si, como afirma la Policía, podemos creer entonces que estamos ante una nueva cultura criminal en la ciudad, capaz de erizar la piel y congelarle la sangre al más valiente.

La historia nos muestra que la criminalidad barranquillera no ha sido un juego de niños, pues siempre se ha movido al ritmo de la violencia que tradicionalmente ha sacudido al país. Se cuentan asesinatos brutales, masacres y homicidios selectivos con fines miserables de lucro, como sucedió en 1992 con las muertes de indigentes en los campus de la Universidad Libre.

Todavía están frescos en la memoria de muchos, casos como el triple asesinato de las damas Kaled, en el Carnaval de 1984; o la masacre de la discoteca Shadow, ocurrida en 1986, en la que cayó la estrella de la televisión del momento, Jaime Saldarriaga.

La vía a Juan Mina, la vía Circunvalar, las canteras de una empresa cementera, cuando estos sectores eran parajes despoblados e inhóspitos, se convirtieron en cementerios o campos de muertes para muchos desdichados, llevados allí y asesinados a tiros sin contemplación, ni fórmula de juicio alguna
Todos estos hechos, y muchos más que por su gran número no tendrían espacios en estas páginas, marcaron la pauta informativa en la llamada crónica roja de la prensa local, e incluso, alcanzaron espacio en los medios nacionales, cuando por su horror los hechos impactaban también al país entero.

Sin embargo, con todo y el escándalo que estas muertes despertaron en sus respectivas épocas, el desmembramiento o descuartizamiento de víctimas no ha hecho parte del ‘portafolio homicida’ de los asesinos de la ciudad, como está sucediendo ahora.

“Estamos en lo que podríamos considerar, entre comillas, una degradación del crimen, aunque en esencia todo crimen es degradante; estos descuartizamientos son un capítulo nuevo, desconocido en nuestro medio, una nueva y cruel modalidad que se asoma y a la que las autoridades deben extirpar de raíz, cuanto antes, para evitar que el fenómeno cunda”, manifestó el abogado Cristóbal Barros, al hacer un análisis de esta aberración.

Ni en los tiempos de las mafias del contrabando, luego de la marihuana y la de coca, --que aún subsiste-- se había visto este tipo de ‘ejecuciones’.

Y llama aún más la atención pues las víctimas identificadas hasta ahora no han sido ligadas por las autoridades a estas organizaciones de traficantes; son gente aparentemente del común, tal vez con anotaciones judiciales de poca monta. La Policía hasta el momento ha pasado de agache en las investigaciones, pues no se conocen capturas de responsables, móviles, y ni siquiera se ha podido identificar los sitios en los que se ejecutan estos singulares homicidios.

Los comentarios callejeros es que se trata de un solo descuartizador, un verdugo especializado al que le llevan las víctimas, o al que trasladan a los sitios de los ‘ajusticiamientos’, pero de esto tampoco hay un informe oficial.

VIOLENCIA DESCARNADA

Para el magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Barranquilla, Luis Felipe Colmenares Russo, esta escalada progresiva de violencia que vive Barranquilla por cuenta de los desmembramientos de personas, no es otra cosa que el resultado “de una sociedad enferma”.

De acuerdo con el jurista en estos momentos cualquier conflicto es un pretexto para matar al otro. “Y ya no solo matarlo, sino descuartizarlo, como para enviar un mensaje”, dice.

Agrega que de lo que se trata es de causar temor, o terror alrededor de las otras víctimas potenciales. “El objetivo es que los demás que conocen la fuente del conflicto y sus protagonistas, no se les ocurra siquiera faltarle al criminal”, afirma también el magistrado Colmenares.

OTRA HIPÓTESIS

Según el periodista y abogado Humberto Mendieta Torres, los macabros hallazgos de decapitados y desmembrados en Barrannquilla abren el telón de una cruel y cinematográfica historia criminal que propone a las autoridades dos alternativas: “O se trata de una inhumana forma de torturar a personas vinculadas con alguna organización ilegal, o hay un asesino en serie suelto por ahí”, afirma. Insiste en que como no se conocen detalles acerca de la técnica usada por el o los asesinos. “Solo que da el interrogante: ¿venganza o asesino serial?”. Uno de los detalles que falta establecer en estos casos es si los cortes de las extremidades son post mórtem, es decir, si primero los matan y luego seccionan los cuerpos. Como sea el misterioso descuartizador barranquillero parece que lo único que deja regados son cuerpos, porque rastros, ninguno.

Por Roberto Llanos Rodado
 

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